martes, 7 de julio de 2015

♪ ♫ El patio de mi casa es particular♫ ♪ ...



♪ ♫ El patio de mi casa es particular♫ ♪ ...

… ♫ ♪ Cuando llueve se moja como los demás ♪ ♫ ...

♪ ♫ Agáchate y vuélvete a agachar que los agachaditos saben bailar♫ ♪ ...

♫ ♪ H, I, J, K, L, LL, Ñ, A ♪ ♫ ...

♪ ♫ Que si tú no me quieres otra niña me querrá ♫ ♪ ...

♫ ♪ Chocolaaaate, moliniiiillo, corre coooorre, que te piiiillo ♪ ♫ ...

♪ ♫ Correrás correrás pero no me pillarás♫ ♪ ...

Así cantaban las dos niñas, de unos 7 y 10 años, sentadas delante de él en el autobús que les llevaba a Sanxenxo. Había aceptado la invitación de un matrimonio amigo de pasar dos semanas con ellos.

Recordó haber cantado esa canción de niño. Un pensamiento cruzó su mente y se vio en aquellos años. Corría tras un aro guiado por una horquilla por las viejas y entrañables calles de la ciudad que le acogió.

Por un instante pensó en cuales serían sus pensamientos de entonces respecto al mundo, la vida, las cosas. Si es que había tales pensamientos. Determinó que sí. Que los había. ¡Y de cierta profundidad! Inherentes a la condición de niño. Pues los niños piensan, sienten y actúan desde una realidad que, de adultos, parece perderse...

En esos instantes cayó en la cuenta de que si bien él la habría perdido también, y se hizo consciente de ello, el momento en el que se encontraba en su vida parecía llevarle de vuelta a esa realidad olvidada.

Y comprendió que la vida es como un tiovivo. De niños, caballitos de ilusión, inertes, dando vueltas sobre un eje. Risas y despreocupación. De adultos, el mismo tiovivo (¿has visto como gira, va, el mundo?), los mismos caballitos en los que ya no nos montamos. ¡No es serio. Estamos ocupados. Tenemos responsabilidades! De mayor, la música del tiovivo del ayer vuelve a sonar en nuestros oídos... Y como si del flautista de Amelín se tratará iniciamos la vuelta atrás. Hacia la cordura, la despreocupación, la sabiduría del niño.

Y se vio en casa de sus abuelos, niño y mayores, sin el paréntesis de la adultez, y entendió que si bien todos, Todo, es uno, hay etapas en la vida. Y la del medio no es precisamente la más brillante.

sábado, 4 de julio de 2015

¡Ten por seguro que allí estaré!


Había quedado con su amiga a comer en la cafetería de la playa al otro lado de la isla. Llegó cerca de dos hora antes. Buscando un buen lugar para sentarse, no reparó en el hombre que, al fondo de la sala, la miraba con interés... Se sentó de cara al exterior viendo romper las olas sobre la arena. A esas horas de media mañana no era mucha la gente que la frecuentaba. Pidió un té... Y se ensimismó en sus cosas.

De vez en cuando colocaba las manos sobre su vientre que, con siete meses y medio de embarazo, se hacía notar. Le gustaba esa sensación de caricias y diálogo que sabía que ella agradecía.

¡Caricias! Eso que siempre echó en falta a lo largo de su vida. Su madre falleció cuando contaba 12 años de edad. Y si bien nunca le faltó el cariño y el contacto de su padre, del resto de la familia y el de la nueva mujer de éste, siempre sintió la falta de aquellas cálidas manos que la acariciaron como sólo ella sabía hacer.

Algo la hizo regresar a la realidad del momento. Volviendo su cabeza tropezó con aquellos ojos que la observaban. Durante varios segundos se estuvieron mirando... Curiosidad, y un cierto algo en la mirada de aquel hombre la hizo estremecer ligeramente. ¿Había calidez en aquellos ojos, o era ella quien creía percibirla? Acercando la taza de té a sus labios volvió su mirada hacia la playa...

Una ventana abierta de la cristalera le permitía verle como si de un espejo se tratara. Le pareció alto, delgado, pelo negro, aunque creyó percibir la blancura en sus sienes. Una camiseta veraniega con estampados de barcas y velas le daba cierto aire juvenil... Dejando la pluma sobre el cuaderno que parecía estar escribiendo, éste se levantó y se dirigió hacia la puerta que daba a la terraza. Al acercarse donde ella estaba y creyéndose no observado, la miró largamente... Al pasar por su lado hizo un pequeño gesto con su mano...

Cuando su amiga Laura llegó, encargaron la comida para media hora más tarde. Y se fueron a bañar. Si bien sus pequeños senos habían aumentado de tamaño, ello no le impedía bañarse en top-less. Incluso, en ocasiones, no llevar sujetador bajo la ropa. Ese día, uno de ellos.

