No busques la verdad; simplemente, deja de atesorar opiniones... Si quieres conocer la verdad, entonces no sostengas opiniones ni a favor ni en contra de nada. Establecer lo que te gusta frente a lo que no te gusta es la enfermedad de la mente.- (seng-ts'an)

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jueves, 23 de julio de 2015

La buena intención...

1954, seis años. Escuela de monjas... de aquellos años. El olor a las gomas de borrar, lápices, recortables, cuyas figuras teníamos que dibujar. La clase, la monja. La recuerdo hoy, la estoy viendo sentada haciendo ganchillo mientras los niños estábamos sentados en bancos corridos a ambos lados. Me intrigaba que, sin mirarme, conociese mis movimientos... ¡Santa inocencia!

Con la mejor intención y en los tiempos que corrían, una mañana la relogiosa nos contó lo siguiente: “Si en alguna ocasión vais por la calle”, por calle hay que entender que, quien más quien menos, recorríamos un largo trecho por el campo para llegar a la escuela, “y un hombre subido en un carro os pregunta que si queréis subir, no lo hagáis, pues es el diablo”. ¡Tal cuál me quedé!

Salimos de clase y emprendí el camino de vuelta a casa. A mitad de trayecto un hombre mayor, enjuto, subido en su carro se para a mi lado y me pregunta por una dirección. Se la indico. A continuación el hombre me pregunta que si voy hacia allí y quiero subir al carro. ¡Para qué más!

Media vuelta corriendo como un loco hacía la escuela, aporreando la puerta y llorando hasta que abrieron... ¡el diablo quiere llevarme, el diablo quiere llevarme!

Mirando por los cristales de la clase el aguacero que caía, permanecí en compañía de la monja hasta que mi padre vino a buscarme. Supe entonces y desde entonces lo que era el miedo.

El “diablo”, todo apurado, llegó detrás de mí al convento a explicar lo que había sucedido... Susto para mí, susto para aquel hombre, que de seguro no volvió a invitar a nadie a subir al carro. Y, ¿lección para la monja? A nivel personal puede. A nivel de comunidad religiosa, ¡daños colaterales! Es mejor crear una infancia/sociedad temerosa, que éstas se salgan de los cánones establecidos. 

Bienintencionado era el mono que sacó al pez del agua, y lo puso sobre una rama, para evitar que se ahogase con la crecida del río. (Cuento de sabiduría). Y es que si de algo carecen en su mayoría los bienintencionados es de eso precisamente, de sabiduría. Van por la vida repartiendo pareceres y ayudando a otros, cuando la realidad es que lo único que hacen es expandir sus propias creencias, miedos, limitaciones, ignorancias, cuando no intereses personales, de grupo o instituciones.

Anoche mi nieta Naia, 11 años, bajó a tirar la bolsa de basura de su casa mientras se dirigía a la mía, 20m, pues íbamos a dar el paseo por el valle que damos estos días. Cuando subió nos comentó, riendo y tan tranquila, que una mujer le había preguntado sonriendo, ¿no tienes miedo, niña? A lo que ella le contestó que no!

¿Qué razón pudo tener aquella mujer para preguntar semejante cosa? La ignorancia lo primero, la razón principal de la condición humana. La expansión de su propio miedo. Muchas personas se sienten mejor, inconscientemente, si a su alrededor los demás se miden a la baja en relación a ellos, en vez de fomentar el crecimiento, la seguridad, la libertad y el saber.
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El monstruo del río.

El sacerdote de la aldea era distraído en sus oraciones por los niños que jugaban junto a su ventana. Para librarse de ellos, les gritó: ¡Hay un terrible monstruo río a bajo. Id corriendo allá y podréis ver como echa fuego por la nariz!

Al poco tiempo, todo el mundo en la aldea había oído hablar de la monstruosa aparición y corría hacia el río. Cuando el sacerdote lo vio, se unió a la muchedumbre. Mientras se dirigía resollando hacia el río que se encontraba cuatro millas más abajo, iba pensando: 
La verdad es que yo he inventado la historia. Pero quién sabe si será cierta.
Antonny de Mello
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Es mucho más fácil creer en los dioses que hemos creado si somos capaces de convencer a los demás de su existencia.

