martes, 29 de abril de 2014

Vive la realidad.


A medida que elevas tu conciencia por encima de las individualidades, te elevas a una nueva dimensión donde todo es Uno Conmigo y donde sólo puedes ver lo perfecto. Inténtalo la próxima vez cuando estés en desacuerdo con alguien. Eleva tu conciencia y ve Mi creación perfecta en ese alguien. Si haces esto, un gran sentido de paz y armonía descenderá sobre ti.

Esto es todo muy práctico. Vívelo. Practícalo. Date cuenta de que en verdad funciona.

Cuando veas qué maravillosamente funciona, te darás cuenta de que proviene de Mí.

Mis senderos son perfectos. Camina en ellos. Vive la realidad. 

(Dios me Habló. de Eileen Caddy)

viernes, 25 de abril de 2014

Del vino a la esencia de la vida...

Hace ya muchos años presencié en la tv un corto reportaje que le hacían a un hombre que poseía una bodega de cierto renombre, en la que todo el proceso del vino se hacía artesanalmente. Todo, desde la viña a la botella. Decía que así le había enseñado su padre y a éste su abuelo. La bodega se hallaba entonces en una de las islas Canarias. Isla de la que este hombre no había salido nunca.

La periodista inquiría sobre el hecho de que no se contase con los adelantos del momento para la elaboración. Y estamos hablando de 1984...

Era un hombre ya mayor, serio, pero afable en el trato con la periodista. Rezumaba esa dignidad de las personas sencillas, nobles, enraizadas en la tierra antigua. La esencia del hacer en su bodega y él eran la misma cosa. Naturalidad, ausencia de artificio, calidad interior, saber... Conocía el mundo, sin duda. Pero el mundo no le conocía a él...

Podía haber cambiado de canal en cualquier momento, el reportaje en sí nada me decía, pero tuve la suerte de permanecer el tiempo suficiente para su finalización. Cuando la periodista cerraba su bloc de notas y le agradecía la amabilidad prestada, el hombre le comentó con toda la inocencia que poseía: “...lo que no acabo de comprender es como se puede meter a tanta gente en un espacio tan pequeño...”, señalando el aparato de tv encendido que había en la sala y en el que podía verse un grupo de gente bailando ...
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Recuerdo una mañana de los primeros días de Abril de hace tres años, me encontraba en Soria y decidí visitar la fuente del río Duero, tomé el autobús que había de llevarme hasta Cidones. Tomamos la ancha carretera de Burgos dejando a nuestra izquierda el camino de Osma, bordeado de chopos que la primavera comenzaba a verdear. Soria quedaba a nuestra espalda entre grises colinas y cerros pelados.

Machado componía, sentado en el viejo parque, este poema:
Antonio Machado 1875-1939

Yo escucho los cantos
de viejas cadencias
que los niños cantan
cuando en corro juegan,
y vierten en coro
sus almas que sueñan,
cual vierten sus aguas
las fuentes de piedra:
con monotonías
de risas eternas...
(…)
Jugando, a la sombra
de una plaza vieja,
los niños cantaban...
la fuente de piedra
vertía su eterno
cristal de leyenda.

Me acomodé en la delantera entre dos viajeros: un indiano que tornaba de Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares, y un viejo campesino que venía de Barcelona. El indiano me hablaba de Veracruz, mas yo permanecía atento al campesino que, mientras leía el periódico que sacó de su bolsillo, no hacía más que mover la cabeza...

-¿Va usted muy lejos? -pregunté a éste cuando el primero se distrajo mirando por la ventana.
-A Covaleda, señor -me respondió-. ¿Y usted?
-El mismo camino llevo, porque pienso subir a Urbión y tomaré el valle del Duero.

Inicié una conversación con éste:

-Le he visto preocupado por algo que leía en el periódico...
-Y no es para menos -contestó-. ¿Se habrá enterado de la desgracia de ese incendio?
-Pues la verdad es que no sé de que me habla...
-Si hombre el de ayer en Zaragoza, en el que perdieron la vida aquellos... ¡No comprendo como Dios puede permitir estas cosas!

