domingo, 2 de marzo de 2014

Aquellos tiempos del ayer...

1951. Noia. Galicia. 3 años.

Mientras los mayores, sentados a la mesa y con cierta seriedad en el semblante y también en el lenguaje, charlaban de vaya usted a saber qué, me entretuve en quitar el papel de colores que cubría el caballito de cartón sobre ruedas que, posiblemente, correspondía al regalo de reyes de ese año. Recuerdo que era consciente, por las miradas que de vez en cuando les echaba, que no tenían intención de regañarme por ello...



1952. Santa Marta del Tormes. Salamanca. 4 años.

Escribí la carta a los reyes magos, y haciendo una bola con ella y saliendo a la puerta de casa, mi padre la tiró al tejado. Entramos, y a los pocos segundos llamaron a la puerta. Eran los reyes, sin verles por supuesto, que se la llevaban...


1955. Mallorca. 7 años.

Verano, fuerte calor. Encontré un pollito muerto en la calle... lo coloqué en media teja y lo cubrí de yerba verde. Me entretuve jugando con la teja al hombro y canturreando como si fuese un entierro. Un chico mayor que yo me preguntó que qué llevaba, se lo enseñé. Lo cogió y lo estuvo observando... "No está muerto" me dijo... Tal vez me dijo algo más que no entendí, seguí jugando. 

¡Ernestoooo! gritó mi madre desde el balcón... ¡A comer! Tiré la teja y el pollo contra la pared de la calle y subí corriendo a casa. A la media hora se oyó piar un pollito por la ventana. Bajé y allí estaba todo vivo... Al tirarlo lo que hice fue dejarlo a la sombra de la tapia. Y  puesto que no estaba muerto, sólo desmayado como luego supe, con el frescor revivió.

1956 Noia. Galicia. 8 años.

Las mujeres, principalmente por la tarde y con buen tiempo, salían a la puerta de sus casas y apoyando el mundillo sobre la pared o en el respaldo de una silla, y sentándose sobre otra pequeña y baja, empezaban a mover los dedos de forma vertiginosa haciendo que los bolillos de uno y otro lado se entremezclasen, formando esos dibujos de encajes que siempre me maravillaban que pudiesen salir de aquel aparente caos de hilos y bolillos.



1959. Ibiza. 11 años. 

martes, 25 de febrero de 2014

...vosotros mismos.

"La palabra de mi Padre necesita ser escuchada en otros lugares y no solo en estas orillas... ¿Quién de entre vosotros me seguirá a Jericó?"

Nos fuimos al alba del día siguiente cuando Cafarnaúm aún dormía. Éramos más de veinte los que nos habíamos dado cita a la salida del burgo, en dirección al Tiberiades. Algunas lámparas de aceite brillaban aún sobre las terrazas dispersas cuando, envueltos en nuestros mantos, emprendimos camino.

Dos ciegos quedaron curados el primer día de nuestro viaje, en dos pueblos vecinos.

Unas voces roncas habían gritado ¡Rabí!, ¡Rabí!, y el Rabí había puesto simplemente un poco de saliva sobre los párpados yertos... Eso fue todo... ¡era tan sencillo!

"Vuestra saliva es vosotros mismos, contestaba el Maestro a las preguntas que se acumulaban y entrecortaban, vuestros cabellos son vosotros mismos, el sudor de vuestra frente y el polvo de vuestra piel son vosotros mismos. Haced ahora que el amor sea vosotros mismos y entonces mi Padre obrará en vosotros, a través vuestro..."

Y reemprendía el camino, echando su manto sobre los hombros con un gesto, sabiendo que las preguntas que dejaba en suspenso hacían madurar las almas según su grado de abertura.

jueves, 20 de febrero de 2014

¿Y el documento?

Con 30 y 26 años, enamorados, decidieron irse a vivir juntos. Él llevaba separado de su esposa algunos años. Venticinco años de feliz convivencia habían transcurrido cuando un accidente en la empresa donde él trabajaba ocasionó su fallecimiento.

A las pocas semanas su ex-mujer empezó a recibir la pensión que como viuda le correspondía...

La falta del documento que acreditaba tanto la separación como la posterior convivencia con otra persona estaba sin realizar. Al dolor de la falta del ser querido se sumó la desorientación y la confusión administrativa.

Un simple documento firmado hubiese encauzado las cosas en su justo y natural término.

El caso terminó cuando la primera esposa, dándose cuenta de la situación, renunció a dicha pensión y facilitó todos los procedimientos para la resolución a favor de la compañera.
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Dos mujeres de edad, viudas ambas, íntimas amigas desde su juventud, vivían solas en sus respectivos domicilios. Solían verse muy a menudo pues una de ellas viajaba desde el otro lado de la ciudad casi todas las tardes.