Comieron todos a la misma hora. En esta ocasión se colocó de forma que le tenía enfrente. Sus miradas se encontraron varias veces. La sonrisa de ella, dentro de la conversación con su amiga, era a su vez una comunicación con él. Así lo quería! Así lo percibía él!

Le pilló dos veces, cuando la creía distraída, con la mirada en sus pechos... Supo que no había connotación sexual en ello. Sí una gran naturalidad ante su propia naturaleza. Y se sintió bien. Observó sus largas y finas manos mientras se llevaba la comida a la boca... Y sintió en su interior más profundo, ese que no compartía con nadie, que le gustaría sentirlas acariciando su cuerpo... Tampoco aquí había connotación alguna. Sí un algo que no supo definir...

Volvieron a coincidir más días en la misma playa. A veces tumbados en la arena, otras en el agua. Siempre comiendo en mesas separadas. Más allá de las miradas no crearon lazos de comunicación. ¡No verbales! Ella sabía que él leía su alma. Ella se dejaba leer... Desnudaba ésta como no lo había hecho nunca. Sentía que algo dulce y entrañable se gestaba en su interior a la par que su hija.

Alta y delgada, pelo negro y muy corto, le daban ese aire aniñado que sabía que la identificaba. Treinta y cinco años. Seis de casada. Quería a su marido. Se enamoró de él al paso del tiempo. Pero siempre supo que había parcelas de ella que no serían compartidas...

Si bien habían alquilado un ático en Santa Eulalia para pasar el verano, éste, ejecutivo de una empresa, se veía obligado a viajar a la península dos o tres días por semana. De ahí que comiese sola.

─¡Hola!, le dijo la dueña del restaurante. ¿Conoce usted a la joven embarazada que suele sentarse cerca de la cristalera? 
─¡Sí, contestó! 
─Ha reservado mesa para los dos. Y nos ha pedido que le comuniquemos que la espere, que tal vez hoy llegue algo más tarde.

Entrando por la puerta con sus pantalones cortos y estampados de flores y una de sus camiseta habituales, corta y desenfada, le sonreía ampliamente mientras movía en el aire una de sus manos... Acercándose a la mesa mientras él se levantaba a recibirla, se presentó:

─Hola, soy María... 
─Daniel..., hola, ¿cómo estás?
─¿Sorprendido?... ¡En absoluto!

Comieron sin dejar de hablar y sonreírse. El café lo tomaron a la sombra en la terraza. Una ligera brisa templaba el calor del día. Las horas pasaron sin tiempo. Se conocieron de toda la vida...

Ella le llevó hasta la ciudad en su coche. Las palabras quedaron en la playa. Un silencio sin serlo se adueño de sus diálogos. Algo que no quisieron definir surgía mientras el sol declinaba. Quedaron para la siguiente semana. Ella no estaría libre hasta entonces. Cuando el coche arrancó de nuevo se olvidaron de ellos mismos. La vida de cada uno seguía su curso natural.

En esta ocasión un blanco vestido ibicenco la cubría. La mesa había sido reservada de nuevo. Un suave beso en la mejilla de cada uno abrió el encuentro. La amplia y distendida conversación de mil temas aderezada con sus sonrisas, carcajadas en ocasiones, llamaba la atención de otros comensales. ¡Había tanto en aquella pareja! Sin duda que la curvatura de su cuerpo ayudaba a ello...

Posteriores encuentros los realizaron en otras playas y calas de la Pitiusa mayor. Siempre naturales. Risueños, cercanos. Siempre fieles a ese algo indefinible..., pero cuyos límites aceptaban. Siempre ellos. ¡Integridad!

Un día le dijo:

─Pienso que daré a luz en la isla. El médico me ha dicho que me vaya preparando, que podría adelantarse unos días... Casi me alegro por ello. Por ambas cosas. Porque nazca y porque lo haga aquí. Quisiera pedirte que estés presente en el parto... Sé que es posible. Me gustaría mucho... Y lo necesito, amigo mío. Amigo nuestro...
─¡Ten por seguro que allí estaré!

La comadrona, la enfermera, su marido, éste cogiéndola de la mano... Su cuerpo, desnudo y sudoroso, tendido sobre la cama, en espera... Una leve sonrisa iluminó su cara cuando sintió las manos de él cogerla la otra... Por unos minutos permanecieron así. En comunión. Solos los dos. De hecho se evadieron de la habitación hacia las playas que compartieron tanto... Metieron sus pies en el agua fresca y pasearon sobre la arena... Esperando.

De nuevo en la habitación, la sonrisa se hizo más amplia y su rostro reflejaba placidez cuando él acarició con su mano libre ambos pechos. Segundos después daba a luz. En ese instante él abandonó la habitación.

Se dirigió hacia donde él estaba, sonriéndolas mientras se levantaba de la silla... Dejando el cochecito de su hija a un lado, le abrazó fuertemente y por largo rato. Separando su cara de la suya y mirándole a los ojos, le besó leve y largamente en la boca... Notó el estremecimiento de éste y se fundió en el.

