Somos gentes de comunicación. Nos gusta el contacto con personas afines, lo que no quiere decir que éstas sean sólo los vecinos o la familia.
Afines es cualquier persona con la que te cruzas y entablas algún tipo de comunicación, sea ésta verbal, de contacto o el simple cruce con alguien que, en esos segundos de mirada que se tarda en pasar por tu lado, te han abierto su alma!
De estas últimas vivencias me consta que muchos las hemos vivido. Y hasta mantener en el recuerdo algunas hoy, años más tarde.
¡Somos gentes de comunicación!
No te reprimas en ser el primero en saludar, sonreír, tender la mano o abrazar. Tal vez la persona que tienes delante no sabe cómo hacerlo, no se atreve…
¡Sé tú el primero! ¡Ganaréis ambos!

Lo malo es, que padecemos bastante comunicación engañosa. Saluidar, sonreír, tender la mano, abrazar, no me importa, pero según a quién.
ResponderEliminarNo todos lo merecen.
Parfa tí, si: ¡ ahí va mi abrazo!
Gracias, amigo Juan.
EliminarAhí va el mío. :)))))
Me gusta eso. Al menos el saludar al entrar en los sitios, por ejemplo, aunque te miren raro.
ResponderEliminarUn abrazo.
Saludo, sonrío, no importa si responden o no, es solo la buena educación, no todos lo son, o quizás sus problemas son tantos que no reparan en quien tienen al lado, un abrazo Ernesto!
ResponderEliminar¡Qué bonito tu mensaje, Ernesto! Si todos practicásemos un poco más esa amabilidad y esa comunicación, estoy segura que el mundo cambiaría por completo. Lo malo es que cada vez estamos más metidos en nuestra burbuja individual. Pero es bueno que personas como tú nos lo recuerden.
ResponderEliminarUn abrazo
Buena idea, aunque nunca se sabe cómo va a reaccionar el otro.
ResponderEliminarMe ha pasado muchas veces, cruzarme con alguien, intercambiar una mirada infinitesimal y saber que podríamos ser amigos.
Salu2.
Taking that first step—a smile, a simple greeting, or an open heart—can really change someone's entire day. Love this perspective!
ResponderEliminarA hug.
Ernesto, qué reflexión tan necesaria sobre esa condición humana que nos empuja a comunicarnos incluso en los gestos más mínimos. La manera en que describes ese cruce de miradas que abre un alma en apenas unos segundos revela una verdad que solemos olvidar: cada encuentro, por fugaz que sea, puede dejar una huella que perdura años. Esa idea de afinidad que no depende de parentescos ni vecindarios, sino de una chispa invisible que se enciende entre dos personas, tiene una profundidad que conmueve.
ResponderEliminarTu invitación a no reprimir el impulso de saludar, sonreír o tender la mano es más que un consejo: es una ética de vida. En un mundo donde tantas personas caminan con miedo, con prisa o con la sensación de no saber cómo acercarse, ser el primero en abrir ese puente es un acto de generosidad que transforma el día de ambos. No es solo cortesía; es una forma de resistencia contra la indiferencia que a veces nos rodea.
Gracias por recordarnos que somos, ante todo, seres hechos para comunicarnos, para reconocernos y para aliviar la soledad del otro con un gesto sencillo. Tu texto devuelve luz a algo que debería ser cotidiano y que, sin embargo, necesita ser reivindicado.
Un fuerte abrazo.
Me gusta tu entrada de hoy, igual que me gusta saludar y sonreír, y sentir a esas almas afines que con una mirada ,reconoces en el camino.
ResponderEliminarUn gran abrazo, amigo
Bonita entrada.
ResponderEliminarNo sé si seré el primero en desearte que entres con buen pie en el nuevo mes.
¡ Feliz agosto !