¿De dónde surgen estos no comprendo? ¡Evidentemente del no sé!

El primer caso es producto de una inocente ingenuidad sin mayores consecuencias para la persona. El segundo, conlleva cierto grado de disgusto, cuando no rechazo, sobre algo que se desconoce. Y es este desconocimiento, el que genera mucha de la limitación que hoy embarga al ser humano...


Dios, ESO, Ello, el Padre o como quieras llamarlo o verlo, no es la causa de esas situaciones que vemos ante nosotros sin comprender el por qué. Es más bien la fuente, cierta y real, de todo lo que pudiésemos estar necesitando... o desear cambiar. A día de hoy sobre todo obtener trabajo, medios económicos, conservar nuestra casa o habitar otra, recobrar la salud, disponer de una vida cómoda y natural. Adquirir conocimiento y sabiduría. Dejar atrás el no saber y la limitación... Y más mucho más... “¡Que se os dará por añadidura!”.

domingo, 20 de abril de 2014

"Entovía"...

 Villamesías (Cáceres)
Conocí hace años a una mujer, ya mayor, de un pequeño pueblo de Extremadura. Nacida alrededor de 1920..., ayer. De la que guardo un entrañable recuerdo por su gran humanidad, calidez y buen hacer. La conocí cuando junto a su marido conviví un tiempo con ellos. Gente del campo, sencilla, digna. Con esa dignidad del que no sabe ser de otra manera. Ambos iguales...

Empleaba una curiosa palabra para decir “todavía”. “Entovía”. Y en ocasiones la oí pronunciar tres o cuatro más en la misma línea. Me encantaba oírla hablar... Siempre discreta, afable, dispuesta a realizar cualquiera que fuese el favor pedido. Engarzada en su ambiente, pueblo, calle, vecindad, como las piedras de su vieja y entrañable casa.

La puerta del zaguán, la que daba a la calle, siempre abierta. Una mesa camilla, una fuente de cristal sobre ella en la que se guardaban algunas monedas, el décimo de la ONCE de cada día, algunas llaves, un bolígrafo, algún botón y varios tornillos pequeños.

¡Buenos días señor Paco!... ¡Vaya usted con Dios Manuel!...

Saludos como éste eran habituales de la gente que pasaba por la calle y de mirada obligada al interior. En éste, unas nueve o diez sillas de madera y mimbre, bajas, y que eran ocupadas por las distintas vecinas de alrededor que allí se reunían. Sentado en un rincón y con algún periódico o revista en las manos, medio leyendo y medio atento a las conversaciones, me pasaba las mañanas...

Me impresionaron las palabras que la oí pronunciar, por su naturalidad, firmeza y cariño, cuando sacando el féretro con su marido pasaron por su lado. Se levantó del sillón en el que permanecía sentada y dijo al paso de éste: ¡Adiós para siempre, Paco!. Todavía la veo de pie, menuda, digna una vez más. Sabiendo...

Es cierto que esta mujer no tendría sillón en la Real Academia de la Lengua, pero sin duda no le faltó nunca en la real academia de la vida del buen hacer y el saber decir...

Mi recuerdo hoy, un día cualquiera, para esta mujer a la que tuve el privilegio de conocer.

¡Adiós para siempre, Encarna!

sábado, 12 de abril de 2014

59 años...

Cuando la despidieron, de forma improcedente, de su anterior trabajo, una frutería en la que la Vida la mantuvo 16 meses, siguió comprando la fruta en dicha tienda. Y manteniendo la misma relación personal y de amistad con los dueños. Cobró la indemnización correspondiente a dicho proceso y dio las gracias por ello. Bendijo a Cristo en todas las personas involucradas en el tema. Aceptó la situación creada. Sabiendo en su fuero interno que todo estaba bien.

