No busques la verdad; simplemente, deja de atesorar opiniones... Si quieres conocer la verdad, entonces no sostengas opiniones ni a favor ni en contra de nada. Establecer lo que te gusta frente a lo que no te gusta es la enfermedad de la mente.- (seng-ts'an)

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viernes, 9 de diciembre de 2016

El viento roló hacia el norte...


... he hizo retroceder el tiempo.

El fuerte viento que le acompañaba aquella fría tarde en su viaje de vuelta a casa le hacía agradecer lo acogedor del interior de su coche. Eran las siete y media y se había propuesto no parar hasta Madrid. De pronto el vehículo empezó a perder potencia y a aminorar su velocidad. Poco después detenía su marcha en el arcén. Varios intentos de arrancarlo resultaron infructuosos.

¿Qué hacer? El último pueblo por el que pasó había quedado muy atrás. Anochecía con rapidez. Se dio cuenta entonces de que ya hacía tiempo que no se cruzaba con ningún coche. ¿Quién iba a estar de viaje la tarde del 24 de Diciembre? Pensó en su hermana que le esperaba para la cena familiar y la inquietud que les embargaría su retraso. Intentó una vez más ponerlo en marcha pero nada se movía. Se bajó dirigiéndose al capó delantero y levantó la tapa. Con una pequeña linterna estuvo observando el motor.

Miró a su alrededor y le pareció descubrir una luz a lo lejos. Aparecía y desaparecía. Cayó en la cuenta de que podrían ser los árboles quienes la ocultasen por el viento. Entrando de nuevo en su vehículo se dispuso a esperar que algún coche pudiese pasar… Tras más de hora y media se bajó y buscó de nuevo la pequeña luz intermitente de antes. Encendiendo las luces largas vio hacia la derecha un camino de tierra que parecía dirigirse hacia donde titilaba la luz. Recogió su maleta y emprendió el camino.

Tras más de veinte minutos de caminar de cara al viento accedió a lo que parecía un grupo de casas viejas. Dejando atrás las primeras llegó a una especie de parque ajardinado con la estatua de alguien insigne en lo que pudiera ser el centro de aquel pequeño pueblo. Varias bombillas cubiertas por blancos platos adosadas a las paredes de algunas casas iluminaban con luz mortecina las calles empedradas. Nadie se veía. Varias chimeneas dejaban escapar grises humaredas que el viento arrastraba en largas volutas jugando con ellas.

Vio que algunas ventanas entreabiertas dejaban pasar la luz de su interior. Imaginó mesas puestas y cazuelas al fuego. Niños en alegre algarabía alrededor de la chimenea. Turrones, peladillas, pasas, higos secos, barquillos, todo ello colocado sobre una mesa en un lado de la cocina. Las mujeres preparando la sopa y las patatas al horno junto a la carne guisada. Y los hombres saboreando anís y coñac en aquellos diminutos vasos de cristal con líneas de colores azules, amarillas y rojas rodeándoles y que, recordaba, no faltaban en las casas de su niñez.

Se dirigió a la puerta más próxima. Una mujer con una niña en brazos le abrió…

Sentado a la mesa frente a ella y con sus dos hijos a cada lado cenaron aquella noche en que, según cuentan las leyendas, nació un maestro de la humanidad. Los regalos comprados para sus sobrinos sirvieron para alegrar las caras de aquellos niños. Zambombas y panderetas se oían tocar en las casas vecinas. Los pequeños hicieron sonar sus carracas. El viento seguía barriendo el páramo y al pasar por lo alto de la chimenea ululaba con fuerza. Cuando la madre acostó a sus hijos volvió a la cocina, y sirviendo sendos vasitos de licor se sentó a la mesa.

