viernes, 25 de noviembre de 2016

Black Friday.


Los viernes por la tarde era una fiesta en su empresa. Todos sus compañeros celebraban anticipadamente el fin de semana. Ambiente desenfadado, risas por doquier, todo fluía con alegría… Se despedían al salir, se deseaban buen “finde”. Se preparaban para lo que había de llegar…
¿Y qué era ello? ¡Pues principalmente el hacer algo distinto al resto de la semana! (También dejar de trabajar. Como si hubiesen hecho suyo el castigo divino de: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
Los lunes por la mañana las mismas personas del viernes se veían de nuevo… Risas ninguna, sonrisas las menos… Lo más, lamentaciones, caras apesadumbradas, maldiciendo el día, el trabajo, las circunstancias del vivir el instante, etc. Y no ellos solos, sino que la mayoría de las personas que visitaban la empresa o fuera de ella, estaban en una situación similar. ¡Para ellos los lunes un calvario!
Él observaba todo esto con cierto desapego. No era partícipe de semejante realidad. Cierto que distinguía el viernes del lunes, cómo no. Pero ahí acababa toda similitud. De hecho tenía una curiosa forma de vivir/contar los días:
-Los lunes: el mejor día de la semana. Le gustaba trabajar y el trabajo que hacía. Chófer. La carga y descarga de material que realizaba le permitía ese ejercicio necesario que le mantenía ágil. Le gustaba conducir/viajar y todos los días realizaba un largo trayecto de reparto. Le pagaban por ello.
-Los martes eran el siguiente buen día y además la víspera de la mitad de la semana.
-Los miércoles: la mitad.
-Los jueves eran la víspera del último día…
-Los viernes, último día de trabajo e inicio del finde. Dándose la circunstancia de que era el único de los 69 miembros de la empresa que libraba los viernes al mediodía… Todos los demás a las siete de la tarde.
Un lunes mientras preparaba sus trabajos oía a unas compañeras de oficina relatarse algunas vivencias del fin de semana con cierta satisfacción. Para a los pocos minutos pasar al estado siguiente, común y repetitivo, de cada lunes. Les hizo una observación:
¿Diríais que el viernes pasado estabais exultantes por la perspectiva del finde siendo en realidad un día más de la semana?
Claro, ―contestaron ellas!
¡Si celebráis los viernes, lloraréis los lunes! Todos los días son iguales. Si magnificáis uno, el péndulo de la vida hará que desvaloréis otro. En realidad sois vosotras mismas quienes tintáis los días, y por extensión vuestras vidas. Ellos son siempre igual. ¡Tiempo! O mejor dicho: ‘instantes!
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Si sales a la calle con escudo (protector) acabará apareciendo la lanza que hace juego con él.
Si proyectas defensas ante ataques inexistentes, estos acabarán apareciendo en consonancia con aquellas.
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domingo, 20 de noviembre de 2016

Timo de un huevo americano.

Envases y procedimiento de los cuerpos crionizados. (EEUU)

¿Qué fue primero el huevo o la gallina. El timador o el timado. El pueblo americano o Donald Trump?

Sobre el primer punto es que huevo y gallina son la consecuencia de la evolución del mundo. En este caso la evolución de las especies. De la ameba unicelular surgió el primer organismo vivo de dos células, que al irse multiplicando éstas fueron formando todo lo que hoy existe. Tú incluido. (37 billones de células distintas conforman tu cuerpo. No a ti)

Sobre la segunda, es sencilla, ¡si hay timadores es porque hay personas proclives a ser timadas! ‘Ley de causa y efecto! En este caso si no se genera el efecto, timado, la causa, timador, desaparece.

Y sobre la tercera qué decir. Podría valer la reflexión de la segunda. Algo así cómo: si el pueblo americano no fuese como es, no saldría jamás un presidente como Donald Trump.

Esta reflexión sobre estos tres puntos surgió al escuchar a alguien en tv, que podría ser el representante visible de la crionización en este país (conservación en hielo de un cuerpo para ser “devuelto a la vida" años después) decir cuando le preguntaron que en absoluto este método se basaba en beneficios económicos. 

«Una joven de 14 años ha conseguido en los tribunales ingleses que después de morir su cuerpo sea preservado mediante el método de la crionización a la espera de que los investigadores encuentren una cura para su enfermedad. La niña, de la que no ha trascendido su identidad, padecía desde hacía tiempo un tipo raro de cáncer y antes de fallecer el pasado octubre comunicó a sus padres este deseo. "No quiero ser enterrada bajo tierra. Quiero vivir más tiempo y creo que en el futuro encontrarán una cura para mi cáncer", escribió en su alegato a los jueces antes de morir.

