Una
mañana algo gris, nubosa, sin lluvia… Una mañana tranquila. El
pueblo despierta a sus quehaceres… Dan las siete en el campanario
de las Clarisas.
Abro
la ventana y un ligero aire fresco se cuela en la habitación
moviendo las cortinas… Observo la plaza y ya las primeras palomas
se bañan en la fuente. La puerta se cierra de golpe! A lo lejos se oye el chirriar del carro de Juan, el lechero... Una voz de mujer le grita: ¡aquí aquí...!
Veo pasar a Lola con su cesto de verduras en la cabeza y el cántaro apoyado en su cintura camino del mercado. Cintura a la que casi le llega la gruesa y ensortijada trenza del color de la paja. Su andar, tan conocido por mí, hace que su falda se mueva con gracia... Su blusa florida se ajusta al cuerpo. ¡Hay cierto encanto en esta imagen!
¡Si se mira con detenimiento, consciente, se verá que la vida está bien tal como está! O dicho de otra manera: ¡sencillamente natural! (Lo que no quiere decir que si un zapato le aprieta, busque y se ponga otro)
─¿Y
la vida, no despierta la vida también cada mañana?
─¡No,
desde luego que no! Lo que no duerme no puede despertar.
─Bueno,
ya estamos matizando… Puede que algo de razón lleve… Pero yo lo
decía en plan poético.
─...Si
la poesía le desvirtúa el lenguaje, lo que realmente es…,
lo que quiere expresar, yo me lo pensaría…
─¡Hombre,
no me diga que cuestiona también la poesía!
─No,
no cuestiono nada. No me refería a la poesía en sí. Que si bien no
domino, valoro como expresión natural del alma. Me refería más
bien a su “plan poético”. Su juego de palabras. Que en este caso
le hacer afirmar/creer que la vida duerme y despierta.
¿Ha visto alguna vez que el río duerma?
─No,
eso es cierto. Siempre le veo fluyendo..., en movimiento continuo.
─Pues
así es realmente la vida. Otra cosa será como usted la perciba... Y la viva.