Transcurrieron los años... Un día la de más edad y dueña de la casa donde se veían le dijo: “Me gustaría que no tuvieses que irte por las noches. Llevo algún tiempo pensando algo que quería proponerte. ¿Qué te parece si viviésemos juntas en mi casa? Podrías vender tu casa y venirte a vivir conmigo”. A su amiga le pareció una excelente idea, dada la amistad, el cariño y la confianza que se profesaban. ¡Accedió a ello encantada!

Pasaron los años... Falleció la propietaria de la vivienda... Los herederos hicieron valer su derecho y la amiga tuvo que abandonar la casa.

Un simple documento firmado por la propietaria donde le otorgase a su amiga el derecho de usufructo de la casa hubiese bastado para que las cosas se desarrollasen como realmente querían. Una vez más la falta del papel adecuado ocasionó dolor y confusión. A la ausencia de su amiga tuvo que enfrentar dejar la casa donde vivía. En esencia “su propia” casa.
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Sucedió en una aldea de Galicia en el año 1908. Dos hombres charlaban sentados en una mesa delante de sendos vasos de vino. Uno, propietario de unas tierras que quería vender. El otro interesado en ellas. Acordaron la venta y el precio... Al día siguiente las tierras se pagaron al instante mientras firmaban en un papel el reconocimiento de dicha operación...

De nuevo el tiempo se movió...

En el año 2007 el nieto del comprador tuvo que dejar su trabajo al otro lado del país para dedicarse a pleitear en los juzgados de Coruña por el derecho a aquellas tierras.

¿La razón? Aquella operación fue firmada en un trozo de papel de estraza, papel aspero y antiguo que se usaba en las tiendas de alimentación para envolver cualquier producto. Dicha operación jamás fue oficializada ni presentada en el Registro de la Propiedad correspondiente. En ésta figuraban las tierras a nombre del vendedor, y por consiguiente de sus herederos.

El pleito duró año y medio. Felizmente ganó la familia del comprador. Las tierras habían alcanzado un valor de treinta millones de pesetas.

miércoles, 19 de febrero de 2014

El semáforo...

Parado en la acera en compañía de mi amiga Idoia, esperando que el semáforo se pusiese en verde para cruzar la calle, me dijo: “Para lo que parece estar pasándote hay un antídoto muy fuerte, y añadió: el perdón.”

Acabábamos de salir de una cafetería en la que le comentaba como nuestra vida profesional y económica se estaba yendo al traste. Esto sucedía hace algo más de 20 años.

Mientras cruzábamos la calle fui consciente de que esa familia de amigos, antaño, en aquel momento representaban la mayor animadversión que pudiera sentir hacia alguien, y no porque fuesen responsables de nada de lo que nos sucedía, en absoluto. No eran conscientes de ello... Hacían su vida totalmente al margen de mí y mis sentimientos. Y sin embargo yo les tenía presentes a menudo... Y pensé: ¿Qué estoy haciendo cargando con semejante absurdo?

Cuando llegamos a la otra acera sin haber dicho una palabra más, me despedí, no sin cierta alegría interior ya, e iniciando mi camino ¡perdoné!

Perdoné a cada miembro de aquel grupo con una satisfacción que no había sentido antes. Me liberé totalmente de aquella carga que, sin ser consciente, había creado yo solo.

¡Perdoné!... Y noté, hasta físicamente, como se liberaban pesos de mi espalda.

Desde entonces no he dejado de practicar el perdón. Perdón por lo pequeño y lo grande. Por lo que parece dejar huella y lo que no. Perdono todo lo que deba ser perdonado...

Aquella tarde no pude expresarles amor... No sabría como hacerlo, y dudo que de saberlo lo hubiese hecho. Pero el paso estaba dado. Después llegó la oración y la bendición. Herramientas todas ellas que, utilizándolas, construyes tu vida tú... En vez de dejar que los otros o los acontecimientos lo hagan por ti.

Este texto guarda relación con las palabras de mi amiga Chusa, quien asegura y con razón que: “Hablas de dar Perdón y Amor con mayúsculas, palabras fáciles de decir y difíciles de cumplir.”

Y sí, lo afirmo, tiene razón. Fáciles y difíciles... Pero la dificultad querida amiga está en uno mismo. Y por ello también la solución.

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YO SOY la Resurrección y la Vida de todo bien en mi corriente de vida.
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martes, 11 de febrero de 2014

La creencia...

Anunciación. John William Waterhouse. 1914

Hace unos días leía unas palabras en un blog referente a las creencias y Dios. 

Recordé el caso de mi buena amiga Cristina. La encontré hace años saliendo de su despacho con lágrimas en los ojos...

¿Qué sucede Cris?...”.
¡Nada!” me contestó... “No deseo hablar de ello...”

Ese mediodía se sentó en la mesa del restaurante donde comíamos algunos compañeros habitualmente... En los doce años de trabajo juntos nunca hasta ese día había coincidido con ella comiendo.

¿Se te pasó el disgusto?” pregunté.
Sí, mucho mejor.”
No quiero que me digas la razón, pero ¿es algo serio?”
...Bueno, es algo que me está sucediendo y no contaba con ello...”
Crees en Dios”
Sí”, contestó.
Has probado a rezar?”

