No busques la verdad; simplemente, deja de atesorar opiniones... Si quieres conocer la verdad, entonces no sostengas opiniones ni a favor ni en contra de nada. Establecer lo que te gusta frente a lo que no te gusta es la enfermedad de la mente.- (seng-ts'an)

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lunes, 14 de noviembre de 2016

toc toc...


Es sencillo llamar a las puertas, pero no es fácil llamar a ciertas puertas.

Quien más quien menos todos tenemos alguna puerta a la que habría que llamar pero… no lo hacemos. Nos gustaría, claro, pero algo nos lo impide. Y, es curioso, tal vez la mayoría piense que el obstáculo se halla al otro lado de ésta. Y no digo que no sea así puntualmente…, pero creo que el paso del tiempo acaba situando la responsabilidad en éste. El nuestro.

¿Por qué dice esto? ¿Usted no sabe lo que me hizo/hicieron?
¡Cierto!… Pero dígame, ¿a día de hoy podría asegurar que no es usted, solo, quien alimenta ese sentimiento de rechazo? ¿Que la otra parte ha superado ya la situación? En parte porque los hechos tuvieron una cierta razón de ser, en parte porque la/las personas implicadas ya no son “aquello”.
¡Claro que siento ese rechazo! ¡Y quién no!
No me refiero al sentimiento en sí, eso puede ser normal. Me refiero al espantajo que ha creado, en su mente y sentimientos, de la situación, o personas implicadas, y al que sigue alimentando para seguir sosteniendo esa situación que fue…, pero que tal vez ya no sea. No será su caso, pero he visto rechazar el acercamiento, la disculpa, la explicación de lo sucedido por parte del otro, cuando ya las cosas debían tomar otros derroteros, otros cauces de comunicación. Permitir los sentimientos naturales… En realidad he visto apostar a quienes “lo que me hicieron”, por la continuidad de su rencor, por su incapacidad de perdonar, comprender…, aceptar al fin y al cabo. Y comprobar como, sino con los mismos hechos, sí comportarse con una actitud similar.
¿Hasta cuándo va a permitirse seguir encadenado?

27 comentarios:

Raquel P.R. dijo...

Es increíble la cantidad de puertas que están cerradas por este motivo.
Como bien has dicho, el principal motivo es la incapacidad de perdonar, no sé si a los otros o a uno mismo, pero incapacidad al fin y al cabo.
Por desgracia, cuando se alimentan durante mucho tiempo esas situaciones, la condena suele durar hasta el último momento, o mejor dicho, cuando ya no hay más solución que un adiós definitivo.
Ojalá todos podamos comprobar que abrir esas puertas nos pueden regalar una visión completamente distinta de todo cuanto pasó, precisamente porque ya pasó. Ojalá una sonrisa golpee todas esas puertas ciegas, mudas, fantásticas, irreales, sordas, misteriosas, derruidas...
Un abrazo inmenso mi queridísimo amigo.

maria cristina dijo...

Siempre fui de contemporizar, no de cerrar puertas, pero cuando me vi obligada tuve que hacerlo en forma definitiva, a veces lo que nos hace mal interviene en nuestra decisión y debemos mantenerla, por otra parte, ante situaciones de momento es más fácil recapacitar y recomponer, un abrazo Ernesto!

maria cristina dijo...

Y gracias por la hermosa música!

karmen dijo...

Muchas veces el rencor, a la persona que más daña es a uno mismo, ya que no deja que haya Paz en el interior .... Por otro lado perdonar al otro, a la persona que más bien hace es a uno mismo ya que trae Paz al interior, al menos es mi experiencia... Muxus

Sneyder C. dijo...

Las personas cambiamos, evolucionamos, debemos de aprender de los errores. Cuanto más tiempo se tarde en abrir esa puerta el muro que nos separa va creciendo y se hace imposible acceder a ella. Dejemos los rencores, siempre hay uno que tiene que dar el primer paso, perdona y sobre todo dialoga…
Me encantan tus post, abres una puerta a la reflexión.