"Creo que ser crionizada me dará la oportunidad de ser curada y despertar, aunque sea dentro de cientos de años", explicó ella. 

El padre estuvo en contra porque: "aunque la traigan de nuevo a la vida en 200 años o los que sean, no recordará nada y no tendrá ningún familiar", ha explicado, lamentando que en un futuro "mi hija de solo 14 años estará sola en Estados Unidos."

Es precisamente allí donde el cuerpo de la menor será trasladado próximamente después de que antes de fallecer prepararan su cuerpo para la crionización. Este procedimiento podría haber costado a la familia cerca de 43.000 euros.

La joven falleció en octubre sabiendo que su cuerpo sería preservado».

La realidad de este caso, más allá de las creencias bien intencionadas por un lado y por otro interesadas, es que cuando quiera que sea que llegue el momento de revivir el cuerpo, o lo que quede de él, quedará sólo eso: el cuerpo. Como quedará el último abrigo comprado, la silla en que se sentaba y los zapatos de charol regalados por su cumpleaños. Y todo ello tendrá la misma trascendencia: ¡objetos! 

¿La niña? Lo que realmente es un «ser» que encarnó en su momento para vivir una experiencia de vida, siguió su proceso tras la muerte del cuerpo. Y totalmente al margen de éste, la silla, el abrigo y los zapatos. Y es más que probable que antes de que ese cuerpo crionizado años antes sea reanimado, haya vuelto a encarnar en este mundo utilizando cuantos cuerpos hayan sido gestados por sus diferentes madres.

lunes, 14 de noviembre de 2016

toc toc...


Es sencillo llamar a las puertas, pero no es fácil llamar a ciertas puertas.

Quien más quien menos todos tenemos alguna puerta a la que habría que llamar pero… no lo hacemos. Nos gustaría, claro, pero algo nos lo impide. Y, es curioso, tal vez la mayoría piense que el obstáculo se halla al otro lado de ésta. Y no digo que no sea así puntualmente…, pero creo que el paso del tiempo acaba situando la responsabilidad en éste. El nuestro.

¿Por qué dice esto? ¿Usted no sabe lo que me hizo/hicieron?
¡Cierto!… Pero dígame, ¿a día de hoy podría asegurar que no es usted, solo, quien alimenta ese sentimiento de rechazo? ¿Que la otra parte ha superado ya la situación? En parte porque los hechos tuvieron una cierta razón de ser, en parte porque la/las personas implicadas ya no son “aquello”.
¡Claro que siento ese rechazo! ¡Y quién no!
No me refiero al sentimiento en sí, eso puede ser normal. Me refiero al espantajo que ha creado, en su mente y sentimientos, de la situación, o personas implicadas, y al que sigue alimentando para seguir sosteniendo esa situación que fue…, pero que tal vez ya no sea. No será su caso, pero he visto rechazar el acercamiento, la disculpa, la explicación de lo sucedido por parte del otro, cuando ya las cosas debían tomar otros derroteros, otros cauces de comunicación. Permitir los sentimientos naturales… En realidad he visto apostar a quienes “lo que me hicieron”, por la continuidad de su rencor, por su incapacidad de perdonar, comprender…, aceptar al fin y al cabo. Y comprobar como, sino con los mismos hechos, sí comportarse con una actitud similar.
¿Hasta cuándo va a permitirse seguir encadenado?

jueves, 10 de noviembre de 2016

¡amanece!... al otro lado.


Habían trascurrido más de cuatro años del fallecimiento de su esposa. Esa noche se encontraba fregando los platos de la cena mientras su hija acostaba a las pequeñas. Un pensamiento llegó hasta él, recurrente, pues no era la primera vez.

Recordaba aquel día como uno de los más sorprendentes de su vida, y a la vez natural. No sabría explicarlo, de hecho sabía que no tenía explicación… y sin embargo todo estaba claro en su interior.

Ingresada en el hospital desde hacia una semana, en fase terminal y totalmente inconsciente, los médicos no tenían claro cuando pudiera producirse el desenlace. Su cuerpo era fuerte y parecía resistirse.

Una vez más a la hora de comer bajó a la cafetería. Como siempre las mesas ocupadas a esas horas, y como casi siempre le sentaron con alguien. Tras las primeras palabras formales con su compañero de mesa se interesó por si también tenía a alguien ingresado.

Sí, ―respondió éste―, mi hija pequeña ha dado a luz hace unos días. ¿Y tú?
Y le contó los hechos… ¡Para estar como está...debería irse ya!