Todavía ayer oyó como una amiga suya le echaba en cara que siguiese comprando y relacionándose con sus antiguos jefes... Sonriendo cambió de tema. Ella no vive las cosas de esa manera. Cuando surgió el desenlace laboral no se pre-ocupó de ver en las noticias y medios de comunicación cómo iba el país. No miró si el número de personas en paro descendía o aumentaba. Si la economía avanzaba, en macro o en micro. Se limitó a trabajar el aspecto espiritual de la situación.

Ha permanecido en el paro dos meses. Ha estado cobrando la prestación por desempleo que le corresponde. Ha entregado currículums en varios comercios. Ha vivido en completa tranquilidad y armonía con el momento. Ha pedido un trabajo de nuevo. Y mejor si cabía.

Y la llamaron a casa ofreciéndole ese nuevo puesto de trabajo, y mejor que el anterior. Pues consiste en la venta de ropa y complementos. Algo a lo que ha dedicado la mayor parte de su vida. La tienda se halla en una situación comercial inmejorable. El ambiente de trabajo es cómodo y grato. La dueña, conociendo sus referencias, le ofreció lo mejor.

Trabaja media jornada, siendo los ingresos mensuales superiores al sueldo anterior de jornada completa. Está tranquila, en paz, en equilibrio. María del Carmen sabe que este último punto, el del equilibrio, es fundamental...

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Bendigo todo el dinero que recibo y todo el dinero que pago.
Bendigo todo el dinero que tengo en mi cartera, en mi casa y en el banco.
Doy gracias de todo corazón y Bendigo.
Gracias Padre. ¡Está hecho!
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sábado, 5 de abril de 2014

¡Ángela María! ¡Qué había que perdonar!...

Ayer viví junto a una amiga mía una de las experiencias más gratas y vivificantes de los últimos tiempos. ¡Conocimos a Julia!

Estábamos charlando en la calle esperando el autobús cuando noté que alguien se paraba frente a nosotros y algo nos decía... Al mirar vi que una niña de unos 6/8 años, sonriente, y con cierto grado de síndrome de Douw, me decía... “¡hola!”

Hola!” Respondimos sonriendo y al unísono mi amiga Loli y yo... Se acercó, sin dejar de sonreír y con esa dignidad y naturalidad que manifiestan los niños, y haciendo ademán de acercar su cara a la mía levantando los brazos, me agaché y me besó en ambas mejillas. Loli también le dio dos besos. Algo dijo que no entendimos bien señalándose la cara, y entonces oímos a su padre, detrás de nostros, que nos aclaraba que mi barba le picaba... Hice unas risas diciendo que la de él seguro que le picaría más, dado que era corta y punzante, a diferencia de la mía, larga y por ello mullida.

Su padre. Un joven que la precedía empujando una sillita de niños, ni nos enteramos si había alguien sentado en ella, dado el momento que estábamos viviendo, pero es claro que no era para Julia. Serio, demasiado serio para la situación, barba de varios días, algo incómodo por lo que parecíale que era una molestia para nosotros la espontaneidad de la pequeña. Sin quitarle la vista de encima a Julia le dijo, en euskera, que no nos molestase... A lo que la pequeña ni caso, estaba feliz con el momento. Algo le dijo la niña, también en euskera, que éste respondió: “...no puedo estar dando besos a todo el mundo”. Entendí que eso era lo que le había pedido, y alargando mi mano comenté: “no claro que no, pero estrecharnos la mano sí”. La pequeña feliz.

A la insistencia del padre de finalizar aquella situación e irse, repondimos que era un regalo para nosotros, y también para ella. Seguimos hablando y sonriendo durante unos momentos más. Cuando éste consiguió que Julia se moviese y le siguiese, sin quitarnos la vista y saludando con su mano, él dijo: “perdonad”.