Bajando la capota y cogiendo a su hija en brazos, la puso en los suyos mientras le decía:

─Se llama Daniela. ¿A qué es guapa?

Puso en sus manos una pequeña caja de nácar que contenía una nota manuscrita. La pidió que no la abriese hasta que, al día siguiente, hubiesen abandonado la isla.



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“Aunque estemos separados
creceremos juntos.
Y nos volveremos a encontrar
cuando el rocío de un nuevo día
humedezca nuestras almas
y cuando volvamos
a tomar un nuevo cuerpo
para ser uno dentro del
Gran Círculo.”
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Esta cita corresponde al libro de Chao-Hsiu-Chen.
El Maestro.

domingo, 28 de junio de 2015

"...le concedes la misma importancia que un niño a su vejez."


Esta frase, del relato Los círculos del viento, de la autora canaria Carmen Marina Rodríguez Santana (Aldonza Laugh), ha traído a mi mente la no relevancia del tiempo.

¿Cuando fui consciente del tiempo?. He recordado dos momentos en mi vida. Tal vez tres.

El primero fue faltando poco para cumplir los 30 años. De pronto me vi con 30... que sumados a otros 30 daban 60. ¡Toda una vida!, pensé. ¡Y me quedaba casi todo por hacer!

Ignoro cómo son las crisis de los 40 o 50, pues no las viví, pero ésta me duró el tiempo de cumplirlos. A los pocos días de hacerlo, ese paréntesis de esos otros 30 años había desaparecido. Quedando todo un espacio libre de compromisos de tener que cumplir o no ¡todo lo que me quedaba por hacer!

El segundo “flash” lo tuve en el mismo escenario que el anterior. En la conversación con un grupo de amigos. Fui consciente por primera vez del paso del tiempo cuando estaba relatando algo que me había sucedido 25 años atrás, de cuando tenía 15.

Hoy tengo 66 y no es que le dé relevancia al tiempo, que no se la doy, es que este concepto ya no está en mi vida.

Si bien he de reconocer que es el paso del tiempo, y las enseñanzas de Sri Nisargatta Maharaj quienes me han llevado a este punto.

Usted no es ni el cuerpo ni la mente, ni los pensamientos ni los sentimientos, ni el tiempo ni el espacio. Nada que pueda señalar es usted”.

Usted es la Realidad Absoluta”.
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Saber que eres prisionero de tu mente, 
que vives en un mundo imaginario que tú mismo creas, 
es el principio de la sabiduría...". 
Sri Nisargadatta Maharaj.

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domingo, 21 de junio de 2015

La mirada de un niño...


Hoy puedo ver en la mirada de mi nieta Ziara, 4 años, la mía de un ayer que cada día se hace más hoy... Al desprenderse conceptos y valores que pertenecen al mundo de los “adultos”. Ese al que se dirige... ¿Se pierden estos con los años o se gana en sabiduría natural?. ¿Despierta uno a la realidad real?. La respuesta simple sería ambas cosas. Si bien es mucho más, pero para una mañana de domingo intrascendente puede valer.

En ese paréntesis que pueden representar esos 4/66 años, 10/60 o 20/50, se desarrolla lo que se conoce como, “la vida es así”. Una sucesión de hechos, vivencias y experiencias que suponen el currículum vítae de cualquiera de nosotros. El engranaje de lo que se conoce como sociedad, mundo civilizado, humanidad, progreso, etc. Y cuyas metas y valores son, se pretenden, inculcados a esos 4 años. Pero después, cuando sales al mundo, de la adolescencia, laboral, social, en casi todos sus aspectos, no preguntes por ellos porque casi nadie sabe donde están...

Estando frescos todavía en la mente y conciencia de los jóvenes, empiezan a marchitarse por falta de uso. Y la adquisición de los “auténticos”. Que les permitirán desarrollarse en el mundo “real” que, con la mejor de las disposiciones, les fueron ocultados.

¡Y quién esté libre... que tire la primera piedra!.

Lo señalado anteriormente no está en la categoría de lo negativo o determinado. ¡En absoluto!. Sería más bien al contrario. Llamar a las cosas por su nombre... Si no las nombras, ¿cómo las vas/van a reconocer?. El juego de, “¿qué hora es, manzanas traigo?”, aplicado a dar respuestas o lecciones a nuestros hijos que por que son pequeños “no las van a entender”, “ya les enseñará la vida”, etc., sólo perpetuaría la práctica del avestruz, que en lo que a enseñanza vital se refiere, ¡cum laude!.

Y para muestra, la educación sexual que recibiste, diste y, sino sabemos hacerlo mejor, darán!.

El problema final no es tanto lo que pretendemos enseñar, sino la ignorancia de lo que nosotros mismos debemos aprender... todavía!!.

miércoles, 17 de junio de 2015

La puerta...