Recuerda ahora que la persona que tenía sentada enfrente, uno hombre de, tal vez, unos 50 años, le miró de una manera determinada, eso creyó percibir sin ser muy consciente… Como si prestase una atención especial a lo que él decía. Recuerda que también notó como un algo que infundía serenidad al momento. Incluso sintió que su propia preocupación y disgusto por la situación de su esposa se mitigaba. Y sucedió…

Por unos segundos creyó ver que, si bien la mirada de aquel hombre estaba en la suya, éste parecía no estar allí, como ausente… Fue un nada. La conversación siguió su curso. Cuando se despidió, estrechándole la mano, volvió a notar esa calidez que ya había percibido en su mirar.

A media tarde su esposa abandonaba este mundo tras una larga y placentera convivencia mutua.

Fue más tarde, unos dos semanas después, que los hechos volvieron a su mente… Y tuvo el claro convencimiento de que aquel hombre, en un natural proceder, se despidió de su mujer...

domingo, 6 de noviembre de 2016

...silla de comprensión.


Cierto canto de muchos pájaros, no habituales en la zona, le hace asomarse a la terraza. Decenas de estorninos revolotean en y alrededor de la higuera que tiene el caserío de enfrente en la huerta. Entran en ella, salen, se posan en otros árboles vecinos, todo un guirigay de vida y sonido. Los estorninos, esos pájaros negros con pintas que vuelan en grandes bandadas dando vueltas al atardecer en pueblos, parques y ciudades hasta que se posan todos juntos en ciertos árboles que les sirven de dormidera. Media hora más tarde ya se habían ido a otra parte. Llegaron, la utilizaron por un tiempo determinado y se fueron. ¡Avanzaron!

¿Y a dónde han ido nuestros pájaros de ayer, nuestras creencias? “No puedes evitar que un pájaro se pose en tu cabeza. Pero sí puedes evitar que permanezca el tiempo suficiente para hacerse el nido.” (Dicho de sabiduría referido más bien a pensamientos inadecuados).

¿O es que viniste con una mochila concreta en la que no cabe nada nuevo y lo viejo, por apego emocional, se va quedando como las cosas en desuso guardadas en el desván?

Creencias es eso que de pequeño te inculcaron en casa, la escuela, la sociedad, la cultura imperante de la época y país… Con el consiguiente conocimiento e ignorancia sobre los temas. Algo necesario, creían, e imprescindible para la convivencia común. Pero… no cabe duda que de aquellas creencias, historias sagradas, cuentos, fábulas, que te contaron acorde con tu edad, habrás tenido que procesarlas en función de tu propia madurez y experiencias en la vida. No es lo mismo seis años que dieciocho, cuarenta que setenta y dos. Algunas se han quedado en el camino, otras has incorporado… Eres hoy el resultado de ese soltar/acoger. ¿La medida? En función de ti mismo. No cabría responsabilizar, a día de hoy, a quienes hicieron lo mejor que sabían ayer.

Recuerda las suyas sobre la religión concretamente, que no aguantaron ni meses cuando salió al mundo laboral, 16 años, y comprendió que lo enseñado no tenía cabida en el. ¡Qué buenos son que nos daban religión. Pin Pon! ¡Fin de la historia! Pero…

...la Vida tenía otros planes para él.

Pasaron muchos años hasta que tuvo que replantearse la vida entera… ―¿La vida entera?―. Prácticamente toda!

Estudios, trabajos, tiendas propias. Libertad, medios, viajes, la vida un torbellino de luz y color… ¿Para qué querría saber o preocuparse de cosas más profundas si aquello ya se parecía al paraíso? :) Pero, un día todo aquello empezó a girar. Y como un día cualquiera pasó de la luz de la mañana a la sombra del atardecer y de ésta a la oscuridad de la noche. Y en esa fría y desconcertante noche, sin medios y con un futuro incierto, pasaron un largo tiempo… Unos tres años.

La incertidumbre, el miedo a lo desconocido, la inseguridad, la pérdida de casi todo lo que tenían o creían ser, le hizo un día preguntarse que si todo lo que eran se estaba desmoronando, ¡algo más tenía que haber!

Esa disposición interna y profunda, ese “más abajo no se puede ir”, hizo que la Vida comprendiese que el momento había llegado. Que las pajas y las bambalinas imperantes habían desaparecido (a la fuerza, no porque él quisiera, si bien después comprendió que todo aquello, el proceso, para el cual nació, era, según pensó durante más de 20 años, una bendición del cielo).