¿Perdonad? ¡Ángela María! ¡Qué había que perdonar!... ¿La naturalidad, la sonrisa, la vida manifestándose, la alegría, la curiosidad, el ansia de expresar todo lo que bullía en aquella alma inmensa..., aunque tal vez y por la razón que sea, inmersa en aquel cuerpo y mente? ¿Qué había que perdonar? Si acaso nosotros, la “normalidad”, social y humana, con esas reglas absurdas y autoimpuestas, faltas de calor y proximidad las más de las veces, las que cada uno se impone a sí mismo y a los demás... ¿Perdonad?

Menos mal que Julia, desde ya, con su fuerza y naturalidad, nos enseña, y nos dice que ella vivirá entre nosotros, sí, pues al fin y al cabo así lo decidió donde se deciden estas cosas, pero que vivir nuestras limitaciones ¡jamás!

martes, 1 de abril de 2014

...tal vez sea esto lo que necesitéis.


Le gusta viajar en autobús de línea, largas distancias, o trenes con recorridos antiguos. Y le gusta llegar a esos destinos escogidos, más por pequeños detalles, intuidos muchas veces, que por la información general existente. Pueblos o pequeñas ciudades, aldeas en ocasiones, perdidas éstas entre montañas, páramos y valles, cruzadas muchas veces por ríos de agua clara que bajan vírgenes desde sus orígenes. Éstas últimas regalos del cielo... Si bien es cierto que a Dios lo encuentra en cualquier sitio.

Ha pasado por tantas. Ha dejado tan buenos amigos. Tantas vivencias...

En esta ocasión es Cervera de Pisuerga. Pequeño y entrañable pueblo de siempre, bañado por el río Pisuerga. Pueblo de un ayer floreciente, hoy venido a menos en su aspecto comercial e industrial, por los signos que pueden apreciarse todavía. Comercios cerrados y abandonados al hacer del tiempo, pero que conservan un gusto y calidad en sus escaparates, de polvo y telarañas, y en sus interiores vacíos. También mucha vivienda abandonada... Y es que la vecina Aguilar de Campoo ha absorbido, cual flautista de Amelín, a muchos habitantes, negocios, industrias, y el inherente bullicio y algarabía de una ciudad pujante.

Bendito silencio el que se respira en Cervera...

Recuerda, sentado en el mismo banco de madera de hace tantos años, cómo veía fluir el agua clara entre las márgenes llenas de vegetación. Y como observaba el ir y venir de las truchas en pos del alimento que la corriente traía... Aquella tarde se dejó olvidado sobre el banco el jersey de verano azul claro.

Le encanta recorrer las calles viejas, plazas, parques y callejuelas. Saborear sus gentes, sus costumbres, sus risas y conversaciones. Pregunta por esto y aquello en su afán de contacto, amabilidad, sonrisas... Le encanta la gente.

Sentado en una mesa del café Florida junto a la gran cristalera observa el ir y venir de los vecinos al mediodía. Algunas mujeres con bolsas de la compra, los hombres entrando y saliendo de los bares que circundan la plaza. Gente recorriendo los soportales de enfrente. Algo que a él le gusta hacer especialmente. Los soportales. Como en el caso de Cervera centro neurálgico del pueblo. Tiendas, bares, restaurantes, servicios... Y todo bajo techo. ¡Lo encuentra tan entrañable, tan acogedor!

Unas palabras llegadas de una mesa próxima llaman su atención... “Pues así nos hemos quedado, y ya va para cuatro meses... Y como socios de la cooperativa hemos perdido todo el dinero que teníamos depositado”.

Lo que pudo percibir de la conversación era que una gran empresa en régimen de cooperativa había hecho suspensión de pagos. Y puesto que los trabajadores figuraban como socios y además parte de sus beneficios se los pagaban en acciones, se habían quedado sin nada. Sin trabajo y sin dinero. Con el agravante de que la mayoría había invertido además sus ahorros en la misma. Denuncias, manifestaciones y protestas realizaban en la zona con el fin de que se les resolviese la delicada situación en la que muchos habían quedado.