Me miró a los ojos y dijo: “Con todo lo que tiene que hacer Dios en el mundo ¿cómo va a tener tiempo de ocuparse de una situación como la mía?”.

Cristina expresaba su creencia en un Dios limitado, y sujeto a las exigencias de un mundo que, según ella, le desbordaba...

Esta creencia de limitación, aunque con mil formas y matices, la he visto a menudo en personas creyentes. Y en casi todo el abanico de tendencias que conozco.

Y son estas creencias, y no Dios mismo, las que limitan lo que realmente puede hacer Dios por ti. Son tus creencias las que crean tu día a día... Si son de limitación, habrá limitación. Si son de abundancia, habrá abundancia. Dios sólo se limita a asentir... lo que tú mismo crees que es verdad.

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Bendigo todo el dinero que recibo y todo el dinero que pago. 
Bendigo todo el dinero que tengo en el banco, cartera, bolsillos y casa.
Doy gracias de todo corazón.
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viernes, 7 de febrero de 2014

Tenga usted cuidado padre...

























Cogió el tren en Bilbao pues su destino era Bermeo. Villa fundada en 1236. Pueblo costero dedicado a la pesca y las conserveras.

Juan Díez Zorriqueta, joven sacerdote, se dirigía aquella mañana de 1960 hacia el destino que el obispado le había asignado: la parroquia de Bermeo. El viejo don Manuel se retiraba ya después de cuarenta años de servicio en aquella localidad.

Sentándose junto a la ventana observó que no había mucha gente en el vagón. Miró por ésta hacia el andén y vio como algunos aldeanos cargados con cestos y sacos medio vacíos se apresuraban hacia el tren. Observó que alguien se sentaba frente a él y volvió la mirada...

-Buenos días padre... Una mujer de unos cincuenta años, con delantal gris y dejando en el suelo dos grandes cestos vacíos oliendo a pescado se sentó frente a él.
-¿Va muy lejos padre?
-A Bermeo...
-¿No me diga que es el nuevo párroco?
-Pues sí, contestó éste sonriendo.
-¡Vaya! Pero si es muy joven, le dijo la mujer mirándole de arriba a abajo. E inició una conversación con él...
-...Tenga usted cuidado padre, en Bermeo les ponemos mote a todos...
-Sí, algo de eso me han contado, pero no se preocupe, ¡ya vengo prevenido!

Pocos llegaron a conocerle por su nombre. Muchos años después se jubiló como “Don Prevenido”.

domingo, 2 de febrero de 2014

La tienda...

Trabajaron juntas en un comercio como dependientas. Tuvieron oportunidad de quedarse con el negocio y compraron la tienda, se asociaron. Durante muchos años las cosas les fueron muy bien. Cuando la situación económica general empezó a marcarles límites, empezaron las tensiones. Ambas cosas no lo hicieron de la noche a la mañana. Un día descubrieron que la caja estaba vacía, que la zona, ayer comercial, se había ido quedando sin tiendas, que su propio local se había desvalorizado, y que entre ellas se habían ido perdiendo el respeto.

Seguir con el negocio era impensable. Seguir juntas imposible. Alquilar o vender no era fácil. La tensión alcanzaba cotas de incomunicación que las precipitaba al cierre...

Alguien le sugirió a una de ellas que tal vez lo que necesitaba era esto:

Perdono todo lo que deba ser perdonado y también me perdono a mí misma. Doy mi amor y mi perdón a todo el que lo necesite.”

Ésta apuntó la enseñanza en un papel y aseguró que trabajaría con ella.

A la otra le contó la siguiente historia:

Benevolencia*

"Un tendero acudió al Maestro para decirle que enfrente de su tienda habían abierto un gran almacén que amenazaba con obligarle a dejar el negocio. Su familia había regentado la tienda durante un siglo, y el perderla ahora significaría su ruina, porque él no estaba preparado para hacer otra cosa.

El Maestro le dijo: “Si temes al propietario del gran almacén, acabarás odiándolo. Y el odio será tu ruina.”

¿Qué debo hacer, pues?” Preguntó el desesperado tendero.

Sal todas las mañanas a la puerta de tu tienda y bendícela, deseando su prosperidad. Luego vuélvete hacia el gran almacén y bendícelo también.”

¿Qué dices? ¿Bendecir al que me hace la competencia y va a destruirme?”

Cada una de tus bendiciones sobre él redundará en beneficio tuyo. Y cada mal que le desees servirá para destruirte.”

Al cabo de seis meses regresó el tendero para contarle que, como se temía, había tenido que cerrar su tienda, pero que ahora estaba al frente del gran almacén y que las cosas le iban mejor que nunca.”

Algo pareció cambiar en el talante de esta última según oía esta historia...

Una semana después y habiendo retomado el diálogo y la cordialidad entre ambas, comentaban que un proveedor suyo, asociado a otros, les alquilaba el local y contaba con una de ellas como dependienta. Ningún problema en la elección pues una ya dejó claro que no deseaba seguir trabajando.


