jueves, 5 de agosto de 2021

El secreto del pañuelo!

 


No solo recuerdo como si fuese ayer esta canción, de 1965, sino que me sitúo en aquel tiempo, tardes de verano, calor. Calles de mi barrio, amigos, gentes… Mi casa, familia de entonces, mi vida… ¡Yo, 17 años!

Los mismos que hoy pueden tener cualquiera que vuestros nietos… De hijos, en lo que os conozco a la mayoría, creo que ya son padres.

56 años han pasado… Y no solo dos generaciones han nacido, sino que el mundo que conocimos entonces, tan cambiado como el de otros 56 años atrás para quienes lo vivían. El de nuestros abuelos con 17 años también. ¡1909!

De 1909 a 1965 hubo una evolución en la humanidad, en su parte occidental por lo menos, el mundo que conocemos, asumible... Aunque no sea sino porque muchos de nosotros mismos la vivimos. Evolución, adelantos, inventos, etc. ¡Transformaron el mundo! Las relaciones personales. Valores, creencias, certezas, etc.

Del 1965 a la época actual, si bien ya llevamos algún tiempo, algunos, en el que la evolución, los adelantos, la modernidad, cierta pérdida de identidad humana, social, otros valores, etc., nos pilla con el paso cambiado, gracias a Dios, todavía existimos… Estamos entre dos aguas, y ello nos permite balancearnos de un lado a otro, o si bien permanecer en uno, entender el otro.

Pero de aquí en adelante, y no con la progresión habida hasta ahora, tiempo al tiempo se decía, la cosa puede derivar en velocidades de vértigo. ¡Lo de las 8 de la mañana puede resultar antiguo para las 8 de la tarde! No digamos ya para pasado mañana. Pero…

¡Tranquilos! Puede que la cosa no vaya con nosotros… Los de, más/menos, 1948. ¡No directamente!

El tren de la evolución, la modernidad y demás valores, pasará por la estación de nuestras realidades… Las actuales, las conocidas, las de siempre. Las nuestras. Pero no tiene por qué afectarnos. Bastará con que contemos con un pequeño pañuelo blanco con el cuál, agitándolo en el aire, despidamos con serenidad al tren y a quienes en el viajen… ¡A dónde quiera que vayan!

Y ya de espaldas a la estación y de camino a casa, contemplemos los campos sembrados a ambos lados del camino, esos trigales dorados por el estío. Los pétalos rojos de las amapolas que sobresalen entre las espigas. Oigamos al jilguero cantar posado sobre el manzano tras el murete de piedras que delimitan las pequeñas huertas. Y cuando atravesemos el centenario puente de viejas piedras, y nos sentemos un momento en el borde a contemplar las aguas de montaña que pasan bajo el, imperturbables, observemos la claridad de las mismas… ¡Todo se ve diáfano!

¡Así debemos ver nuestras vidas actuales!

12 comentarios:

Margarita HP dijo...

Hola amigo mío, me gusta ese ver diáfano en ese puente, contemplando las aguas. Hoy en día, poder ver diáfano es un lujo. Tal y como está la situación, me temo que miramos más cifras y mapas de incidencias, que observamos aguas de montaña; cuando en realidad, lo segundo te da mucha más paz.
Me ha gustado tu reflexión amigo mío. Besos :D

" R y k @ r d o " dijo...

Hoje em dia as pessoas perderam a liberdade. A Pandemia "prende" as pessoas em casa. Tudo muda na vida...até a forma de viver a vida.
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Cumprimentos fraternos.
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Pensamentos e Devaneios Poéticos
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mariarosa dijo...

Muy bueno tu relato. Al menos esos campos y el puente con sus aguas corriendo debajo, deben esta igual que hace años atrás, es un consuelo cerrar los ojos y
respirar el aroma del campo, que te deja un instante para soñar.

mariarosa

Alfred dijo...

Han cambiado muchas cosas, pero los campos se siguen sembrando.

Un abrazo.

eli mendez dijo...

Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Me encanta toda tu reflexión Ernesto y sobre todo me gusta porque tomas el paso natural del tiempo/vida/cambios / desde un lugar sereno.
No se si la palabra es aceptación, creo que cabe mas "adecuación". Entiendes todas esas modificaciones socio-culturales pero no lo dibujas como algo dramático, (si bien vamos perdiendo muchas cosas en el camino, como podríamos mencionar algunos valores, normas de convivencia, etc), pero para ti son parte de esa evolución y del circulo natural de la vida.
Y luego finalizas con ese párrafo final que te pinta de cuerpo entero, como un ser amoroso que solo se queda contemplando la belleza de su alrededor y la comunica.. Me gustaaaaaaaa.. y mucho... Mil besos

Matías dijo...

También recuerdo esa canción de Javier Solís, y posteriormente las de Nino Bravo, Camilo Sexto o Cecilia, cuando yo tenía 18 y sonaban continuamente en las Sinfonólas de las cafeterías.
Han pasado dos generaciones o quizás tres, en la nuestra nos tocaron vivir tiempos difíciles, hoy también atraviesan dificultades, por suerte con menos dureza.
Ya no despedimos en los andenes con pañuelos al aire, los tiempos cambian y nos despedimos por whatssapp.
Aun tenemos la suerte de poder contemplar esos campos y paisajes cuando nos alejamos de la gran ciudad.
Un abrazo.

Mari Carmen Polo dijo...

Creo que toda generación tiene la sensación de encontrarse entre dos aguas, por el ritmo acelerado de la vida, porque lo nuevo se nos echa encima y apenas nos da tiempo a digerirlo, y porque aunque cambien cosas, y nosotros con ellas, siempre se nos queda un poso que permanecerá siempre con nosotros, del que no querremos desprendernos. La sociedad, la medicina, la tecnología, todo, ha cambiado mucho y muy rápido. Aún nos quedan muchas más cosas por descubrir, los avances son imparables. Y queramos o no, de algún modo también nos alcanzarán.
Lo importante, creo, es que nos alcancen sin alterarnos demasiado.
Pasa un buen viernes :)

maría cristina dijo...

Yo la tengo a mi nieta más chica y la más acelerada! Me cuesta seguirle el paso, creo que ya se dio cuenta y aminora para no perderme! Este fin de semana la tuve de visita y me di cuenta de que ella me acompaña en lo que me gusta, como jugar al tuttifrutti, luego sigue con su minecraft! Un abrazo Ernesto, sigamos contemplando el paisaje!

Fatyma Silva dijo...

Passando aqui para conhecer seu blog, gostei e voltarei mais vezes.
Estou seguindo seu blog.
Te espero em minha página.

Desejando um bom fim de semana...
Saudações

Juan Carlos dijo...

Tentador tu texto… sacar el pañuelo y despedirse del tren de la modernidad, disfrutar de la paz y tranquilidad que da la naturaleza a quienes se entregan a ella, olvidándose del bullicio de un mundo que avanza a una velocidad infernal.
Imagino que llegará un día, cuando el cuerpo me pida cortarme la coleta, colgar los guantes y arriar la bandera, pero mientras mantenga estas ganas de continuar en la brega, he de seguir viajando en este tren expreso de la nueva normalidad (aunque me quite tiempo para bloguear como quisiera o aunque me descarrile en el intento)
¡Saludos Ernesto!... magnifico tu tema (como siempre)

Sandra Figueroa dijo...

Saludos Ernesto.

hanna dijo...

Magnifico relato es toda una reflexion de la vida con sus cambios y un asi contemplado su belleza. Un abrazo