Cuando la pareja que así hablaba se levantó para irse, él se volvió y les dijo: “no he podido evitar oíros...” Y pasándoles una nota escrita comentó, tal vez sea esto lo que necesitéis:

¡Nada que sea mío por derecho de Conciencia puede perderse o serme robado!

sábado, 29 de marzo de 2014

Hola a todos...

Hola a todos. Muchas gracias a quienes habéis dejado vuestras palabras en este periodo de silencio y a quienes no lo habéis hecho. Ambas actitudes están en consonancia con la esencia del texto. Mi propia esencia. Gracias.

"...no entraré ni en vuestros blogs ni en el mío con la "frecuencia" de hasta ahora."

Esta era la advertencia que realizaba al final del mismo y cuya clave es "frecuencia". 

Claro que sigo escribiendo, leyendo y comentando. Esta es la intención y la esencia de abrir un blog. Contactar con otras personas, interactuar con ellas a través de las palabras, el respeto, la confianza, el afecto y la amistad. Y así seguiremos, sin duda, en este pequeño grupo que a día de hoy formamos... Pero habrá un punto de inflexión. La frecuencia. 

La frecuencia en escribir, la frecuencia en leer, la frecuencia en comentar. La frecuencia es algo que no todos usamos de la misma manera. Para ejemplo, cada uno de nosotros. Personalmente valoro y respeto la frecuencia de cada uno. Que no es la misma en todos. Y me encanta distinguir unas de otras. Disfrutar su variedad, su producto, su tiempo, su esencia al fin y al cabo. El texto o trabajo realizado, publicado, o el comentario efectuado. Todo ello cuando cada uno ha decidido hacerlo... A su ritmo. A su aire.

De nuevo gracias por vuestra cercanía y comprensión. Un gran abrazo amig@s.

Ernesto.

martes, 18 de marzo de 2014

¡Hecho!


Oyó como el Silencio le llamaba de nuevo. Ya había sucedido antes... No tuvo que despedirse de nadie. Sabía en su fuero interno que en realidad “no había nadie en casa”. Cierto que en ocasiones hubo risas y algarabía en el interior del vehículo. ¡Cómo no! Y se bajó.

Se bajó del autobús, pues comprendió que era el final de su trayecto. Ignoraba si el último. Ya en otras ocasiones pensó que sí, pero ahí estaba de nuevo, subido en él y dispuesto a bajarse.

Había pasado el autobús hacía un tiempo y decidió subirse a él. ¿La razón?... ¡Algunas!. 

¿Destino? Preguntó el conductor... ¡Dios dirá! Esto afirma últimamente. Antes creía que la meta la marcaba él...

Y la marcaba, ¡vaya que si la marcaba! Y llegaba a destino. El marcado, el creado por él mismo. No siempre era de su agrado. No siempre el esperado.

Y recordó las enseñanzas recibidas a lo largo de la vida. Las últimas más claras y definidas, más directas. Y que una vez asumidas y aplicadas habían transformado su vida como de la noche al día... Y volvió a bajarse, contento de reconocer la Voz una vez más...

Y les vio seguir el viaje... a ninguna parte. Pues el destino eran ellos mismos, aunque no lo recordaban... Y por ello la ilusión de avanzar, en algunos. En otros era un simple viajar por viajar, o eso creían.

Tú sólo pon las ruedas en movimiento, el resto déjamelo a Mí”. 
¡Hecho Padre!
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Hola, durante un tiempo no entraré ni en vuestros blogs ni en el mío con la frecuencia de hasta ahora.

Gracias a todos. Un fuerte abrazo.
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lunes, 10 de marzo de 2014

El sol de media tarde...

Ese momento del día en que la tarde declina...

No es lo mismo el sol de la mañana que el de la tarde. Éste tiene, a mi modo de ver, un encanto especial. El día, sin haber finalizado, ha ido transcurriendo. Las cosas por hacer, por lo menos las más, tal vez ya estén hechas. La cosecha recogida, el trabajo realizado, la tarde llama al descanso. El ocaso se adivina...