* Quién puede hacer que amanezca. Anthony de Mello, S. J.

viernes, 31 de enero de 2014

1956...

Corría el año de 1956..., ayer, cuando el tren arribó a la estación de Santiago de Compostela. Dos noches y un día en la vida del niño que fui, soy, marcaron el trayecto. Antes 8 horas de barco desde Mallorca a Barcelona.

Me esperaban mis queridos abuelos y la que resultó ser mi queridísima tía Lolita. Contaría ésta unos 30 años de edad. Guapa, muy guapa. Y sumamente cariñosa. Aunque casada y con casa propia, residía en la casa paterna, pues su marido, mi tío Manolo, emigró al Brasil a hacer fortuna...

Seis meses residí en aquella Noia de aquel ayer que no es hoy. Entrañables vivencias resultaron de cada día. La casa, la escuela, Don Venancio el maestro, los vecinos, mis amigos, la bodega La Rosa, la iglesia, la plaza de La Lagrima. Paquita Ouviña, conocida por la Xouba, su perra Chula. Los cocidos gallegos cuyo sabor todavía guardo en la memoria junto al de las ocasionales filloas de mi abuela. ¡Nunca más las he vuelto a comer igual! Los paseos de cada tarde de mis abuelos. Luis el carpintero, Luis do bracos, y su carpintería. Con un cariño y respeto hacia mi abuelo que le hizo poner a su hija mayor el nombre de éste: Ernestina. Y a la segunda el de mi hermana Pilar...

Mi novia de entonces Gena, siempre creí que su nombre era Genoveba. Cuando nos volvimos a ver, 47 años después, supe que era Xena, de Xenerosa. Cuando en plenas fiestas patronales de la ciudad pregunté por ella a su madre, quien se encontraba haciendo empanadas en la calle, y al llamarla por teléfono para decirle que uno que jugaba con ella de niños preguntaba por Gena, inquirió a su vez desde el otro lado: “...pregúntale si se llama Ernesto”.

La casona grande es la casa de la Xouba, tres casas más atrás en la misma acera la casa de mis abuelos, y el crucero que se ve en primer plano pertenece a la plazuela de La Lágrima donde tanto jugué... (Coches en aquel tiempo no había)

Ayer...

domingo, 26 de enero de 2014

El recipiente...


Técnicas Terapéuticas de la Oración.
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Tal vez la palabra oración tenga un significado poco claro para ti, confuso y hasta rechazable... Si fuese éste el caso sabe que la puedes sustituir por: afirmación, decretos, ideas positivas, o sencillamente suprimirla. Repite el título con cualquiera de ellas y observa si tiene más aceptación.

Te aseguro que el recipiente que contiene estas enseñanzas, libro, título, autor, es irrelevante. Lo que necesitas, la esencia de todo lo que es tuyo por derecho de conciencia, está en su interior.

Sabe que lo que te ha llevado hasta donde estás, cualquiera que sea la situación, pudiera ser el resultado de tus creencias, ideas, sentimientos, emociones... Tal vez pienses que el mundo que vives es como lo conoces... Y que nada puede sacarte de la situación en la que pareces encontrarte... Podría no ser así.

Técnicas Terapéuticas de la Oración. Joseph Murphy. Obelisco.

viernes, 24 de enero de 2014

La Ley del Perdón...

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YO SOY la Ley del Perdón y la Llama Violeta transmutadora
de todos mis errores pasados y presentes.

YO SOY la Ley del Perdón y la Llama Violeta transmutadora
de todos los errores pasados y presentes cometidos por ...

YO SOY la Ley del Perdón y la Llama Violeta transmutadora
de todos los errores pasados y presentes cometidos por la Humanidad.

YO SOY la Ley del Perdón y la Llama Violeta consumidora 
de toda acción inarmoniosa y de conciencia humana. 
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(Por Llama Violeta hay que entender la Acción de Dios en uno mismo)

domingo, 19 de enero de 2014

Tenía intención...

Tenía intención de haber escrito algo pero la verdad es que no se me ocurre nada. 

Oyendo la música de Reiki que preside este espacio dejo pasar el tiempo. La oscuridad de la noche me impide distraerme mirando por la ventana.

He pasado la mañana entretenido leyendo y dejando comentarios, y tal vez es eso lo que ahora impide otras palabras...

Pensamientos algunos, y de distintos temas y vivencias pero, la cosa parece inclinarse por un cierto silencio.

¡Callemos pues! O mejor, callo y trato de entrar en el silencio de mí mismo. Ese espacio que estando es. Y siendo, YO SOY...

Silencio...
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"Perdono todo lo que deba ser perdonado y también me perdono a mí mismo.
Doy mi Amor y mi Perdón a todo el que lo necesite".
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martes, 14 de enero de 2014

El calendario...

