Cuando la despidieron, de
forma improcedente, de su anterior trabajo, una
frutería en la que la Vida la mantuvo 16 meses, siguió comprando la
fruta en dicha tienda. Y manteniendo la misma relación personal y de
amistad con los dueños. Cobró la indemnización correspondiente a
dicho proceso y dio las gracias por ello. Bendijo a Cristo en todas
las personas involucradas en el tema. Aceptó la situación creada.
Sabiendo en su fuero interno que todo estaba bien.
Todavía ayer oyó como una amiga suya
le echaba en cara que siguiese comprando y relacionándose con sus
antiguos jefes... Sonriendo cambió de tema. Ella no vive las cosas
de esa manera. Cuando surgió el desenlace laboral no se pre-ocupó de ver en las noticias y medios de comunicación cómo iba el país. No
miró si el número de personas en paro descendía o aumentaba. Si la
economía avanzaba, en macro o en micro. Se limitó a trabajar el
aspecto espiritual de la situación.
Ha permanecido en el paro dos meses. Ha
estado cobrando la prestación por desempleo que le corresponde. Ha
entregado currículums en varios comercios. Ha vivido en completa
tranquilidad y armonía con el momento. Ha pedido un trabajo de
nuevo. Y mejor si cabía.
Y la llamaron a casa ofreciéndole ese
nuevo puesto de trabajo, y mejor que el anterior. Pues consiste en la
venta de ropa y complementos. Algo a lo que ha dedicado la mayor
parte de su vida. La tienda se halla en una situación comercial
inmejorable. El ambiente de trabajo es cómodo y grato. La dueña,
conociendo sus referencias, le ofreció lo mejor.
Trabaja media jornada, siendo los
ingresos mensuales superiores al sueldo anterior de jornada completa. Está tranquila, en
paz, en equilibrio. María del Carmen sabe que este último punto, el del
equilibrio, es fundamental...
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Bendigo todo el dinero que recibo y todo el dinero que pago.
Bendigo todo el dinero que
tengo en mi cartera, en mi casa y en el banco.
Doy gracias de todo
corazón y Bendigo.
Gracias Padre. ¡Está
hecho!
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