Hay sol en lontananza, si bien sobre mí se ciernen nubes oscuras… Ha llovido. Las calles están húmedas. Poca gente transita por ellas. Y lo hace abrigada. Y además, tienen un objetivo… ¡Próximo y concreto!
Los pequeños árboles que adornan la calle los podaron ayer. Los prepararon para el nuevo ciclo que comienza. ¡La vida continúa!
A pesar de los tambores de guerra y las trompetas de Jericó que suenan a lo lejos, la vida aquí y ahora, fluye serena.
Son las 8:15 de la mañana de este segundo sábado del nuevo año. Quedarán por llegar unos 50 sábados más. Pero lo harán uno a uno, día a día, instante a instante. ¡Ni antes ni después!
¡A qué preocuparse hoy, ahora, té o café en mano, por lo que quiera que sea que pueda suceder… Mañana, el mes siguiente, la próxima Navidad!
El «valle de lágrimas» que algunas personas viven con intensidad, no les sucede sólo cuando, si fuese el caso, lo cruzan. Sino mucho antes de que pueda llegar a suceder. ¡Si es que les sucede alguna vez!
¡Pero ellas ya lo experimentan mental y emocionalmente al “vivirlo” con anterioridad!


























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