Ayer primavera. Las primeras margaritas y las amarillas flores del diente de león empezaban a dar color a los prados verdes del valle. Las incipientes yemas que coronan las puntas de los árboles indican que los elementales de la Naturaleza, conocidos como duendes y gnomos, entre otros, trabajan desde el interior del árbol preparando la explosión de vida y color que no tardará en aparecer. Hasta la malviz oigo cantar. ¡Primavera!

Hoy el canto del petirrojo, a juego con el gris del cielo, la fina lluvia caída y de nuevo un suave frío, vuelve a entonar la melodía otoñal. ¡Otoño!

¿Otoño? ¿Pero no estamos ya en invierno?...

Bueno, si mirase el calendario que cuelga en la pared de la cocina, regalo de la carnicería Olabegojeaskoetxea, cosa que no hago, tal vez viese que los días concuerdan con esa división del tiempo que el hombre ha dispuesto. Pero si me guío por la propia Naturaleza y sus manifestaciones, los pájaros, los árboles, el campo, la hierba, el río, estaré más en consonancia con la realidad de la vida. Y ahí es donde deseo estar!

Un gorrión saltando entre las jardineras de la terraza picotea algo en el borde de una de ellas... Después emprende el vuelo hasta el magnolio de la huerta. Otros pían encaramados en los castaños, nogales, manzanos, cerezos y la ancha palmera cargada de dátiles tempranos.

La campana de la iglesia da las cuatro... Un coche pasa por debajo de la ventana. Se oye algún que otro sonido lejano... Las primeras voces de los niños saliendo de la escuela empiezan a dar sentido al silencio anterior... La vida se manifiesta a sí misma.

La Vida. Que está en todo y todo es!

lunes, 6 de enero de 2014

Expresar...

En el paseo matinal que he dado por el valle en el que habito, soplaba ese fuerte viento que nos acompaña desde los últimos días de año. Como si quisiese limpiar el ambiente de un no sé qué... Tan fuerte que en ocasiones había que inclinarse para poder avanzar. Ni un solo pájaro vi en el trayecto, ni los oí tan siquiera, excepto tres cuervos que cruzaron rápido y al abrigo de los árboles.

El pensamiento de los pájaros derivó hacia el cuento de sabiduría del jesuíta Anthony de Mello. El canto del pájaro.

Los discípulos tenían multitud de preguntas que hacer acerca de Dios.

Les dijo el Maestro: <<Dios es el Desconocido y el Incognoscible. Cualquier afirmación acerca de Él, cualquier respuesta a vuestras preguntas, no será más que una distorsión de la Verdad>>.

Los discípulos quedaron perplejos: <<Entonces, ¿por qué hablas sobre Él?>>.

<<¿Y por qué canta el pájaro?>>. Respondió el Maestro”.

El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un canto que expresar...

...Y expresé:

Padre Nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos de todo mal.

Amén.

domingo, 29 de diciembre de 2013

...la otra historia.


¿Qué representan los rostros de la entrada anterior?. ¡Simplemente un segundo en la vida de estas personas!

¿Nacieron un día o ya vinieron hechos así?. ¿Tuvieron cinco años, diez, veinte. ¿Se casaron tal vez?. ¿Tuvieron hijos?. ¿Celebraron los cuarenta, sesenta, setenta...?.

¿Qué son ellos?. No quiénes!. Pues quiénes está a la vista. ¿Qué son realmente?.

Para quienes creen en la vida única, ésta solamente, el juicio final y la resurrección de los muertos, para quienes creen en este valle de lágrimas, en el que han reído y llorado, y tal vez lamentado muchas veces las situaciones vividas, otras dando gracias, personas llegando al final de sus vidas. Como llegarán ellas...

¿Es esto todo?. ¡Nacieron, vivieron y adiós!

Para quienes tienen otro concepto de la vida, tan respetable como el primero, seres en camino. Quienes creen en la reencarnación, entre otras opciones de vida, saben que no hay principio ni final. Sólo la Vía. Solo Dios.

¡Lo que siempre fue, es y será!. ¡Lo que está en todo, es todo y todo está en Él!.

Más allá de estas palabras, oídas o conocidas tal vez, se halla una realidad que algunos piensan que ya somos todos. Esto no significa que si llueve no se mojen, o que si hay un atasco de tráfico no se retrasen en su cita. No, claro que no. Pero sus vidas suelen ser otra historia!.

“Estáis en el mundo pero no sois del mundo”. Jesús. (¿Palabras sin sentido o una realidad velada?) 

En esencia todos estamos en el camino, (YO SOY el Camino, la Verdad y la Vida...), es la forma de percibirlo lo que nos diferencia. Y ello marca a su vez el mundo que vivimos.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Soledad... ¿qué podemos hacer por ella?


Hace ya algún tiempo, en una entrevista que hacían a gente que se encuentra viviendo en la calle, preguntaban a un joven que ya llevaba algo más de un año en esa situación, que qué era lo más duro de ésta. Me impresionó la respuesta que dio: “la sensación de que no te ven cuando pasan a tu lado, como sino existieses”.

