Un
padre, una madre, una hija adolescente… Unos abuelos muy cercanos.
-Estando
los tres juntos deciden que el padre recogerá el último día de
clase a la hija a su salida de la ikastola (escuela).
-Posteriormente
el padre llama a la hija, no a su madre, y le dice: “he recordado
que ese día tengo comida de empresa y no voy a poder recogerte.”
-La
joven se queda con la información, y tampoco dice nada a su madre,
dando por sentado que ya su padre lo habría hecho.
-Al
día siguiente y mientras las dos hermanas, 7 y 14 años, se
despedían de sus aitites (abuelos) por la mañana para coger el
autobús de clase, la adolescente le dice a su amana (abuela): “salgo
a las 14:30… me recoges”. Palabras que la amama no oye, sí su
aitite.
-Éste
tiene una cita en Bilbao y regresa a eso de la una del mediodía. Se
toma un pintxo y un Rueda… Y recoge a su esposa en el trabajo. (Se
hubiese quedado a tomar algo más pero, como había que recoger a
la nieta…)
-Una
vez ambos en el coche y en dirección a su casa, éste le recuerda el
compromiso de recogerla… A lo que la amama le dice que no la tienen
que recoger ellos. Que su madre le ha confirmado esa misma mañana
que la recogerá su padre… (la madre ignora la conversación del
padre con su hija el día anterior…) El aitite refunfuña
que de haberlo sabido se hubiesen quedado en Durango a dar una vuelta
y tomar algo.
-Llagados
al pueblo donde viven todos, los aitites se juntan con unos amigos en
la plaza.
-¡Dan
las dos y media!…
-A
los diez minutos llama la madre: “que nadie ha ido a recogerla…,
que el padre tiene comida y no puede, que la recojáis en casa de su
amiga Ana...”
-Como
la nieta no tiene el móvil, y ellos no saben dónde está la casa,
llaman de nuevo a la madre. Ésta les dice que les envía un teléfono por
whatsapp. Puesto que es el teléfono de la amiga de la hija desde el
que ha llamado a su madre, y después lo ha vuelto a apagar, vuelta a
llamar a la madre por parte de los aitites. Pero ya ésta comunica,
no lo coge, está fuera de cobertura, etc.
-El
aitite, no sabiendo con antelación que el padre ya había acordado
con su hija, solo con ella, que no podría recogerla, y conocedor del
paño que la familia se gastan… dice qué no es posible que si el
padre ha quedado en recogerla, no lo haya hecho.
-La
amama, que no se había enterado que la nieta le había pedido que la
recogiese ella, sugiere que tal vez el padre esté trabajando
todavía… A lo que el aitite vuele a afirmar que no es posible que
si el padre hubiese sabido que no podría recogerla, no haya avisado
a nadie.
-La
nieta esperando, el padre de comida, la madre sin conexión, el
teléfono de la amiga apagado… Cierto que la adolescente podía
haber avisado a sus aitites! Y…
-...El
matrimonio amigo que estaba con estos les confirma que el nombre de
Ana dado junto al teléfono por wahatsapp, no es el de la madre de la
amiga, sino el de la hija, y que ellos sí tienen dicho teléfono de
la madre.
-Llaman…,
quedan en recogerla, la recoge su aitite y, haciendo risas con ésta
mientras regresaban al comentarle éste que su amama no se había
enterado del encargo de esa mañana: “amama ven a buscarme”, y
otras anécdotas de la familia, a la que su aitite llama: “telerín”,
familia telerín, razones tiene para ello, llegan a destino!
Y
colorín colorado esta historia… ¿se ha acabado?…, ya os aseguro
yo que no!
¡¡Telerín
telerín… cabalga sin fin!! :)))))
Y
a todos vosotros, amigos, y lectores ocasionales, amigos también,
desearos que despidáis este año que termina con alegría. Y que si
bien pudo ser mejor, seguro que ha supuesto muchos momentos de
satisfacción. Y los que no, pensad si no encerraban en sí mismos
alguna lección para vosotros.
Y
no olvidéis también que no hay tal año nuevo… Tras las
campanadas de media noche del 31, comienza un día más. ¡Uno solo!
Haced de cada uno, uno a uno, algo satisfactorio.
¡Casi
todo está en vuestra mano!
Abrazos.