Un cálido abrazo Ernesto

Elda dijo...

Esto que escribes, me suena, y todo lo que dices me parece perfecto, pero también hay que tener en cuenta quien está al otro lado de la puerta, que algunas veces se sabe... es un alcornoque con el que sabes perfectamente que te vas a estrellar, sí sí, así mismo. Yo por lo demás no tengo ninguna puerta cerrada, quizás cuando me molesta abierta, la cierro yo misma, ¡cómo suena de estúpido y de suficiente! jajaja, pero es verdad.
Ah! otra cosa, yo no me siento encadenada a mis años.
Me encantó esta entrada Ernesto.
Un abrazo.

MaRía dijo...

Hola Ernesto

también influye nuestro temor al rechazo después de algo que ha pasado o que no ha sucedido jamás , nuestros fantasmas son nuestros candados

Yayone Guereta. dijo...

Ay querido, cuanta razón tienes, pero sabes? cuando se han tocado a tantas y el portazo a sido como vaso de agua fría, llega un momento qué, se ve, pero no se toca, y se piensa...paque qué ir, ir pa na, no se va ;P

Muxu haundi bat, Ernesto :-)

Carmela dijo...

Muchas veces, es como dices, Ernesto, nosotros mismos alimentamos una situación que pasó en un momento determinado y no damos pié a un avance en la dirección de abrir la puerta. Pero no creo que siempre sea por orgullo o empecinamiento en mantener nuestra actitud a pesar del paso del tiempo, a veces no abrimos esa puerta porque pensamos que le haríamos daño a la persona que está al otro lado, que abrirla le provocaría volver al momento de ese portazo y aunque no alberguemos ya sentimientos contra ella, respetamos ese cierre. Y otras como dice María, por nuestro propio temor al rechazo. De todos modos creo que nos llevaríamos muchas sorpresas abriendo esas puertas.
Un abrazo, Ernesto.

Ángela dijo...

Toc toc, se puede? :)

Creo que las causas por las que una puerta se cierra, -además de como sople el viento-, pueden ser múltiples.
Si sencillamente ya no tenemos cabida por causas conocidas o por algo que puede pasarnos desapercibido, por supuesto que se debe y se puede tratar de hablar para solucionar las cosas, si es que cabe la posibilidad. Pero si desde el otro lado no nos la ofrecen, lo que podemos hacer por esa relación es más bien poco.

Así que, a nivel práctico, lo mejor, es no entrar en ese juego, no nos llevará a nada y supone un desgaste enorme. Dejar las energías, para aceptar y asimilar lo ocurrido. Sin darle muchas vueltas. Es el camino más corto. No podemos cargar para siempre con ese fardo en nuestro corazón.

Hoy por hoy, en este instante, no me urge llamar a ninguna puerta.
Pero estoy agradecida a las que después de un leve toc toc, siguen para mí deliciosamente abiertas.

Un abrazo Ernesto.



Maru dijo...

Pues sí, lo que escribes es cierto, pero, pudiera acontecer, que en realidad ya no queramos tocar a esa puerta, que simplemente no nos apetezca, toda vez que ya hemos tenido la oportunidad por nuestra causa o la del otro de cerrarla, en muchos casos, es un alivio tener ciertas puertas cerradas, sin acritud. Un abrazo amigo Ernesto.

Maria Rosa dijo...


Negarse al perdón es seguir encadenado al dolor, a la rabia, que sólo hace mal a quién la gurda en su interior.

mariarosa

Rosa B.G dijo...

Hola, espero suba el comentario, llevo meses intentando que blogger me deje paso...una puerta que no puedo abrir aunque quiera jeje, viene muy a cuento de lo que nos relatas en este texto.
Las puertas que no se abren es porque detrás hay alguien que deja el cerrojo puesto,sin más. Sin saber que se cierra a sí mism@ la posibilidad de amanecer sin la mochila a cuestas.