Ayer entrevistaban a personas “sin techo” y otras necesitadas de medios y alimentos, y también gente mayor que vive sola, que habían cenado en una iglesia de Barcelona. Costumbre que se desarrolla desde hace más de 30 años. Más de cien voluntarios se prestan a este objetivo. Cena, regalos personalizados para todos, alegría, unión, contacto fraternal..., tan necesitado como el alimento mismo... ¡Vida!

Uno de los participantes, un hombre mayor de unos 65 años volvió a dejar huella en mí con sus palabras: “la mayor enfermedad es la soledad”.

Me acordé de ese hombre mayor, silencioso a la fuerza, y solitario, que con todas sus pertenencias en una bolsa, suele pedir para comer en las calles del pueblo. No está siempre. Como la mayoría, han aprendido a “variar la zona” pues saben que de esta forma reciben más!. He de señalar, con sencillez y humildad, que dadas las fechas, mi aportación fue distinta a otras veces. Pero no suficiente...

Sentado a la mesa esta nochebuena, viendo todo lo que había para cenar, el calor, el ambiente familiar, entrañable, las risas de las peques, la hermandad... Me acordé de él. Y sentí su falta...

miércoles, 25 de diciembre de 2013

...me lo dijo mi madre.

En la isla donde nací y en el tiempo en que lo hice había una costumbre ancestral que permitía, cuando te bautizaban, poner en el libro de la iglesia junto a tu nombre, alguno más. Generalmente familiares o amigos de la familia. No tenía mayor relevancia que el de constar ahí. ¡Costumbres!

A mí me pusieron tres: Ernesto, el de la partida de nacimiento y oficial, y el de Carlos y Antonio. Antonio se llamaba el hermano mayor de mi madre, supongo que fue mi padrino. El de Carlos no sé muy bien de donde viene. Cuando me enteré de esta historia, por mi madre, ya había cumplido los treinta años. Quiero recordar que me dijo que era un amigo... Pero nunca supe de ninguno relacionado con mi familia. ¡Cosas de la vida!

El caso es que tomé prestado este último para firmar, hasta hoy, en el blog en el que escribo. Quiero dejar muy claro que cuantas veces me habéis llamado Carlos lo habéis hecho de pleno derecho. ¡Es mi nombre!. El segundo pero mi nombre.

Este blog no estaba destinado a lo que se ha convertido. Un medio de contacto y diálogo con todos vosotros. Similar al que durante años tuve con el nombre de “Lugar de Encuentro”. Cerrado hace un año por querer encontrarme con el Silencio...

Las razones de este proyecto inicial eran las de que me sirviese para expresarme con personas con las que hace años, muchos años, no mantienen contacto conmigo. De ahí el nombre del blog, de ahí el 10. Todo esto ha quedado descartado ya.

Sirvan estas palabras para aclarar que desde hoy firmo con mi nombre: Ernesto.

Gracias a todos por vuestra comprensión. Un fuerte abrazo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

La de las calles viejas...

Las hojas que ayer hacían su función hoy corren entre las calles del pueblo al son del viento que las acompaña. Cubren los bancos del parque, jugando incluso algunas de ellas con la sempiterna fuente..., vieja. O se refugian en el ancho pórtico de la iglesia. Y a veces se elevan tanto, cuando el viento arrecia, que sobrepasan en mucho la alta espadaña de piedra.

¡Las hojas! En las que escribimos ayer el ayer. En las que trazamos mapas que recorrer, Palestina, las estrellas...

El viejo puente... ¡Todavía me pregunta por ti!. ¡Dime! ¿Qué he de decirle?



23 de Diciembre de 2013

"...Por cierto, dile al puente que me ha gustado mucho recuperar su recuerdo, y que las hojas secas que el río arrastra corriente abajo, yo me las encuentro en el mar...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Idurre."

lunes, 16 de diciembre de 2013

Navidad...

Mis mejores deseos para todos en estas fechas que suelen ser, entre otras cosas, un pequeño remanso de paz y encuentro. 

La Navidad... lo natural, la inocencia, la belleza, el arte, la melodía, el silencio, la alegría, la emoción, los abrazos, el canto a la Vida... que se halla en cada uno de nosotros. 

Más bien todos nosotros en ella, la Unidad. El Padre, Dios, lo Absoluto, la Presencia YO SOY... TÚ!

Un fuerte y cálido abrazo.

lunes, 9 de diciembre de 2013

...la tarde caía.

La tarde caía... Sentí soplar el viento y vi como las hojas de otoño se desprendían de los árboles. Unas caían cerca de mí, otras un poco más allá. Parecían hacerlo sin sentido, pero al tocar el suelo se veía como si una mano las colocase de una forma determinada. Aquel grupo dibujaba un corazón, aquel otro el lecho de un río, el de más allá...