Creo reconocerte, ─le dijo el hombre─. Tu pelo es inconfundible. Veo que lo llevas más corto, pero eres tú, seguro…
Sonriendo la mujer le respondió: También yo creí reconocerte…, pero cómo iba a pensar que después de tantos años te vería de nuevo, y en una noche como ésta… La verdad es que he dudado, más por la sorpresa que por no reconocerte… Veinticinco años por lo menos…
¡Puede ser! No voy a negar que te he tenido en el pensamiento muchas veces… Aquella trenza rubia larga y enmarañada, aquella sonrisa, aquel desenfado tuyo y de tus compañeras en el trato con un desconocido. Aquel momento tan natural en el que te vi aquella fría mañana de invierno del cincuenta y siete lavando la ropa a mano en pleno campo junto a la fuente… Aquel botón de tu blusa que intentaste abrochar mirándome, y que tal vez por tener las manos heladas no pudiste. Ese gesto tuyo sonriéndome y no dándole mayor importancia, ¡no he podido olvidarlo!
Hablaron largo rato. Cuando se levantaron de la mesa el viento había amainado…
¡Ven! ─le dijo ella cogiéndole de la mano─, por esta noche retrocederemos en el tiempo…

Después de que el coche fue reparado continuó su viaje. Tarareando antiguos villancicos entraba en Madrid a eso de las cinco de la tarde.

Lo vivido aquella Nochebuena fue/es algo que jamás se repitió. Pero que perduró en el pensamiento de ambos hasta el día de su muerte.
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¡Llegó y lo crucificaron. Y sí volviese a nacer lo crucificarían de nuevo!
¡No hay mayor violencia que la necedad y la ignorancia!
Bueno, puede que haya una mayor…: 
¡La renuencia a saber!
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26 comentarios:

maria cristina dijo...

Hermoso relato; el pensamiento, los humanos somos incomprensibles, un abrazo Ernesto!

karmen dijo...

Una manera encantadora de plasmar la magia de la Vida... Gracias Ernesto.Un abrazo.

Sneyder C. dijo...

Un precioso relato que inundo de magia y recuerdos tan señalada noche.
Hay recuerdos que duermen y vuelven con fuerza al paso de los años cuándo vuelves a encontrar esa persona que dejó en tu vida gratos momentos de tu juventud…Así es la vida un cúmulo de sentimientos, sensaciones.

Un cálido abrazo Ernesto

Yayone Guereta. dijo...

Maravilloso relato, querido, sensaciones y sentimientos memorables de juventud, recuerdos mágicos asomándose a la memoria, bello.

Muxus, Ernesto. :-)

Mari-Pi-R dijo...

Precioso relato de los que te emocionan en estos días. Algunas veces nos gustaría vivir pasajes como estos encontrar a personas que jamas las hemos olvidado.
Un abrazo.

MaRía dijo...

Que ternura en tus letras Ernesto , no sé si es también que la música de E.M ayuda a arrugar un poquito el alma, pero con esas arrugas que son de emoción

Un abrazo

lunaroja dijo...

Siempre que te leo se produce como un ritual interno,donde pareciera que me siento delante del fuego a oirte...a dejarme llevar!
Gracias!

Marinel dijo...

Vaya historia tan bonita, muy navideña por cierto.
Y siempre tus finales como guinda para reflexionar más, si cabe.
Un abrazo.

Maru dijo...

Mira por donde la avería del coche, al tomarla con paciencia y aceptación fue un medio para reencontrar a alguien del pasado, para vivir unos momento inolvidables que de no haber sido así no los hubiera experimentado. Y como colofón tus frases...tan ciertas como el relato que las precede. Un abrazo.

chusa dijo...

no hay mal que por bien no venga, no?
...desde luego que el misterio en el relato lo sabes introducir y prolongar muy bien, es como un sueño...
me estaba preguntando el trayecto hasta Madrid e imaginaba que el coche procedía del N. y que se paró en los páramos sorianos, al principio, no había leído bien el pronombre escondido jaja, imaginaba una mujer conduciendo. Pero lo de mirar el motor con la linterna ya me despistó jajaja... y también me extrañaba que no avisara con el móvil de su tardanza, perdona no advertí el viaje en el tiempo...
Imagino que no es autobiográfica la historia ya que en el 56 no sé si habrías nacido...
Ernesto, siempre misterioso y con el mismo aire de pillastre de cuando te casaste 😉
Ha sido un gusto leerte, volveré porque no he podido leer todo, de momento te saludo hoy desde Madrid con un abrazo

Magdeli Valdés dijo...