La luz es otra. Ese color dorado que se va extendiendo por montes y prados, calles y fachadas, tejas rojas y viejas, parques infantiles con fuentes y risas. Espadañas de iglesias, campanarios, torreones, nidos de cigüeñas... Mil estrellas corren ondulando la corriente del río que baja limpio y alegre por la últimas lluvias y el deshielo de la nieve... Mil estrellas doradas.

Las copas de los árboles mecidas por el viento arruyan el valle donde habito. Distintos pájaros con sus distintos cantos acompañan la sifonía de la tarde, tranquila. La gente va regresando de su paseo por el valle.

Sentado en las ancestrales piedras, pintadas de líquenes viejos y enredaderas, de un pequeño murete que separa las vacas que pastan en el prado del camino de tierra, observo a los caminantes, que vuelven, o van..., y trato de adivinar, cuando no leer, a quien así lo quiere, qué esconden sus almas...

La campana, algo rota, de la iglesia de Arrazola da las seis. Un momento después las sombras que avanzan me levantan. El sol se ha ocultado tras la cresta de montañas. Durante unos minutos recorro yo mismo el camino acompañando el sol que se aleja...

La tarde... ¿Cuántas tardes doradas hemos vivido ya? ¿Cuántas más viviremos? Y sobre todo, ¿cómo lo haremos?

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YO SOY la Resurrección y la Vida de la provisión ilimitada de dinero para cubrir todas mis necesidades y deseos.

YO SOY LA Presencia Gobernante que me precede a donde yo vaya durante este día, 
ordenando perfecta Paz y Armonía en todos mis asuntos.
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domingo, 2 de marzo de 2014

Aquellos tiempos del ayer...

1951. Noia. Galicia. 3 años.

Mientras los mayores, sentados a la mesa y con cierta seriedad en el semblante y también en el lenguaje, charlaban de vaya usted a saber qué, me entretuve en quitar el papel de colores que cubría el caballito de cartón sobre ruedas que, posiblemente, correspondía al regalo de reyes de ese año. Recuerdo que era consciente, por las miradas que de vez en cuando les echaba, que no tenían intención de regañarme por ello...



1952. Santa Marta del Tormes. Salamanca. 4 años.

Escribí la carta a los reyes magos, y haciendo una bola con ella y saliendo a la puerta de casa, mi padre la tiró al tejado. Entramos, y a los pocos segundos llamaron a la puerta. Eran los reyes, sin verles por supuesto, que se la llevaban...


1955. Mallorca. 7 años.

Verano, fuerte calor. Encontré un pollito muerto en la calle... lo coloqué en media teja y lo cubrí de yerba verde. Me entretuve jugando con la teja al hombro y canturreando como si fuese un entierro. Un chico mayor que yo me preguntó que qué llevaba, se lo enseñé. Lo cogió y lo estuvo observando... "No está muerto" me dijo... Tal vez me dijo algo más que no entendí, seguí jugando. 

¡Ernestoooo! gritó mi madre desde el balcón... ¡A comer! Tiré la teja y el pollo contra la pared de la calle y subí corriendo a casa. A la media hora se oyó piar un pollito por la ventana. Bajé y allí estaba todo vivo... Al tirarlo lo que hice fue dejarlo a la sombra de la tapia. Y  puesto que no estaba muerto, sólo desmayado como luego supe, con el frescor revivió.

1956 Noia. Galicia. 8 años.

Las mujeres, principalmente por la tarde y con buen tiempo, salían a la puerta de sus casas y apoyando el mundillo sobre la pared o en el respaldo de una silla, y sentándose sobre otra pequeña y baja, empezaban a mover los dedos de forma vertiginosa haciendo que los bolillos de uno y otro lado se entremezclasen, formando esos dibujos de encajes que siempre me maravillaban que pudiesen salir de aquel aparente caos de hilos y bolillos.



1959. Ibiza. 11 años.