Tuve un pensamiento... Cogí un abecedario y lo agité levemente. Al desprenderse las letras formaron esto:

...¿Quién es?
¡Quién sabe!. Es cálida, su mirar, sus abrazos... mi amiga.
La del casco antiguo, la de las calles viejas.
La de los atardeceres, la del viejo puente de madera.
La de la otra orilla, la de la playa aquella.
La de la ventana abierta con su silueta en ella...

Apoyado en la barandilla del puente veía ondular su cara en el río.

Apenas la oí llegar, aquella mujer mayor solía pasar a nuestro lado cuando, uno junto al otro, nos inclinábamos sobre el agua que fluía. Me preguntó: ¿ya no viene aquella joven morena de ojos grandes?. Me volví, ¿qué podía responder?. Ante mi silencio prosiguió con una sonrisa: ¡es tanto que no es fácil abarcarla toda!. Y reemprendió su camino.

¿Volverán nuestros pies a hollar los caminos de Palestina pequeña Myriam?. ¡Quién sabe!

¡Hasta siempre amiga. Hasta las estrellas!

jueves, 14 de noviembre de 2013

Ambos lados son lo mismo... ¡Vida!

Tristeza sí, sino puedes evitarla, y lágrimas, pues la función de los ojos es llorar. ¡Pena no! No debes sentir pena pues ella acrecienta la situación que lamentas. Y no hay razón para ello...

¿Adiós?. ¿Qué adiós?... Cierto que parece dormida, y cuando salga de casa ya no la verás. Pero ello no significa lo que crees, o has creído siempre. También la mayoría de los que te rodean hoy. No hay pérdida, no hay muerte. ¡Sigue ahí!

Como seguirá la silla en la que se sentaba, o la ropa que tantas veces vistió, o la taza en la que desayunaba, o sus zapatillas de casa... ¡Cierto! Todo eso seguirá mientras quieras conservarlo, pero no tiene mayor relevancia. Será tu deseo. No el suyo. Eso es todo. Nada que ver con ella realmente. Con su esencia, con lo que siempre ha sido y será. Con esa realidad suya, y también tuya, que en lo que llamamos mundo no se percibe con claridad. Ella ya sí!...

De ahí la frase de Jesús a sus discípulos: “Estáis en el mundo pero no sois del mundo”.

martes, 12 de noviembre de 2013

Calefacción individual.

La primera vez que tomé un vaso de agua caliente, sentí una sensación extraña, y un cierto revuelo momentáneo en el estómago. Es curioso como tomando leche o sopa caliente e incluso caldos sin nada sólido, nunca había sentido algo parecido. Y es que en ello también juega, en parte, el aspecto psicológico... Líquidos habituales calientes o muy calientes, como es mi caso, sí. Agua caliente sola ya era otra historia.

Estuvimos años en casa con esta práctica. Personalmente tomaba tres vasos grandes en ayunas, unos veinte minutos antes de desayunar. Esto último es imprescindible. Lo mismo daba que fuese verano o invierno. Llegamos a tal hábito que cuando viajábamos, uno o dos días por semana, echábamos de menos su falta.

¿La razón para esta práctica? Pues no recuerdo muy bien de dónde surgió, pero uno de los efectos primeros de la toma de agua caliente fue la desaparición del frío en los pies de mi esposa. Más que fríos helados por la noche cuando se metía en la cama. Tal vez su circulación sanguínea provocaba esa situación. ¡Nunca más los ha vuelto a tener fríos!. Incluso después de años de dejar esta práctica.

La explicación que solía dar a otras personas que se interesaban en ello era la siguiente:

-“Después de comer los platos quedan sucios, con restos, grasas”.
-”Sí”, solían responder.
-”Si dejas que los restos se sequen en el plato y pones éste debajo del grifo del agua fría ¿se limpia sin más?”.
-”No, desde luego”.
-”Y si lo pones debajo del agua caliente, sin frotar, ¿qué ves?”
-”¡Qué se limpia solo!...”
-”¡Pues lo mismo sucede con tu cuerpo! La grasa, y todo lo que deba irse se va diluyendo y se elimina de forma natural. Los efectos del agua caliente se dan principalmente en los intestinos, limpiando las paredes de estos y facilitando el tracto gastrointestinal”.

Así nos expresábamos entonces. Y estuvimos bastantes años. Después paulatinamente lo fuimos dejando... Hoy he vuelto a tomar un vaso. Me había quedado dormido sentado en el sofá y aunque me había echado una manta sobre las piernas, me desperté con frío. Tenía que tomar un comprimido y decidí hacerlo con agua caliente. En este caso la razón era que sirviese de calefacción individual. La tienes a mano en cualquier momento y lugar. Pues ciertamente uno, dos o tres vasos de agua caliente entona el cuerpo mejor y más saludable que encendiendo ésta.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Las cuatro estaciones.