Todos sabemos lo que es una puerta. Algo que se abre y cierra. Que permite el paso de un espacio a otro. Sin modificar, sustancialmente, a lo que pasa. Antes estaba aquí, ahora está allí!. Pero el objeto, la persona, el ser que lo habitaba, ¡sigue siendo!. Principalmente porque es el mismo que, tiempo antes, ya realizó el paso de allí a aquí!. Y por la misma puerta que hoy, tal vez, ha cerrado a sus espaldas.

Cuando la puerta se abre en un sentido, de llegada podríamos decir, todo son parabienes, felicidad, risas y proyectos de futuro... Cuando, una vez finalizados los proyectos reales de quien así los escogió en el otro lado, el ser, la persona real, abre la puerta en el otro sentido, el de partida, la pena, la tristeza y el llanto, se apoderan de quienes todavía se quedan aquí.

Bastaría un sencillo saber para que ese momento, tan natural y simple como lo fue el nacer, supusiese, no digo ya alegría, que también si realmente comprendiésemos el proceso, tranquilidad, sosiego, serenidad... cogimiento de las manos, palabras sencillas y dulces. Acompañamiento responsable. Teniendo en cuenta las necesidades reales de la persona que decidió partir ya!.

San Agustín señalaba que "no es la muerte la que crea temor sino la pompa que la acompaña". Y por pompa hay que entender todo ese ceremonial de silencio, oscuridad, llantos y tristezas. ¡Tragedia!. Que acompañan a quien, en su fuero interno, aunque parezca que ya no está, simplemente parte.

¿Dónde están las necesidades básicas de quien realmente es sujeto del momento más fundamental de su vida?. ¿Dónde?. Que nadie parece tener en cuenta!.

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Cuando mi amigo Antonio me comentó que al día siguiente, domingo, iba a ir al cementerio a llevar flores a su madre,
le respondí: no sabía que hubiese muerto...

Bueno, hace ya ocho años..., pero voy todos los domingos, me respondió.

Antonio..., ¡ahí no hay nada!.

El lunes, estrechándome la mano, me daba las gracias. ¡No volvió nunca más!
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jueves, 11 de junio de 2015

Aquel ayer del 52...


La tarde, gris y lluviosa, lo mantenía tras los cristales mirando el vuelo de las golondrinas que anidaban bajo el alero. Los interminables van y vienen, las rápidas piruetas que ejecutaban volando unas tras otras, llevaron su mente a otras épocas. De cuando era niño. Y su madre estaba en su vida...

Hoy recuerda la primera noche que durmieron todos en Santa Marta del Tormes. Sus padres, su hermana pequeña y él, todos en el colchón que se habilitó en el suelo pues no hubo tiempo de montar las camas. La casa tenía un largo y curvado pasillo que desembocaba en la habitación grande.

Por ese pasillo corrió esa misma noche hacia ellos un toro bravo en el sueño que hoy vislumbra con la misma nitidez que aquel día. Otro sueño de aquella época, que quedó arraigado entre los pliegues de la memoria, es en el que le perseguían unas brujas por la era de la trilla y se dejó deslizar por el pequeño terraplén en el que solía jugar. No tiene constancia hoy de haber sentido miedo en ambas situaciones. Quiere más bien recordar que las vivió tal cual!.

Miedo sí paso otro día, que también está ahí pero que no suele aflorar... en el que la vida se descubrió a sí misma mostrándole, como a Jesús en el huerto de los olivos, cual sería su devenir...

Hoy todo está perdonado, y olvidado. Hay incluso un respeto y un cariño que, incomprensiblemente, surgió, ya en el clarear de sus sienes, de alguna parte profunda de su corazón. Y como el río de la vida que hoy baña sus pies en el valle, dejó fluir en armonía.


Las golondrinas de aquel ayer, tras reunirse posadas sobre unos cables en un frío día de invierno, todas juntas emprendían el vuelo a tierras más cálidas. En casa, el brasero que su madre siempre preparaba, acogía con calor a quienes se sentaban alrededor de la mesa camilla

sábado, 30 de mayo de 2015

La tarde...


La tarde declina...

El silencio se hace presente en el valle...

Los últimos y dorados rayos de sol enciende de rojo las cumbres de Anboto y Udalaitz...

El río de la vida fluye sereno. Los petirrojos en la umbría del bosque y el mirlo desde lo alto de la iglesia despiden el día. Venus marca la incipiente noche que nos acompaña. El cuarto creciente de la luna guía a la pareja que, cogidos de la mano, se adentra en el valle por el camino verde...


“Hoy he vuelto a pasar... por aquel camino verde... que en el valle se pierde... y es mi dulce soledad... Hoy he vuelto a pasar por la puerta de la ermita... he subido a la colina y allí me he puesto a cantar...”.

(Canción enseñada por mi abuelo en Noia en 1956)

miércoles, 20 de mayo de 2015

Sólo por hoy vuelves a la vida...


...en el recuerdo que me permito de ti.