Un amigo suyo le dejó por unos minutos mientras le esperaba cierto libro, que abrió al azar, y ahí leyó tres o cuatro renglones. ¡Cambiaron su vida! Cerró el libro y se preguntó: ¿a ver si estos van a tener razón? ¡Estos!, su amigo, la iglesia, los curas, el cielo, Dios… Todo ese mundo desconocido que de alguna manera podía asociar con la idea de algo espiritual... Y a la vez diferente a donde se encontraba. Algo que debía ser real y que él desconocía totalmente. ¡Y tomó la firme determinación de saber!

Compró dicho libro, que tuvieron de lectura diaria por más de 4 años, empezó a leer la Biblia, llegaron otros libros, de Metafísica espiritual… Otros después. Más de 20 años estuvo en esa dinámica viendo cambiar su vida y sus condiciones de vida. Entiéndase económicas, materiales, emocionales, mentales, etc. ¡No, jamás pertenecieron, estuvieron o se relacionaron con grupo alguno de ninguna índole! El Maestro era personal y las lecciones directas.

¿Maestro? ¡Sí! Con diferentes nombres en diferentes momentos pero sí. ¡Maestro! (Léase la Vida Una. ESO. Todo Lo Que Es)

Años después sacaba de casa casi todos los libros utilizados. Dejó de realizar decretos, oraciones y bendiciones… El Maestro había desaparecido. Y supo que todo es una sola cosa. Y que él era ESO.
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Cuando la gota que crees ser desaparece (yo, tú, él), aparece el Océano que siempre eres..
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Esta cita, repetida hasta la saciedad, viene a señalarlo todo. Lo que eres, lo que son, lo que es. Pero es tan simple, y hasta ordinaria, que cuesta entenderla, y no digamos ya aceptarla. Pero sabe que en esa silla de comprensión te sentarás un día. ¡Toda tu vida y razón de ser no tiene otro objetivo!

viernes, 4 de noviembre de 2016

El canto del pájaro.



Anthony de Mello, S.J.

Más vale malo conocido que...


Más vale malo conocido que bueno por conocer”

Frase hecha con un cierto sentido aparente sin sentido real. Permite entender lo que quien la expresa quiere decir pero… en realidad no concreta nada. Un conjunto de palabras más, de las miles que se pronuncian, que queriendo decir algo no dicen nada

En primer lugar es una declaración de intenciones algo limitativa. Uno parece quedarse en lo malo.

En segundo lugar el mismo “uno” parece negarse a lo que de bueno la vida le depara.

Y en tercer lugar, quiera quedarse o negarse, la vida que lo habita se vivirá a sí misma a través de ese cuerpo-mente que él cree ser.

Oiga…, escuchándole se diría que eso que llaman destino no existe… Según da a entender con eso de la vida que lo habita pareciera que la persona tiene poca capacidad de decisión.
Bueno, no crea que es exactamente así, aunque mucho de cierto hay… Si llueve, puede decidir salir sin paraguas.
Me mojaría entonces!
¡Claro, pero la decisión habría sido suya!
¿Quiere decir que puedo tomar ciertas decisiones pero otras no?
Algo parecido, sí. Puede decidir el color de los zapatos que vaya a ponerse, saludar o no a los vecinos que se encuentre en la escalera, abrigarse en días de frío o salir en manga corta. Puede decidir muchas cosas, pero lo fundamental no puede decidirlo, ¡no está en su mano!
No lo comprendo…
Mientras sueñe… la vida, puede hacer lo que le parezca. Si bien haga lo que haga acepte las consecuencias… en el sueño. Cuando despierte, cuando quiera que sea, y esto tampoco estaría en su mano, se dará cuenta no sólo que soñaba, sino que no hubo/hay nadie a quien le sucediese nada.
Las cosas suceden, ¡es todo!
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Lo que sucederá no lo podemos evitar. Y lo que no sucederá no lo podemos forzar. Todo sucede porque ha de suceder.
(Chao-Hsiu-Chen en su libro: El Maestro)
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martes, 1 de noviembre de 2016

...un beso en la boca y una sonrisa.


Sentado en los bancos de madera a la orilla del río Pisuerga le gustaba tocar la flauta travesera en el silencio de la tarde y al son del ruiseñor. Llevaba tres semanas en Aguilar de Campoo y ya le conocían como el flautista del río. Y hasta se decía que las truchas frecuentaban más la zona desde su llegada.

Se bajó un día del autobús en aquel pueblo como podía haberse bajado en cualquier otro. Viajaba sin destino.