De niño viajaba con frecuencia en el tren en largas distancias. En compañía de mi familia he pasado muchas horas en aquellos añorados vagones, añorados por lo que suponían de alegría y aventura al niño que fui. Las distintas sensaciones que el tren provocaba, el paisaje de las ventanillas, el olor del carbón, el traqueteo de la marcha, la frenada en las estaciones. Éstas con el nombre de las mismas en grande y bien visible. La bajada y subida de viajeros, el deambular de los... ¿Cómo se llamaban aquellos hombres que cubiertos con un guardapolvo gris, una gorra de plato del mismo color y llevando una carretilla se ofrecían a los viajeros para llevarles sus maletas?.


A pesar del tiempo trascurrido, mucho, mantengo en el recuerdo situaciones y vivencias que han quedado marcadas de aquellos trayectos. Incluso rostros, como el de aquella monja que, mirándome fijamente y con cierta sonrisa, tal vez queriendo ser amable, provocó mi inquietud, hasta el punto de que mi madre tuvo que llamar su atención. También tengo presente hoy el sabor y la textura de aquellas empanadas que, para esas ocasiones, mi madre preparaba. Eran habituales en los viajes.

Haciendo el símil con las estaciones de tren, un recorrido entre dos puntos con distintas paradas, hemos dado este nombre a las cuatro etapas en las que fraccionamos un periodo de tiempo. Como si la Naturaleza entre primavera y primavera necesitase nombres.

También el ser humano en su deambular por este mundo recorre diferentes etapas. Nace, niñez, juventud, adulto, madurez, y esa etapa dorada que debiera ser el último tramo aquí. La alegoría de la siembra y recolección en lo que sería la vida de una persona, determinaría esta última en función de la primera. ¡Recogerás lo que siembres!

Pero no es exactamente así en el aspecto espiritual del ser humano. Las siembras y recolecciones no llevan el mismo ritmo de tiempo que en el campo. En la persona la siembra se hace múltiple incluso en un solo día. Pues múltiples son los pensamientos y sentimientos que llegan hasta nosotros. Si los hacemos nuestros prestándoles atención, dándoles relevancia, es como si los sembráramos. Pues de ellos surgen las acciones que solemos realizar... ¡La siembra!. Y de éstas, las acciones, experimentaremos los efectos... ¡La cosecha!

Llegan los pensamientos, pero sino son adecuados, pacíficos, armoniosos, de buena voluntad, no tenemos por qué darles espacio. “No puedes evitar que un pájaro se pose en tu cabeza, pero si puedes evitar que permanezca el tiempo suficiente para hacerse el nido”.

¡Suéltalos! Sencillamente suéltalos.
 

martes, 5 de noviembre de 2013

...os pido que dejéis de hacerlo.


Hace unos días veía un reportaje en el que entrevistaban a personas mayores que se encontraban en una residencia de día. La mayoría de ellas, mujeres casi todas, estaban encantadas con la experiencia. Juegos, entretenimiento, ejercicios, bailes, peluquería, etc. Así pasaban el tiempo. Se veía muy ambiente, entre las personas que acudían y también con el personal del centro. Esto último he de reconocer que destacaba especialmente. La tónica general era la placidez, armonía y risas que reinaban en aquel espacio. Y allí entre tanta vitalidad y alegría, y ganas de vivir, se encontraba ella.

Ella, una mujer de buena presencia, aunque no disimulaba la edad que tenía, mucha. Arreglada, bien vestida, seria, natural... Estaba sentada, me pareció que tal vez en una silla de ruedas. Cuando la enfocó la cámara estaba a su lado, sonriendo, una de las asistentas... “Yo lo que quiero es morirme ya..., quiero descansar”. Su acompañante le dijo, con una sonrisa, que no debía pensar así, y añadió que estaba muy guapa.
 
Cuántas personas se encuentran en la misma situación que esta mujer. Personas que han llegado ya a un punto personal, el suyo, no se debería olvidar este dato, en el que sienten que su vida está llegando a su fin. Personas que han vivido su vida. ¡Vivido! Con todos sus avatares y circunstancias. Las conocidas por los demás y las no conocidas más que por ellas mismas. ¡Todo natural!
 
Personas que sienten lo que las demás no sienten. Incluidas su familia y seres queridos. ¡Y qué! Han vivido, y están cansadas. O simplemente quieren irse ya. Pues de aquí partimos todos. ¿A qué esperar por valores sentimentales o sociales que ya no están en su escala? ¿A qué forzar situaciones de vida sin valor ya para quienes miden las cosas de forma diferente? Para quienes saben... y quieren!

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Tal vez 85 años, serena, lúcida. Estaba en cama desde hacía una semana, no se encontraba bien. En la penumbra de la habitación, en silencio, se encontraban sus tres hijas. Tristes, llorando para sí cuando abandonaban la estancia. Apenas hablaban... Una mañana en la que sólo estaba en la habitación una de ellas, le dijo la madre mientras le cogía de la mano: “Estoy cansada y ya no quiero seguir. He vivido mi vida y quiero irme... Pero no puedo. Sé que estáis rezando por mí y ello me retiene aquí. Os quiero. Y os pido que dejéis de hacerlo”.

Partió esa misma tarde. En paz. Y en paz quedaron sus hijas.