Habiendo «despedido» ya a Noelia, y vueltas las aguas emocionales a su cauce natural, provocadas en parte por la actuación de terceros oponiéndose a la decisión de ésta...
¡No me ocupo de las personalidades!
Decisión adoptada hace tiempo al darme cuenta de que ello, dejarme afectar por los comportamientos irracionales de ciertos personajes en el ámbito mundial, podía desestabilizarme.
A su vez, y también desde hace el mismo tiempo, y sirviéndo para “protegerme” y “limpiar” el contexto que me rodea, sea éste el que sea, realizo varias veces al día, según surge, el siguiente decreto!
¡Perdono todo lo que deba ser perdonado. Y también me perdono a mí mismo. Doy mi Amor y mi Perdón a todo el que lo necesite!
─ ¡A “todos”, sean quienes sean y hagan lo que hagan! ¡Nada de ello me concierne!
Y ya libre esta mañana, saco del bolsillo mi viejo caramillo, (tipo de flauta hecho con cuerno de carnero, regalo de Abenámar, “El pastor y las estrellas.”), y alegre y determinado reemprendo mi caminar…
Mientras las palabras de A. Machado resuenan en mi mente:
Y
al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A
mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el
traje que me cubre y la mansión que habito,
el
pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y
cuando llegue el día del último viaje,
y
esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me
encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi
desnudo, como los hijos de la mar.






















