En un día gris y lluvioso… actividades mil. Que no quiere decir que las vaya a hacer todas hoy. Pero, debidamente ordenadas esperan su turno. Algunas son más que relevantes, y puede que ya debieran estar hechas. Pero, tiempo al tiempo.
Además, he comprobado que en ocasiones, en muchas de ellas, si bien lo tengo “casi” todo anotado, encarrilado, lo fundamental… se ha ido “clarificando” por sí solo!
¿Por sí solo?
─ Bueno, para Santo Tomás, el apóstol, conocido por “Dídimo” o el “incrédulo”, quien tuvo que meter sus dedos en las llagas de Jesús para creer que había resucitado, no le resultaría fácil esta simple explicación: “...se ha ido “clarificando” por «sí solo»”
─ Pues no crea, tampoco yo le cojo el punto a la cosa…
─ Pareciera que sólo lo “comprensible” acepta…

Some more important ones? Shoot only once!
ResponderEliminarCât este ceasul? Am mere!
EliminarThe sun is the best watch!
EliminarI don't have any apples. :)
Nu sunt sigur că nu sunt! :)))))
EliminarIEs din casă. - Asta e tot pentru azi. - Pa, Cătălin.
El tiempo muchas veces acomoda por sí solo, al fin y al cabo estamos viviendo en el gran misterio de la vida, un abrazo Ernesto!
ResponderEliminarCertera afirmación, Cristina!
EliminarAbrazos.
Enigma leve, cotidiano y metafísico, Ernesto.
ResponderEliminarComienza en lo gris —el día lluvioso y las tareas pendientes— y acaba enfrentándose a lo invisible. Me impresiona cómo el narrador pasa del orden práctico (“actividades mil”, “debidamente ordenadas”) a una intuición interior: que algunas cosas se aclaran por sí solas.
Ahí irrumpe Tomás, el incrédulo. Su figura no aparece como reproche sino como espejo: todos tenemos un Tomás interno que exige pruebas, que no acepta la evidencia de lo intangible. Pero el texto sugiere una rendición silenciosa, una confianza en ese proceso que no depende del control racional, como si el orden del alma se fuera gestando a escondidas.
El último diálogo es clave: “Pareciera que sólo lo comprensible acepta…” revela que ese “sí solo” encierra una paradoja. Lo verdaderamente clarificador no siempre viene de la comprensión, sino del dejar hacer, del no forzar. Tal vez el narrador intuye que la claridad llega cuando uno deja de intervenir, igual que el agua se aclara al dejarla en reposo.
Saludos
A veces, querido Ernesto, lo más curioso es que lo “comprensible” llega cuando dejamos de perseguirlo. Como si la vida, en su propio ritmo (tan gris o tan luminosa como quiera ese día), fuera decantando lo esencial sin pedirnos permiso. Y uno descubre que lo que parecía pendiente ya estaba en marcha, que lo que urgía se aquieta, que lo que inquietaba se ordena solo. Quizá porque, como dices, hay un punto en el que la mente deja de exigir pruebas y el misterio hace su trabajo.
ResponderEliminarAl final, lo verdaderamente fértil no es entenderlo todo, sino acompañar ese clarificarse silencioso que a veces nos sorprende más que cualquier explicación.
Un fuerte abrazo, querido amigo.
En ocasiones, el afán de control impide que la espera paciente y el tiempo, clarifiquen la respuesta conveniente.
ResponderEliminarNo todo necesita intervención inmediata. Aquí entra “el vivir lento” del que te hablé un día.
Cuando se acepta el proceso natural, muchas situaciones encuentran la solución y su propio equilibrio.
Fuerte abrazo Ernesto.
Por suerte para nosotros a veces, incomprensiblemente, las cosas se arreglan solas, pero no podemos confiar en ello, pues la regla tiene sus excepciones, o digamos que son más las excepciones.
ResponderEliminarUn abrazo.