16 comentarios:

maria cristina dijo...

Me quedé pensando, Ernesto, es verdad que hay que educar sin miedos, pero quizás sí con cuidados, advertirles en el caso de los niños, estamos en un mundo diverso, no todas son buenas intenciones no? Bueno, soy miedosa, al fin! Un abrazo!

Mari-Pi-R dijo...

Lo cierto que muchos hemos sido educados bajo el miedo, yo soy una de ellos, mi madre era muy miedosa con lo cual su miedo nos lo fue trasmitiendo a lo largo de su vida y no digamos en el colegio con el fuego y satanás.
Un abrazo.

Rosa B.G dijo...

Este texto me parece de lo más elocuente, Ernesto. Pienso exactamente igual que tú.
Pero en esta sociedad sigue habiendo peligros y a veces no nos damos cuenta. Por eso los jóvenas deben apender a vivir sin miedo sí, pero con sigilo, precaución, no todo lo que reluce es oro.


Un abrazo

Boris Estebitan dijo...

Me encanto este post, la educacion es lo esencial, lamentablemente han habido generaciones que se han educado bajo la premisa del miedo.

lunaroja dijo...

Es un difícil planteo el de miedo sí o miedo no..
cuánto de nosotros mismos proyectamos en nuestros niños? son nuestros propios miedos? son recaudos? es un tema que da para un buen debate, tú como siempre,lo pones en la palestra de forma humana y sensible!

Ángela dijo...




Tradicionalmente, la educación ha estado muy ligada al castigo, a un trato más autoritario y a utilizar recursos para interiorizar el miedo. Más fácil educar a niños miedosos, son muy obedientes.
Qué a punto estuvo el carro para que experimentarás esa realidad!
Difícil entender los resortes que mueven a un adulto, para que en lugar de "desintegrar" temores en los niños a los que acompañan, los fomenten.
Parte de esos resortes, quedan muy claros, en lo que tú expones.
Varios temas interesantes se entremezclan para reflexionar.
Al final todo se resume, entre otras cosas, en el precio de ser superficial y no hallar el centro de uno mismo. La ignorancia no se hereda pero sí se puede "expandir".
Te deseo un feliz día.
Un abrazo Ernesto.

Patricia dijo...

Me gusto mucho leer tu post, a nada mas que temer que al miedo mismo y no merece la pena que a temprana edad se infunda...mas al contrario educar cuidadosamente infundiendo la confianza, el valor y la sabiduria para cualquier decision a temprana edad es siempre lo apropiado...
saludos,

AMALIA dijo...

Educar para tratar de evitar los peligros está muy bien. Siempre tratar de prevenir.
Pero inculcar miedo, no lo veo justo.

Un buen post.

Un fuerte abrazo y muy feliz fin de semana.

Soñadora dijo...

Hola Ernesto, lamentablemente antes estaba muy arraigado el miedo en la formación, para evitar riesgos, en lugar de hablar las cosas claras, nos metian temor a todo. Ahora las cosas van cambiando, pero muchas veces el miedo queda enquistado dentro.
Abrazo y bonito fin de semana!

Marina-Emer dijo...

Hola Querido amigo:me ha parecido precioso tu relato...me recordó mi infancia que era muy inocente todo me lo creia,sobre todo lo que nos contaban las monjas...ahora desconfio mucho y observo ...
Gracias por tu comentario ...esa rosa es un regalo que me hizo una persona a la que adoro...la esparanza la conserva la rosa que asi la bautizamos ...ella entre sus petalos tiene la palabra...Si cambio el post... la rosa seguira esperando y llamándose Esperanza en mi archivo de flores.
Gracias amigo por tu afecto .
Un abrazo
Marina

CRISTINA dijo...