Un mes atrás cerró la empresa en la que trabajó durante 21 años. Decidió tomarse un tiempo antes de plantearse ningún proyecto. Una tarde de final de verano salía de Madrid. Mientras contemplaba el paisaje de campos de amapolas, espigas doradas y algunos pueblos en fiestas,  no pudo evitar que ciertos acontecimientos vividos se hiciesen presente…

Margari, la mujer que compartía sus noches de viernes a domingo, que es cuando él viajaba hasta la vecina ciudad donde ésta residía, se había ido. Se conocieron en la boda de una amiga común años atrás. Algo surgió entre ellos… Cierto que habían hablado, ella trató de explicarle lo que sucedía. Él lo aceptó todo. Su ex-marido le había planteado si habría alguna posibilidad de volver a vivir juntos. Ella le dijo que sí. Él trató de comprender que la vida es así, pero no pudo evitar que el corazón sintiese…

Al mes y medio de su llegada ya tocaba los domingos en la iglesia con el grupo de música. Solía comer o cenar algunos días con el cura. Ambos de una edad aproximada. No era raro verlos pasear juntos enfrascados en conversación o tomando un vino blanco en la plaza.

Juan, ¿quién es este hombre? ―le preguntó el dueño del obrador de panadería―.
¿Te refieres a Miguel?
Sí.
En lo que le conozco, una buena persona.
Es que como no le veo trabajar en nada...
Entiendo, ¿por qué lo preguntas?
Bueno, es que mi hija me ha planteado la posibilidad de que le contratemos para el obrador…
Sí. ―contestó el sacerdote sonriendo―, ya me he dado cuenta de las miradas de Manuela. Pero no sabría decirte si hay correspondencia… Además no me ha comentado nada de trabajo.
Eso es en parte lo que me preocupa… Últimamente no hace más que hablar de él.
Bueno, edad tiene ya para saber lo que quiere…
Sí, eso es cierto. No voy a negar que tanto su madre como yo ya empezábamos a preocuparnos por el paso del tiempo…
Puedo decirte que no es un vagabundo. Ha trabajado hasta hace poco, tiene piso en Madrid, una casa que le dejaron sus abuelos en Noia, y no creo que carezca de medios.

Seis meses después Manuela, embarazada, le despedía todas las mañanas con un beso en la boca y una sonrisa cuando éste, cargada la furgoneta de pan y pasteles, salía de reparto por los pueblos vecinos.

jueves, 27 de octubre de 2016

La palabra...


La palabra es eso que, pronunciada, tiende a significar algo que quien la emplea pretende. Pero no necesariamente esa palabra significará lo mismo para todos. Que muchos la empleen en un cierto sentido no significaría que señale lo real de la cosa en sí.

Se me ocurren dos como ejemplo. La primera sería “crótalo”. La mayoría de nosotros pensaremos que se trata de una serpiente venenosa. Y así es, pero también tiene otro significado diametralmente distinto: “castañuelas”. Instrumento musical.

Supe de esta última acepción tras una experiencia, cuando menos, sorprendente.

Viajábamos en coche cinco amigos que habíamos decidido ir a visitar a otro que pasaba, junto a su hermana, unos días de vacaciones en un monasterio con hospedería. Viaje largo y entretenido. En un momento dado uno, que ya la conocía, sacó el tema de la palabra “crótalo” y sus dos versiones. La discusión se generalizó. A mitad de camino descubrimos a la salida de un pequeño pueblo un envejecido bar vivienda al borde de la carretera. Paramos a almorzar. Si por fuera el bar denotaba los años pasados, por dentro no se quedaba atrás. Un hombre mayor nos atendió.

Tras los cafés decidí llamar por teléfono, no había móviles entonces. Me hicieron pasar a un cuarto trasero del bar. Viejo, con polvo y en desuso. Descolgué el teléfono de la pared, marqué el número y mientras esperaba que lo cogiesen al otro lado me fijé que sobre una silla antigua de cierto empaque que se encontraba debajo del teléfono, había un voluminoso libro. Leí en la portada la palabra “Diccionario”… y debajo las letras A, B, C, D, E. Es decir, ese viejo y grueso libro, de unos ocho cm de grosor, sólo contenía las definiciones de cinco letras. Con la mirada busqué a mi alrededor algún otro que completase el abecedario, estantería, mesa, mueble, nada vi. Un solo libro, un solo diccionario… y correspondiente a la letra C, de crótalo.

Cuando acabé de hablar cogí el libro y sentándome en la mesa pudimos confirmar que dicha palabra también se utiliza como castañuelas. Eso ya era lo de menos. Un año después volví a recorrer el mismo trayecto y el bar no estaba. Ni rastro. 