En el devenir de nuestras vidas, de una de ellas, coincidimos en la antiquísima villa de Noia, bañada por la ría del mismo nombre. Compartimos casa, mesa y alcoba. Fue una estancia feliz para ambos.

Te recuerdo. Te veo hoy como si te tuviese delante. Joven, ¿33 años?, muy posiblemente. Guapa, muy guapa. Ese pelo negro y ondulado que te caía sobre los hombros. El óvalo de tu cara. La sonrisa a flor de piel. Tus dientes blancos y bien cuidados (come una manzana al día y tendrás los dientes limpios, solías decirme). Esa figura menuda, no eras muy alta, pero sí bien formada. Recuerdo ese dato de cuando te vestías de tiros largos, la mayor parte de los días, y salías de paseo por la alameda. O las entrañables calles viejas llenas de comercios, gentes, colorido y alegría. Así quedaste grabada en mí para siempre...

Vivencias mil... Nuestra estancia ocasional en la otra casa. Propiedad vuestra, tuya y de tu marido. Que no compartíais por haber ido, él, a hacer fortuna al otro lado del Atlántico.

Lolitiña, te llamaba en sus cartas de amor que nunca me dejaste leer... Si bien más de una vez, riendo ambos, corriste detrás de mí al haber conseguido cogerte una... Queridísima Lolitiña... Y otros términos parecidos que dibujaban esa media sonrisa en tu cara mientras las leías en la alcoba... de ambos.

Recuerdo tus manos siempre... Nadie ha vuelto a acariciarme como lo hiciste tú. ¡Nadie!. Tumbado en la cama pasabas tus manos por mi espalda una y otra vez. Interminable sesión de cariño y entrega.

¡Así te recuerdo hoy. Así eras ayer!

Tus padres en la alcoba de al lado. Apenas una sencilla puerta acristalada nos separaba de ellos. Cómplices silenciosos. Nunca se opusieron a nada. De hecho fueron sus manos de carpintero quienes construyeron la cama.

Finalizado el encuentro de nuestros cuerpos te girabas, y en un natural gesto empezabas a desvestirte... una, dos, tres prendas. Hasta quedar desnuda a excepción de tu braga blanca. Nunca vi más allá de tu espalda... Y eso que la curiosidad de mis ocho años no te quitaba ojo.

Sólo por hoy, mi querida tía Lolita, vuelves a compartir conmigo momentos de un ayer querido.

viernes, 15 de mayo de 2015

Días "desapacibles"...


Me encantan estos días en los que el clima da un giro de 180º. De tener un sol brillante y días de playa, a pasar a mañanas como la de hoy. En que el gris, el xirimiri (fina e imperceptible lluvia que acaba calándote), el fuerte viento y el frío de nuevo convierte a éstas en “desapacibles”.

Los tréboles rojos de la terraza no han desplegado sus hojas todavía, y las múltiples florecillas lilas que los coronan permanecen cerradas y cabizbajas ¿“Tristes”?... ¡En absoluto!. No hay tristeza en la naturaleza. No hay tristeza en lo natural.

El suceder natural de la vida... sucede.

Cierto que observo todo esto tras los cristales de la ventana. No en la parada del autobús bajo un paraguas. Pero es que éste es el momento en el que me encuentro. ¡Aquí y ahora!. No cabría, pues, añorar días que no están o momentos que no son.

Los nogales, hoy, mecen sus ramas al son del ulular del viento. Los castaños, las magnolias, la palmera, todo hoy danza en compañía de las múltiples gotas de agua que riegan la tierra.

Y el día es perfecto.

sábado, 9 de mayo de 2015

¿Qué “yo”, qué ego, qué personalidad?...

Llevaba unos días enfrentado con la impronta de ella... Algo había sucedido que les mantenía enrocados en la fortaleza de cada uno. No era la primera vez. Se diría que la frecuencia iba en aumento según pasaban los años.

De los abrazos, los besos y los te quiero de un ayer no tan lejano, se había pasado a una relación normal... En la que si bien seguía vigente el cariño de padre e hija, éste se veía velado por la impronta... de ambos.

(Impronta personal: característica personal que se refleja en acciones, obras, trabajos, o en otras personas)

No se sentían cómodos en esa situación pero, la situación continuaba. Una palabra, un gesto, una expectativa de uno hacia el otro, no cubierta, bastaba para desencadenar un nuevo periodo de alejamiento, silencio, sequedad y aparente indiferencia... Un pequeño infierno. En el que el entorno familiar se veía involucrado.

Ayer, de camino a su trabajo, le vino un pensamiento. Que tomó, no sólo con interés sino con gran determinación... ¿Cuál es, realmente, la razón de todo esto?

¡Concluyó al instante que todo se debía a él mismo!. ¡Su personalidad, su “yo”, su ego, se sentía amenazado!

