Hay sol en lontananza, si bien sobre mí se ciernen nubes oscuras… Ha llovido. Las calles están húmedas. Poca gente transita por ellas. Y lo hace abrigada. Y además, tienen un objetivo… ¡Próximo y concreto!
Los pequeños árboles que adornan la calle los podaron ayer. Los prepararon para el nuevo ciclo que comienza. ¡La vida continúa!
A pesar de los tambores de guerra y las trompetas de Jericó que suenan a lo lejos, la vida aquí y ahora, fluye serena.
Son las 8:15 de la mañana de este segundo sábado del nuevo año. Quedarán por llegar unos 50 sábados más. Pero lo harán uno a uno, día a día, instante a instante. ¡Ni antes ni después!
¡A qué preocuparse hoy, ahora, té o café en mano, por lo que quiera que sea que pueda suceder… Mañana, el mes siguiente, la próxima Navidad!
El «valle de lágrimas» que algunas personas viven con intensidad, no les sucede sólo cuando, si fuese el caso, lo cruzan. Sino mucho antes de que pueda llegar a suceder. ¡Si es que les sucede alguna vez!
¡Pero ellas ya lo experimentan mental y emocionalmente al “vivirlo” con anterioridad!

No hay que preocuparse, sino ocuparse del problema real, un abrazo Ernesto.
ResponderEliminarLa vida tiene su curso, hay que dejarla hacer, y podemos estar contentos de seguir en ella.
ResponderEliminarUn abrazo, Ernesto!!!
He llegado hoy por primera vez al blog y este texto me ha pillado en un momento concreto. Desde ahí hablas del miedo que se adelanta a los hechos y de cuánto nos adelantamos a lo que aún no está pasando. El tono del post invita a seguir leyendo lo que compartes. Me quedo con eso.
ResponderEliminarQué maravilla, Ernesto. Tu reflexión vuelve a recordarnos algo esencial: incluso cuando afuera suenan tambores inquietantes, la vida (la de verdad, la que se despliega en cada gesto sencillo), sigue avanzando con una calma que reconforta. Hay una lucidez muy tuya en esa manera de mirar el presente sin dramatismos, sin anticipar tragedias, sin hipotecar la paz de hoy por miedos que quizá nunca lleguen. Tus palabras invitan a respirar, a habitar el instante con más ligereza y a confiar en ese ritmo natural que, como los árboles recién podados, siempre encuentra la forma de renacer. Gracias por este recordatorio tan oportuno y tan humano. Da gusto empezar el año leyéndote.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, amigo siempre madrugador.
Suele pasar esto de vivir en la anticipación de los sucesos tremendos que puedan suceder.
ResponderEliminarLo importante es poder darse cuenta.
Un abrazo
Ernesto, que hermoso texto.
ResponderEliminarTienes razón, a veces nos preocupa lo que va a suceder y nos perdemos de vivir el hoy en plenitud.
Bellísima imagen acompaña tu magnifico texto.
Que tengas un feliz día junto a tu familia, a disfrutar cada instante.
Besos Ernesto