La otra palabra, que se emplea no ya en un sentido o dos sino en el de miles, es la palabra “Dios”.

Muchos son lo que la tienen en la boca y pensamiento, la palabra, sólo la palabra, en uno u otro sentido, ya digo, miles de miles. Unos alaban otros despotrican. Unos afirman otros niegan. A unos les produce indiferencia y otros cruzan océanos por llevarla a otras tierras… Como si en esos pueblos no hubiese ya su propia denominación para señalar a “ESO”. Y muy probablemente con mayor sentido de realidad.

martes, 25 de octubre de 2016

lunes, 17 de octubre de 2016

...mi querida amiga!



Ziara y Naia. 

Ibiza. 2011.

¡Amaaaama, (abuela) mi querida amiga!...

Así se expresaba Ziara, 5 años, hace unos días abrazándose a su amama. Suele dormir con nosotros uno o dos días a la semana. También su hermana Naia, 12 años. Se acuesta con ella antes de que yo vaya a la cama. Tiene la costumbre de tocar, dormida, a quien está a su lado. Cabeza, cuello, cara, el caso es “saberse” acompañada.

Cuando me meto yo tiende a poner una de sus piernas sobre mí, y creo que así pasa la noche. Cuando no la tengo pegada a mi espalda. Observo últimamente que duerme más hacia mí que hacia mi esposa. Tiene una relación muy especial con ésta. Con toda la familia pero especialmente con ella.

A los pocos meses de nacer, tal vez de antes de la primera fotografía, ya podía estar en brazos de quien fuese, su madre incluida, que era aparecer yo y tirarme sus brazos para que la cogiese. Y no porque hubiese sido una práctica anterior mía… Fue algo sorprendente! Después amainó la cosa y se generalizó con otros.

Anteayer al despertarse se abrazó a mi cuello y dijo dulcemente: aitiiite… (abuelo)
Naia, Ziara. 2016.

El río de la vida que fluye en el valle sigue su curso… ¡Natural! Y así de natural es el fluir de nuestras vidas.

En cierta consonancia con mi texto de hoy me hago eco de las palabras de Ángela en una entrada anterior, pues reflejan fielmente la esencia de la vida que trato aquí. ¡Sencillez!

Las cosas en la vida, simplemente pasan, pero la resistencia lleva a un estado de sufrimiento mucho peor que el dolor en sí.
Porque el dolor es puntual, viene y se va, sin embargo el sufrimiento es como cargar con una mochila a cuestas, impregnando la vida toda con ese matiz, con una desgracia que fabricamos de una realidad que no existe.
Y dejar de resistirse no es resignación ni pasividad, es aceptar y comprender.
No resistirse es respetar la realidad tal cual, y en este otoño que ahora nos toca vivir, observar detenidamente cada textura, cada color, cada imagen sin pretender cambiar nada.
Y de este vivir sin resistencia se desprende la paz, el vivir sereno.”

miércoles, 12 de octubre de 2016

Dulce caramillo...

Caramillo: flauta hecha del cuerno de las ovejas y usado por los pastores desde tiempos antiguos.

Con su mochila al lado y un amplio sombrero boca arriba delante de él, era habitual verle los días de mercado bajo los soportales de la plaza de Saldaña tocando el caramillo. Le encantaba tocar ese instrumento antiguo y musical que le legó su abuelo. Éste, pastor de las tierras zamoranas de la Comarca de Aliste le enseñó a tocarlo en los veranos que, de vacaciones, le acompañaba con el rebaño.

Cuántas noches se durmió al raso junto a su abuelo y los mastines oyéndole contar historias que, de mayor supo, siempre encerraban una enseñanza o lección. Cuántas veces veía moverse el cielo, eso creía entonces, al observar que las estrellas se movían… Al ulular del búho real se quedó muchas veces dormido.

Dos mujeres de mediana edad se pararon delante de él y, mientras depositaban unas monedas en el sombrero, le comentaba una a la otra:

-Hoy he puesto cocido para comer. Como le gusta a Juan, ¡con todo! Después yemas tostadas…
-Qué ricas, contestó la otra. Tienes que enseñarme a hacerlas. Lo he intentado pero no me salen como las tuyas.
-Cuando quieras…
Y siguieron hablando de platos y otras cosas delante del músico callejero quien, y sin que se diesen cuenta, había dejado de tocar.
-¡Uy!…, dijo una de ellas al observar que éste las miraba sonriendo, nos hemos puesto a hablar delante de ti sin darnos cuenta…
-No se preocupen, dijo el músico amablemente, y dirigiéndose a la primera le comentó: de ese cocido que hablaba, y que los hacía mi madre también, ya comería un buen plato caliente…
Las dos mujeres soltaron la carcajada por el desenfado del joven.
-Pues mira, has tenido suerte, invitado quedas a comer! A las dos y media te esperamos en casa. Y explicándole dónde era se alejaron sonriendo.