Y comprendió de inmediato que todos los desencuentros, enfados, enfrentamientos, sean de la índole que sean, proceden únicamente de este aspecto. ¡El miedo al otro!

Miedo... al otro.

Y algo empezó a clarificarse en él. Algo que ya sabía, sí, pero que nunca vio con tanta nitidez.

¿“Yo”, ego, personalidad?. ¿Qué “yo”, qué ego, qué personalidad?... Y notó como esa carga emocional que sustentaba se diluía. Notó como la “importancia” del problema desaparecía. Y constató que ello era debido a la desaparición de su propio “yo”, ego, personalidad.

Al diluirse la ola que creía ser en el Océano inmutable, ¡que supo que era!, vio desaparecer también todas las demás olas. Empezando por la que representaba a su propia hija. Y el mar embravecido de los sentimientos enfrentados, deseados unos, rechazados otros, el caldo de cultivo de lo que se conoce por “la vida es así”, amainó.

Y la calma se instaló en su corazón.

domingo, 26 de abril de 2015

Boomerang.


El boomerang es esa pieza (arma) que lanzada de una manera determinada, si no impacta en el objetivo, regresa a su punto de origen debido a su perfil y forma de lanzamiento especiales.

Si sintetizásemos el comentario podría quedarnos algo así: “lo que lanzas se te devuelve”, “lo que emites viene de vuelta.”. “Lo que piensas construye en la misma cualidad.”. “Lo que siembras recoges.”.

Lo que recoges, hoy, es lo sembrado ayer... Aunque no seas consciente de haberlo hecho.

Esto es conocido como la ley de causa y efecto. Toda causa produce un efecto. Todo efecto proviene de una causa, previa.

Y así se va formando esa cadena de causas, previas, lo que produce los consiguientes efectos, que se convierten a su vez en causas de otros efectos... Y así hasta el infinito...

A diferencia del boomerang, que es necesario que no toque el objetivo para que vuelva, el pensamiento y el sentimiento emitidos, buenos o inadecuados, si tocan el objetivo, al otro, la cosa, es cuando vienen de vuelta. Y generalmente multiplicado su efecto. Si era bueno, bueno, si no, de la misma cualidad. Esto no es conocido, y menos aceptado, por la mayoría de la gente. Se ignora. Pero la ignorancia de algo no libra de los efectos producidos... ¡Y así va el mundo!

¿Está la humanidad condenada a sufrir la interminable sucesión de causas, inadecuadas, y los consiguientes, y perniciosos, efectos?

¡No como tal humanidad!. ¡No hay tal humanidad!. De la misma manera que una multitud de granos de arroz es la suma de cada uno de ellos, así mismo la llamada humanidad es la suma de cada uno de los individuos que la componen. Y son estos, individualmente, y no en conjunto, los que tienen que cambiar. ¿El mundo?. ¡No, desde luego. Ello es imposible!

Lo que sí tiene que hacerse, lo que está al alcance de cada uno, lo único que puede hacerse realmente, es cambiar uno. Dejar de emitir, uno mismo, pensamientos inadecuados, malsanos, negativos, e inútiles. Sustituir los sentimientos que se generan en su corazón, en muchas ocasiones por cosas nimias, por sentimientos de comprensión, aceptación, armonía, paz o amor. ¡Perdón!

La comprensión, la paz o el amor, no son esas palabras bonitas y algo tontas con las que la mayoría estará de acuerdo al leerlas, para acabar no haciendo nada con ellas. Cuando son éstas y no las grandilocuencias creadas, de toda índole, las que pueden cambiar sus propias vidas.

¡Propias vidas! Lo que está en tu entorno más inmediato, Tú.

Cuando te observes motivado, implicado, en causas humanitarias, próximas o lejanas, ello no importa, como tampoco importa si es de hecho o sólo de intención, presta atención. Verás cómo realmente no estás haciendo nada con lo único que puede cambiar tu vida. ¡Tú! Y cambiando tú cambiarás el mundo.

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Si cambias tú, cambia todo el contexto que te rodea. 
Sea éste de la naturaleza que sea.
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Por otro lado las palabras de Jesús a sus discípulos,
personas corrientes como tú y yo,
encierran una enseñanza más profunda que la señalada hasta ahora.


Estáis en el mundo pero no sois del mundo”.
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martes, 21 de abril de 2015

palabras palabras palabras...























...paroles paroles paroles...

Así cantaba Silvana di Lorenzo en la vieja y entrañable ciudad de León, en un atardecer del verano del 73... Ayer, sin más!

Era el cumpleaños de su amiga, y compañera de trabajo, y localizó este viejo disco. Tenía un cierto valor sentimental para ella. Se identificaba con esta letra al vivir una experiencia de amor con una persona que encajaba casi perfectamente con la misma...

Ayer también, y este ayer es 42 años después, la misma persona le comentaba que no se sentía identificada con la imagen, actitudes, palabras, hechos, que hoy conforman su vida. Ella. Le decía que es como si estuviese encadenada a algo que no es ella. Que ya no es ella.

