Tribulación.*
“Las calamidades pueden ser causa de
crecimiento y de iluminación”, dijo el Maestro.
Y lo explicó del siguiente modo:
“Había un pájaro que se refugiaba a
diario en las ramas secas de un árbol que se alzaba en medio de una
inmensa llanura desértica. Un día, una ráfaga de viento arrancó
de raíz el árbol, obligando al pobre pájaro a volar cien millas en
busca de un nuevo refugio... hasta que, al fin, llegó a un bosque de
árboles cargados de frutas”.
Y concluyó el Maestro: “Si el árbol
seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a
renunciar a su seguridad y echarse a volar”.
(*) Quién puede hacer que amanezca. Anthony de Mello. Edt: Sal Terrae.
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“Pueden ser causa...”. No que
necesariamente lo sean! Esto siempre estará sujeto a la persona en
sí. Si algo sucede en tu vida, el árbol se cae, tiene su
razón de ser. Y sólo a ti atañe. ¡Individualmente! No en
conjunto. No en familia, pueblos o naciones.
Y si se quisiese extrapolar esta
situación, individual, a grupos, piénsese que éstos son
sencillamente suma de individuos. Suma de individualidades.
La enseñanza de este otro Maestro,
Jesús, cobra aquí toda su relevancia, aunque aparentemente en
sentido inverso, no hay calamidad en ti.
“Caerán mil a tu lado y diez mil a
tu diestra pero a ti
no han de tocarte”.
Ese a ti, que eres tú,
también es los mil y
los diez mil...