Sentados los dos hombres a la mesa en una acogedora cocina, donde ardía en la chimenea la roja encina castellana, la hija del matrimonio le preguntó:

-¿Quieres agua o vino? A lo que éste contestó sonriendo, ¡agradezco de vez en cuando un buen vaso de tinto!

Una comida entrañable. Una generalizada conversación permitió risas y confianzas que fueron desembocando en pequeñas confesiones…

El joven músico, que no lo era tanto pues ya peinaba sus 39 años, les explicó que si bien parecía un trotamundos no lo era, por lo menos en su acepción de vagabundo. Les dijo que junto a un socio tenía una pequeña empresa de informática y publicidad. Y que estas salidas al mundo las hacía por puro placer de recorrer pueblos y conocer gentes. Reconoció que en ello había mucho de las andanzas con su abuelo y sus enseñanzas.

Aquella noche cenó de nuevo con ellos. Y al día siguiente las gentes del lugar volvieron a oír las dulces notas del caramillo. 

viernes, 7 de octubre de 2016

...la vecina del 5º.


Para toda acción hay una reacción igual y opuesta. Para toda fuerza aplicada hay una fuerza contraria de igual magnitud. El ”mundo”, el universo, maya (ilusión) solo existe en virtud de la resistencia que se le opone: si empujas contra ello, ello empuja de vuelta.
La única vía a la libertad es la rendición… Dejas de empujar, de autoafirmarte, y la ilusión deja de empujar de vuelta, deja de autoafirmarse. Deja de empujar, de poner energía en el sistema, y no habrá energía en el sistema para empujar de vuelta. Deja de contar la historia, y sin la constante aportación de energía la historia se desvanecerá. Para de crearla.
David Carse. Perfecta Brillante Quietud, página: 255.

Nuestra vecina del piso de arriba nos hacía la vida difícil con sus aportaciones a la convivencia… No tenía, o no le funcionaba, el centrifugado de su lavadora y tendía la ropa chorreando en su terraza. Conclusión, nuestra terraza empapada y todo lo que hubiese en ella, personas incluidas, salpicadas. Cuando no sacudir sus alfombras a cualquier hora sin tener en cuenta si estábamos en la terraza o no. Llamadas de atención, etc. Poco podía hacerse… “En Madrid estas cosas se hacen así” solía responder.

Por aquel tiempo nos movíamos, a nivel particular, nunca pertenecimos ni asistimos a grupos de nada, en lo que puede catalogarse de Metafísica espiritual. Ciertos libros llegaron hasta nosotros y nos fueron dando (suceder) otra perspectiva de las cosas y la vida. Que por supuesto aplicamos con diligencia pues veíamos los cambios que se producían en las nuestras. Oración, bendición, perdón, aceptación. Decretos mil que hacían que las circunstancias fuesen otras. Hoy todo eso está trascendido. Pero fueron en su momento como los peldaños de una escalera que nos iba sacando (suceder) de ciertas situaciones. Haciéndonos avanzar, por decirlo de alguna manera.

El caso es que trabajamos esa dinámica con dicha vecina… Al cabo de varios meses le pregunté a mi esposa: ¿sigue viviendo P… arriba? ¡Había desaparecido de nuestras vidas! Por supuesto hoy sigue residiendo en su casa y mantenemos una agradable relación.

Aquietarse, en todos los aspectos, es la clave para que el suceder natural fluya y…, no siendo ya nosotros quienes actuamos, permitimos que las cosas sucedan de otra manera. Además esta forma de vida/aceptación nos libera de toda responsabilidad. Da gran libertad, serenidad y paz.

Y es el camino perfecto. Aunque hoy transites por otros que no lo parezcan...

-”Pues para como está el mundo hay que reconocer que lo que explica parece fuera de lugar…”
-”¡No le quepa la menos duda que lo está!”
-”¿Entonces?”…
-”Sálgase del mundo!”
-”¿Cómo puede uno salirse del mundo. Cómo aislarse de lo que sucede… Cómo dejar de ser uno mismo?”
-”El ”mundo”, el universo, maya (ilusión) solo existe en virtud de la resistencia que se le opone: si empujas contra ello, ello empuja de vuelta.”
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Todo esto es el significado de aquellas palabras:
Aquiétate y sabe que YO SOY Dios”.
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domingo, 2 de octubre de 2016

El entrañable otoño...