Muy bueno el relato y la imagen muy acorde con tus palabras.

Un abrazo

Rosa B.G dijo...

¡Vaya! Blogger se ha rendido y ha quitado el cerrojo, encantada me quedo.

Genial!

lunaroja dijo...

Muy bueno! Esos sentimientos en los que muchas veces casi inconscientemente nos refugiamos, solo nos enferman a nosotros! Porqué será tan difícil pedir perdón? Reconocer errores? dar marcha atrás con humildad?
Estupendo relato!

AMALIA dijo...

No suelo cerrar puertas. Y creo que nunca es bueno el rencor.

Pedir perdón y saber perdonar, tranquiliza mucho.

Un abrazo.

dijo...

Buenas noches Ernesto
El mayor o uno de los mayores actos de humildad es el pedir perdón y perdonar.
Cuando alguien se queda con la hiel del rencor o del orgullo,sólo se amarga su alma.
Por otro lado,hay situaciones particuleres en los que se perdona de corazón,pero no se llama a la puerta porque tal vez se pueda molestar a esa persona que está detrás.No en un acto de soberbia,sino de respeto.
A nivel particular y después de haber dialogado,prefiero irme despacito de algunos lugares cuando siento que no soy bienvenida, diciendo:te aprecio,te echo en falta,me gusta estar contigo,pero....no quiero ser un impedimento para tu libertad
TAl vez no sea este el tema,puede que tenga que traducirlo,pero hoy lo veo así
Besucos y bendiciones

Ernesto. dijo...

Hola Go.

Cierto lo que comentas sobre el hecho de que a quien más perjudica el rencor o la simple animadversión es a quien lo sostiene.

El texto, si bien va en la línea que señalas, no pretende "llamar a esas puertas en sí", si no es el caso, que puede que no lo sea, y hasta contraproducente, sino más bien "quitarse uno de encima" la cosa pendiente. Es decir, cierta disposición interna que permite perdonar, y perdonase, sin tener que enfrentar tan siquiera la causa o a la persona. Y ello está contenido en este decreto/frase/oración:

"Perdono todo lo que deba ser perdonado y también me perdono a mí mismo. Doy mi amor y mi perdón a todo el que lo necesite."

¡Simple! ¡Tema zanjado!

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Gracias
Yo también tengo que pedir perdón
Besucos

Ernesto. dijo...

Comentario de Juan Carlos enviado por mail que no consigue publicar en este blog:

Blogger Juan Carlos dijo...

"Compleja situación, que a veces depende en qué lado de la puerta uno se encuentra. Si acaso del que lanzó el portazo, desfogando la ira, o quedó del lado de afuera (justa o injustamente), germinando rencores o muriendo de dolor.

Como fuera, si quien la cerró no la abre pronto, es probable que cuando quiera hacerlo, ya no encontrará a nadie. Y si quien se quedó esperando, no se decide a insistir a que le abran, solo le quedará partir o morir aguardando.

Hay puertas que se abren con los años, pero cuando el perdón se demora en llegar, ya no es perdón, es simplemente cortesía, (acaso educación), es como decir… “Te disculpo” porque con el tiempo, ya no me importa.

Y es que, perdonar es renunciar a la indignación, frustración o dolor que aquella persona nos ocasionó, porque nos damos cuenta (a tiempo) de que nuestro amor, cariño, o afecto por aquel (o aquella) es más grande que nuestro orgullo mancillado y que a pesar de todo lo mal actuado, aún vale la pena el seguir confiando, seguir amando, seguir creyendo.

No obstante, hay quienes prefieren morir sin jamás volver a abrir sus puertas, asfixiados en su propio rencor.

(...siempre es un placer leerte)... no me quedaré con las ganas)

Ernesto. dijo...

Buenos días, Buscador.

