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| Castro-Urdiales. |
En
el asiento de enfrente en el autobús que me llevaba a
Castro-Urdiales viajaban dos chicas jóvenes en entretenida
conversación.
Por
mi parte tenía intención de pasar el día recorriendo su “parte
vieja”, entre la ingente cantidad de personas que solemos darnos
cita los fines de semana en sus calles, puerto marinero, malecón,
faro, etc.
Bares
llenos de “pintxos”, tapas, restaurantes, cafeterías, terrazas
frente al mar, playas… Y sobre todo, gente y más gente. Y a mí me
encanta rodearme de gente. De buen ambiente, risas, desenfado,
charlas ocasionales con los de al lado…
Pareciera
que cuando Dios creó el Edén, pensó en algo parecido a
Castro-Urdiales… :)))))
En
estas reflexiones andaba cuando oí que una de las jóvenes le
preguntaba a la otra: ¿eres creyente?
Y
me quedé pensando que qué significaba ser, sentirse, “creyente”.
¡Creyente!
El que cree en algo concreto. Si bien la palabra se asocia a creer
en Dios.
¿Pero
qué significa realmente creer en Dios? ¿Saber qué es?
¿Conocer su realidad? ¿Estar familiarizado con él? ¿Comunicarse?... ¿Pedirle algo que quieres o necesitas?
O,
y puesto que creer en algo no supone en sí certeza alguna, no
generalmente, ¿qué conocimiento cierto y sin duda alguna tienen de
Dios los que se identifican como creyentes?
¿Saben,
o simplemente creen?
Y
justo en ese momento el autobús efectuaba su parada… Y alegre y
determinado bajé, y me integré por completo en el ambiente
bullicioso.
Y, ya sabéis, si venís por aquí la “primera” la pago yo, y hasta
puede que la acompañemos con una rica ostra recién cogida. Hay un
puesto callejero, de toda confianza, que las prepara.