Su principal argumento en ese tiempo era infundir miedo, estoy de acuerdo contigo que muchas personas cuando ven que tu te desenvuelves bien en ese campo, te miran como si fueras un bicho raro. No pueden entender que todo el mundo no sienta de la misma manera. Lo que si, es una barbaridad es fundir el miedo a esa edad.
Ernesto, buen fin de semana!
Un abrazo.

Maria Rosa dijo...


Muy inteligente tu entrada de hoy y me ha dejado pensando. No creo que educar en el miedo sea bueno, pero cómo lograr que los jóvenes y niños de hoy sean precavidos.
Tal vez en tu país y en una ciudad donde todos se conocen, sea más fácil, pero en países como el nuestro donde la ciudad en que vivo esta rodeada de Villas de emergencias, la cosa se pone brava y tienes que enseñar que deben tener cuidado con las amistades que encuentran en la calle o al salir de la escuela, allí el ofrecimiento de droga es cotidiano. A veces todo funciona según y cómo vivimos.

Gracias por tus buenos deseos.

mariarosa

Sneyder C. dijo...

Hay que educar sin miedo, la sensacion de miedo es uno de las peores aliadas para educar a nuestros hijos. Los niños necesitan sentirse amados, hacer que su paz interior crezca sin sobreproteccion para hacerlos seguros de si mismo y aptos para afrontar la vida, que aprendan si caen a levantarse, dandoles confianza al escucharlos y al hablar con ellos…

Me ha gustado tu post Ernesto.

Feliz fin de semana.

Un cálido abrazo

Vivian dijo...

Muy lindo el texto Ernesto, y cada uno de los detalles, hasta puedo imaginar a la monja con su ganchillo.
A mí no me educaron con miedo, era una niña salvaje en medio de un campo enorme, y lo recorríamos de punta a punta con mi hermano. Incluso, en las noches, cazábamos cocuyos en el potrero.
El miedo vino de grande, cuando consiéntase de lo que es capaz el ser humano. Cuando mi hijo sale le hago recomendaciones, y hasta que no lo escucho llegar es como si durmiera a medias. Los niños son más ingenuos.
Un abrazo

Ángeles dijo...

Hola Ernesto, creo que a los niños se les debe educar siempre desde la confianza y el amor, enseñándoles a caminar así desde la verdad, es la forma más acertada de tener niños y adultos responsables, íntegros y sanos mentalmente. Es muy cierto que al igual que tú, un poco más tarde, yo también fui a un colegio de monjas, y en mis pesadillas siempre estaba el ardiente infierno, su rey Satanás y una eternidad que no terminaría nunca jamás. Y ES QUE POR EL MIEDO SE DOMINA SIEMPRE, CUÁNTO MÁS MIEDO, MAYOR SUMISIÓN y para un niño/a pequeño era terrible.

Me costó mucho deshacerme de esas creencias que yo creía tangibles y seguras, lo pasé fatal, creo que estaba hasta enferma de miedo. Hoy lo que realmente me produce miedo, MIEDO DE VERDAD, son los fanatismos exacerbados en religiones, en ideas políticas o sexistas, miedo a la violencia que generan porque conllevan sufrimientos y muertes de muchos inocentes... y eso me llaga el alma, (quizá no debiera ser así, pero no puedo sentir de otra forma, ni cerrar los ojos o ignorar que no ocurre) Y lo peor de este miedo es que aquí yo no puedo quitármelo, es un miedo real, que está ocurriendo todos los días y pisotea todos los derechos humanos! sesgando vidas y causando dolor.

Un abrazo de luz y libertad desde mi tierra extremeña, y besos para tu valiente Iziar.
Nines.

Marijose Pérez dijo...

Uno de mis sobrinos dice que su hijo es miedoso desde que va al colegio, eso en el año 2015, porque su hija con 2 años no tiene miedo a nada. Aunque a veces también va en el carácter, pero lo cierto es que es difícil fijar el límite entre miedo y precaución.

Y desde luego es mejor morir del susto que de miedo, porque vivir con miedo no es vivir.

un abrazo