Una historia en retrospectiva...que bien puede calzar a muchos
que dejaron pasar toda una vida grandiosa por buscar otros rumbos...y al fin muriendo deseando volver de donde nunca debieron partir.

Creo a miles le sucede y quizás en estas fechas es donde gatilla más la nostalgia.

Hola, me llamo Julio David dijo...

¿Fue un milagro de navidad? jeje Ese viaje en el tiempo sí que fue extraño, cargado de simbolismos y añoranzas. Pero de cierta manera todos lo son. Cuando recordamos, nos adentramos como en una especie de sueño. En nuestro esfuerzo por embellecer los recuerdos, los terminamos volviendo hasta irreales.

Otra buena historia de tu cosecha, Ernesto.

Más saludos!

Conxita Casamitjana dijo...

A veces hay historias que necesitan cerrarse para poder continuar, recordar con una sonrisa para poder seguir avanzando.
Un saludo

Maripaz dijo...

¡Que bonito, Ernesto!
Bien podía ser un cuento de Navidad, una preciosa historia de amor, el recuerdo de un viejo amor agazapado en el fondo del alma...
Y es que el amor, siempre está presente en nuestra vida y se asoma por las callejas de nuestros recuerdos.
Un fuerte abrazo, querido amigo.

Gloria Gimenez dijo...

Preciosa relato Ernesto , la verdad es que yo recuerdo instants vividos y me estremezco de las sensaciones que me aportan aun después de años, y que daría algo grande por poder volver a vivirlos.
Te dejo un fuerte abrazo y un besito
Hasta pronto

AMALIA dijo...

Es un relato muy lindo.

Un abrazo.

Elda dijo...

Pues parece ser que este relato a parte de ser una belleza, hay un trasfondo como suele ser en lo que escribes, y quizás quieras dar a entender que los protagonistas de esta historia se conocían de otra vida anterior... Lo dejo ahí.
La historia, así sin más, me encanta. Peliculera que es una 😊
Un abrazo.

Marina-Emer dijo...

Precioso relato que acabo Navideño y lleno de recuerdos hasta siempre.
Muy bellas tus palabras, siempre quedan en el corazón recordando.
un gran abrazo querido amigo.

Moni Revuelta dijo...

Cuando el viento sopla fuerte hacia el Norte y el tiempo se detiene...Creo que la mayoría de personas conectarán de inmediato con tu relato. Todos tenemos un recuerdo inmortal, imborrable, que sobrevive y hace sobrevivir nuestra ilusión...por tanto a nosotros:)
Bellísimas fotografías que he encontrado en tu blog, Ernesto,
un fuerte abrazo

Ángela dijo...

Una bella historia Ernesto, con todos los ingredientes necesarios para emocionar.
En ocasiones, la vida ofrece segundas oportunidades para vivir, lo que se vislumbró y no fue posible entonces.
Y a juzgar por la armonía que se desprende del entrañable relato, debió de ser una noche buena:)
Un abrazo.

Rosa B.G dijo...

Una noche buena en "noche buena, bien enlazada la historia, con todos los puntos a su favor: coche averiado, frío, noche, pueblo del recuerdo... no podía resultar una noche más habiendo tantos recuerdos del pasado.

Abrazos

María Socorro Luis dijo...


Un bonito e inesperado regalo de Navidad. La vida, a veces, recompensa...

Besos

icue dijo...

Dices "la renuncia a saber", que razon tienes cuantos no quieren saber para no comprometerse, para no crearse obligaciones, no saben que se están perdiendo la mejor parte.
Muy acertada tu entrada, muy felis y santa Navidad.

MAR dijo...

Que todos los caminos te lleven al amor universal.
FELIZ NAVIDAD
Un abrazo grande.
mar

MAR dijo...

PDTA
Hay tantas cosas que aparentemente no tienen explicación, o acaso que Dios no es simplemente lo que esperamos y nos decepciono.
Que en cada niño que nazca, renazca el amor, la paz y la unión.

Marina-Emer dijo...

Recordándote .Feliz año nuevo 2017.
mis sinceros abrazos
Marina