Cierto lo que señalas sobre muro, puerta, cortina y mano amiga... Denominada también "maestro" en lo que tiene de lecciones que le llegan a uno en el momento adecuado. ("Cuando el alumno está preparado aparece el Maestro"). Lecciones que pueden ser aceptadas y trascendidas en un instante, un tiempo más largo, años o toda una vida. Pero... permíteme una expresión algo desenfadada: ¡¡Hallá cuidaos!!

Puedo ser, como cualquiera y sin pretenderlo o ser consciente de ello, el artífice o causante de las lecciones de alguien... e incluso estar implicado en ellas como sujeto a trascender las propias, ¡puedo! Pero ello no significa que debamos hacer el mismo camino... Cada quien llevará su ritmo, intensidad, tiempo, etc. Por ello el "trabajo" de "Perdono todo lo que deba ser perdonado..." es tan relevante y fundamental. Cuando ha finalizado tu propia responsabilidad en la cuestión, ¡saltas del tren!. Haces trasbordo a ese otro más tuyo ya que tiene un destino distinto. ¡El tuyo!

Siendo así, y así es, ¿qué hacen tantos viajando/apegados en "tercera clase" cuando ya su situación es otra? ¿Qué hacen siguiendo vías muertas para ellos?

..."Doy mi amor y mi perdón a todo el que lo necesite". ¡Y adiós!

Un abrazo, Domingo.

Maripaz dijo...

Uy, que tema has tocado, Ernesto...
Cuantas puertas cerradas por el rencor, y porque nos empeñamos en no perdonar.En no bajarnos del burro, como se suele decir.
El perdón es el acto que nos devuelve la dignidad.
Después, hay situaciones variopintas que no todas tienen la misma solución.
El ser humano es muy complicado a veces. Las relaciones de enmarañan y se hacen difíciles por verdaderas naderías.
Hay gente muy simple interiormente con la que es fácil convivir, y gente que a todo le saca punta...
Me ha encantado lo bien que lo has contado.
Un abrazo.

María dijo...

Hola Ernesto soy maria de cosicas dulces y alguna salada, y antes de nada darte las gracias por el agradable comentario en la entrada que estaban las foticos de la boda de mi hija, muchas muchas gracias, saber que eres amigo de Chusa solo con eso ya me es agradable hacerme seguidora de tu blog, estoy intentando y no me deja mañans lo vuelvo a intentar, Bueno decirte tambien que tu entrada me ha parecido interesante de verdad esas puertas que a veces no llamamos y que es una pena lo que nos perdemos, y si llamamos a veces es tarde por que ya esa persona no esta tras ella, asi que el perdon tenemos que tenerlo siempre a flor de piel. Mil besicos amigo aqui tienes una amiga

Marina-Emer dijo...

En la vida ya no se sabe si te rechazan ...aman ...o mienten...cada día me da mas temor estas redes, creo amigo que todo es para entretener.
gracias amigo por tu comentario .un gran abrazo...sabes que te quiero mucho amigo
un gran abrazo

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Es difícil, muy difícil, pero es parte de lo que vinimos a aprender. Aprender que nadie nos ha hecho nada, ni nosotros a nadie...Nada hay que perdonar....

Paz&Gracia

Isaac

Magdeli Valdés dijo...

abrir puertas...algo que no es fácil...

es un ir aprendiendo cada día...
sabio es quien puede al fin decirlo con prioridad
porque realmente lo vive.

Hola, me llamo Julio David dijo...

El mensaje positivo que entregas y que habla sobre el aprender a soltar, desprenderse, deja ir, me recordó la historia de "dos monjes y una mujer". Te voy a copiar el texto completo porque lo quiero compartir aquí y ahora contigo, Ernesto, y con todos.

"Dos monjes iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo. Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.

El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varios kilómetros. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

-Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.

-¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? -le dijo el otro.

-¿Te has olvidado? Llevaste a esa hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado.

El otro monje se rió y luego dijo:

-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchos kilómetros atrás. En cambio tú todavía la estás cargando".