No cabría dudar que algo habrá hecho, o dejado de hacer, para que hoy recolecte siembras de un ayer que, de haber sabido la evolución de la vida, no hubiese sido la misma.

Y si bien su bandera, hasta hoy, roza casi la sequedad, como secas están las tierras de su Castilla la Vieja, así se define, no hay duda que la vida llama a su puerta...

La llama a un cambio de actitudes. Sonrisas, en lugar de seriedades. Palabras amables, sustituyendo gestos adustos. Prodigarse en abrazos, deseados, y que hoy no están. Besos, olvidado ya como se hace...

La llama principalmente a aceptarse tal y como es hoy... Ella... En su interior. En su esencia más íntima. En el lugar secreto de lo más elevado. Y cuando esto suceda todo a su alrededor cambiará en consonancia con ello.

¡Lo sabe! El ansia de cambio es grande... El encuentro consigo misma es imparable...

Sólo tiene que tener confianza en ella... Y avanzar!

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Ayer fue un día de palabras. Fui receptor de algunas y testigo de otras ajenas. Un sin fin de ellas. Las hubo de todos los gustos, colores, tendencias y relevancias. Y constaté, una vez más, de la ligereza con que en muchas ocasiones las empleamos.

Si nuestra intención es expresarlas, no es suficiente que nosotros las consideremos importantes. Debemos tener muy presente si las mismas serán recibidas igual en la otra parte. Si no es así, o hay dudas al respecto, es mejor guardar silencio.
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miércoles, 8 de abril de 2015

Mierda de vaca.


Bob Adamson* fue uno de los primeros occidentales que acudieron a visitar a Sri Nisargadatta Maharaj y en su presencia, terminó la búsqueda en el año 1976.

Nisargadatta le dijo: “La mejor forma de ayudar a alguien es llevarle más allá de la necesidad de ayuda”.

El mensaje de Bob Adamson es poderoso y directo. Si hay una palabra que pueda definirlo y hacerlo destacar entre otros mensajes similares, es, sin duda: claridad.

Bob relata la historia contada por Muktananda:

““Un tipo va a un guru y le dice: “Enséñame la verdad”. El guru simplemente le contesta: “Tú eres Eso”. El tipo entonces piensa: “Vale, ya he oído eso antes”, y se larga calle abajo en busca de otro guru que posea una verdad más grande. Encuentra después a otro que tiene cientos de devotos y que se parece más a lo que él cree que debe ser un guru.

Entonces le dice al nuevo guru: “¿Me enseñarás la verdad?”.

El guru le pregunta: “¿En qué otro sitio has estado buscando?”.

El tipo contesta que ha ido a ver al otro guru. El nuevo guru, que conoce al otro y sabe que tiene la comprensión, le dice: “Tendrás que servirme doce años antes de que puedas conocer la verdad”. “De acuerdo, estoy preparado para hacer cualquier cosa por la verdad”. Contesta el tipo.

El guru llama entonces al administrador de las actividades del ashram y le pregunta: “¿Qué trabajos quedan por hacer?”.

Bueno”, dice el administrador, “lo único que queda es recoger mierda de vaca”.

De acuerdo”, dice el guru al recién llegado, “eso tendrás que hacer. Tendrás que recoger mierda de vaca durante doce años”.

Tras doce años de diligente trabajo, el buscador al fin se acerca al guru y le dice: “Maestro, te he servido fielmente durante doce años. ¿Podrías ahora enseñarme la verdad?. El guru entonces le mira fijamente a los ojos y le dice: “Tú eres Eso””.

Bob: ““Ahora todo el mundo se ríe cuando Muktananda cuenta esta historia. Muy pocos ven más allá del chiste. No ven que ellos están haciendo exactamente lo mismo. No oyen el mensaje que Muktananda nos dirige: “Dios mora en ti como tú, Es tú”.

Nisargadatta me dio la misma indicación que el guru le dio al tipo de la historia cuando fue a buscar la verdad. Me dijo: “Tú no eres el cuerpo, ni eres la mente. Tú eres pura consciencia, o presencia, o realidad”. Y esta vez fui capaz de verlo.

Asombrosamente mi “recoger mierda de vaca” terminó al instante””.


* Una Sola Esencia. Bob Adamson. Vía Directa. Colección Advaita.

domingo, 29 de marzo de 2015

Ébano...



 Cuando la inmobiliaria le enseñó aquel piso, le encantó que tuviese ese patio interior y esa claridad. Le gustó toda la vivienda, la zona, la amplia terraza que daba a la gran alameda. La luz que entraba por las ventanas. Todo.

El patio, del tamaño de una habitación y al que se accedía por la cocina, contaba también con la ventana de una habitación. Era particular. Si bien del segundo piso daban a él dos ventanas, cocina y habitación. Cubierto por una tejavana, estaba abierto por una esquina. Descubrió poco después que una pareja de colirrojos anidaban en un saliente del techo sobre la secadora.

