¡Aprende a pedir!
En el libro ÉXODO de la Biblia, 3: 14, cuando Dios se dirige a Moisés a través de la zarza ardiendo. Y le pide que saque a los israelitas de Egipto.
Moisés asiente, y le dice a Dios: Bien, yo me presentaré a los israelitas y les diré: El Dios de vuestros padres me envía a vosotros.
Pero si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?
Y dijo Dios a moisés: “YO SOY” el que SOY, así les responderás: “YO SOY” me envía a vosotros.
Y añadió: El Dios de vuestros padres, (…), me envía a vosotros.
¡¡Éste es mi nombre para siempre, éste es mi memorial de generación en generación!!
Siendo la mayor parte de la Biblia una recopilación limitada y sesgada de la llamada historia sagrada, cuando no una simple alegoría de la Realidad Única, muchos conceptos reales han sido <velados> por, principalmente, intereses antiguos de poder de las antiguas iglesias.
Entre ellos, el del nombre de Dios. Y más que el nombre, su realidad. “YO SOY”.
No voy a extenderme aquí en la relevancia <práctica> que dicho nombre tiene. Su utilización, su pronunciación, repetición, su conocimiento real de lo que <significa>, su <hacerlo tuyo>, y más, ¡es la clave de la vida!
Y a su vez es la puerta, real, por la que llega hasta ti lo que puedas necesitar.
Creas o no en ello, es irrelevante para su Realidad.
Siempre está al alcance de tu mano… ¡¡Pero pueden pasar vidas hasta que <despiertes> a ello!!






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