Que suceden cosas en el mundo que pueden inquietar al más “pintado”, sin duda. Que esas cosas vayan a afectar a todos por igual, en absoluto!
Que hay vaticinios que señalan que este planeta, igual que en su día la Atlántida, que se hundió en el océano debido a que “los dioses decidieron castigar a sus habitantes por su soberbia, inventos de destrucción y adelantos desmedidos”, no es el caso!
No cabría negar que, dada la “soberbia, inventos de destrucción y adelantos desmedidos”, que algunas naciones se empeñan en tratar de expandir o aplicar a otras, las primeras acaben hundidas en sus propias miserias.
¡La condición humana da para esto y más! Siempre y cuando la locura y la violencia impere en ella.
Que puede que las lluvias torrenciales que caen por doquier, y de las cuales tienes conocimiento, causen estragos, puede!
Pero también cabe que, “es posible que girando la esquina de aquella casa, donde no puedo ver, no esté lloviendo”.
Y por ello la enseñanza de Jesús afirma:
¡Caerán mil a tu lado y diez mil a tu diestra, pero a ti no han de tocarte!
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La «Realidad» que tú eres, más allá del "soñar", hace posible la última cita.













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