Una época especial para encuentros. Comunicación, diálogo, conocerse… Una tarde soleada tras los cristales de una cafetería esperando a la persona con las que has quedado. ¡Simple! Y a la vez tan necesario en lo que son las relaciones humanas… Son, o se van re-convirtiendo con tanta “tecnología”.

Esta mañana en la terraza de un viejo café de la ciudad había una familia sentada, el matrimonio y dos niños de unos 12/14 años. Los dos adultos trasteaban con el móvil lo mismo que el mayor de los hijos. Imagen no sólo normal hoy en día, sino que marca la tendencia de la incomunicación que se va instalando.


Lo mismo que cuando llegan a casa los miembros familiares, adultos o niños, y se envuelven en la misma tecnología. He visto a los primeros, ignorantes del daño que prestan a los menores, enfrascarse en temas ajenos, que no dudo de su relevancia: información, entretenimientos, juegos, cuando no el papel de salvapatrias… u orador en la barra del bar.

Y lo digo hoy con las sienes blancas, ya que con el pelo negro alimentaba la misma ignorancia
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Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen…
Puedes darles tu amor,
pero no tus
pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no pueden visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.
Khalil Gibran.
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sábado, 24 de septiembre de 2016

...se dejó hacer.


El viento de media tarde meció las ramas de los árboles que, bordeando la orilla, daban sombra a la hierba, y una lluvia de pequeñas hojas doradas cubrió las aguas de la laguna. Una nube, jugando al escondite, ocultó en parte al sol… dando la bienvenida al incipiente ocaso. La tarde declina. Las copas de los viejos olmos, a lo lejos, se tintan de rojo. El campanario del pueblo se hace presente con ocho tañidos...

Cerró sus ojos y se dejó embargar por la calidez del momento. Algo somnoliento la cubría, se dejó hacer…

Se vio de pequeña en su cama antes de dormirse y mientras su aitite (abuelo) le contaba el cuento de cada noche. La mosca Gumersinda, el pequeño ratón Pérez que le dejaba dinero cada vez que se le caía un diente, la golondrina azul, la lechuza de lunares rojos sobre blanco, el autillo verde con sombrero. Los vilanos de colores que la visitaban cuando pasaban por su ventana abierta, haciéndole cosquillas en la nariz mientras dormía. La rana, la gata, el perro del caserío, la mariposa y la mariquita, y tantas y tantas historias como le contaba…


Recordó también cómo según iba menguando su interés por los cuentos de niña, acorde con su edad y madurez, su aitite fue cambiando el sentido de los relatos. Entretenidos todos, sí, pero estos últimos eran otra cosa. Enlazaban ya entonces con la mujer que después fue, es!

Las estrellas, las galaxias, el cosmos, la formación del mundo. La velocidad de la luz… Cómo una estrella muerta hacía años seguía viéndose actualmente. Lo relativo y lo concreto de las cosas. De la vida. El nacimiento y la partida. El “hola” y el “hasta la vuelta”. Dios y lo profano. Lo real y la apariencia. Recordaba que no todo lo entendía a la primera, sí la mayor parte, pero había notado que él no le daba importancia a ello. Tranquila, le decía, ya florecerá… Y así solía ser!

Hoy es consciente del cuidado que le prodigaba, entonces, y acorde con su capacidad de comprensión, y más que ésta el momento que vivía, para no embarcarla en cosas que, si bien reales, no era su tiempo. Siempre la hizo mantener los pies en el suelo. Pero siempre también subyacía en todo ello la enseñanza de aquel que decía a sus discípulos: “Estáis en el mundo pero no sois del mundo”.

Y despertó… Y fue al moverse que salieron del cesto de mimbre en el que guardaba los restos de la merienda una familia de ardillas que, a la velocidad del rayo, se encaramaron al árbol más cercano. Recogiendo el pequeño mantel y el libro que estaba leyendo: “Perfecta Brillante Quietud, de David Carse, la “cosa david”, y dejando el resto de la comida junto al tronco abandonó el lugar cuando ya el manto de la noche reclamaba su espacio.

Entrando al pueblo por la calle del médico cayó en la cuenta de que si bien el agua de la laguna es una, el viento, suave, había formado algunas olas… Y se acordó de cuantas veces le acompañaba a la costa y éste le decía frente al mar: una, sola cosa, aparentando algunas.
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Y comprendió lo que aquel quiso enseñar cuando dijo: 
YO y el Padre somos Uno.
Unidad. Uno sin segundo. No-dualidad. ¡Advaita!
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