En palabras de “a centavo”, que solía repetir una buena amiga, solemos usar paraguas cuando llueve y gafas oscuras cuando el sol luce con intensidad. Abrigo en invierno y manga corta en verano. ¡Simple!
Con la misma simpleza y naturalidad que en el poema de Machado:
“Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca a de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.”
Partiremos un día de este mundo. Y aquí quedará el paraguas, las gafas oscuras, el abrigo, la manga corta y… el cuerpo físico que nos sirve hoy de soporte.
- ¿Soporte?… ¿Qué supone usted que abandona este mundo el día D?
- ¡Lo único que puede hacerlo! ¡Su esencia real! ¡Lo que usted ya es! Ha sido, ¡y siempre será!
- ¿Y esto es todo? ¿Así finaliza la vida?
- Así finalizará su vida actual, desde que nació hasta ese adiós. Luego ya, cuando quiera que sea, vuelta al ruedo. Nuevo curso a vivir, experimentar, aprender, evolucionar… ¡Todo un proceso natural, al margen de sus creencias o lo que sea que ignore hoy!
- Si esto es así, tal como lo expone, ¿quiere decir que el Miguel que soy, vuelve?
- Ése, como las golondrinas de Bécquer, no volverá! Lo que vuelve de nuevo es su esencia real. ¡Lo único que usted es!
- No acabo de verlo claro…
- Lo comprendo. Se lo digo en pocas palabras:
¡Cuando la <gota> (que cree que usted es) deja de ser, aparece el <Océano>! (que siempre es)

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