Vacío el piso superior cuando él llegó, pasaron varios meses hasta que oyó ruidos de gente.

A los pocos días se cruzó en la escalera con una pareja de negros. Supuso que eran sus nuevos vecinos. El hombre, alto y fornido, bien vestido, le sonrío amablemente. Ella, de menor estatura, delgada, pelo ensortijado y negra como el azabache, bajó la mirada a su paso.

Pasaron los meses. Su trabajo, desde casa, consistía en llevar la contabilidad de varias empresas. Ocupación que le permitía bastante tiempo libre.

Un día en que se encontraba limpiando sus zapatos en el patio, notó que algo se movía encima de él. Al levantar la vista vio como su vecina iba tendiendo la ropa en el colgador de su ventana. Cubierta con una amplia y corta camiseta de tirantes y color blanco, destacaba, más si cabe, el oscuro color de su piel... Y en ese momento también la turgencia de unos pechos que, al movimiento de tender, parecían pugnar por salirse...

Sorprendido y turbado apenas se oyó a sí mismo decir un tímido hola... Bajó la vista y siguió cepillando sus zapatos. Ella no respondió. Ni creyó que le hubiese mirado.

Pasaron dos semanas antes de que volviesen a coincidir en el patio. Él estaba limpiando y regando algunos tiestos cuando oyó como una ventaba se habría sobre él. En un principio ni se atrevió a levantar la vista... Se había cruzado con ellos en la escalera en algunas ocasiones y ella apenas había esbozado una sonrisa. Cuando por el movimiento y ruido se hizo evidente que alguien estaba asomado, miró hacia arriba y la vio colgando unas toallas... En esta ocasión nada impedía ver como la naturaleza había obrado en aquel cuerpo... Ahora sí fue ella quien, ante el silencio de él, y su sorpresa, le sonrió ligeramente. Unos segundos después desaparecía cerrando la ventana.

Se quedó anonadado ante la visión de aquella escena que, inusual y sorprendente, no sabía como interpretar...

Le pareció, eso quiso pensar, que no había nada insinuante en aquellos dos encuentros. Parecía más bien su forma natural de estar en casa, sola, en la intimidad. Si bien ésta no le importaba compartirla con él. Y empezó a gustarle aquel inocente juego de complicidad.

En ocasiones no era sólo al tender la ropa que coincidían, sino también al limpiar ella los cristales de las ventanas. No siempre se asomaba desnuda de medio cuerpo. Y ambas actitudes, cubierta o sin cubrir, parecían tener la misma relevancia para ella.

Nunca tuvo claro qué era el hombre para ella, marido, hermano, compañero... Al cabo de unos seis meses y al volver a casa después de un fin de semana de viaje, encontró un sobre en el suelo del patio. Al abrirlo había un papel en blanco con la palabra “Adiós” y la mancha de carmín de unos labios.  

sábado, 21 de marzo de 2015

¡Se libre!



Cómo afrontar la oposición. (cotidiana, en la familia, trabajo, sociedad, etc.)

Si los demás te critican, provocan, difaman o vilipendian, retrocede y obsérvate. No alimentes la aversión, no te enzarces en disputas ni caigas en la depresión, el enfado o el resentimiento.

Ve más allá y actúa como si no hubieses visto ni oído nada. Finalmente la peste de la maldad se desvanecerá sola.

Si decides luchar terminarás inevitablemente encadenado. (Esta última frase ha sido, hoy, determinante para comprender y aceptar la enseñanza)
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Maestro Yuanwu. 
ZEN
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domingo, 15 de marzo de 2015

Silencio.

El silencio de tu esencia ¿dónde está tierra mía?

Con la buena música de Caty, del blog cat-enblancoynegro.blog..., y después de haber cenado, solo, intento hilvanar alguna historia o recuerdo que me permita la comunicación... aunque no sea sino conmigo mismo.

Pero va a ser que no!. Por un lado la hora, algo tarde ya, y por otro cierto cansancio que me hace dudar del intento.

Me viene a la mente, mientras el ordenador me avisa que la batería está baja, aquel verso de Machado, de su poema Retrato, en el que el poeta expresa que “quien habla solo espera hablar a Dios un día...”.

No parece mal guión... Y además hoy no creo que vaya a aparecer nadie más.

No hay en estas palabras ni soledad ni tristeza. Nada más lejos. Sí la ausencia de una voz distinta.


jueves, 5 de marzo de 2015

...y surgió esta canción.


Corría el año de gracia de 1982...

Viajando de madrugada en su automóvil desde la orilla del mar Mediterráneo hacia el mar Cantábrico, empezó a tararear algunas melodías conocidas...

Le vino a la mente la imagen y sonrisa de la pequeña hija de su amiga. Cuatro años...

Dejó volar la imaginación y surgió esta canción.

Hola viejo amigo, ¿cómo estás?
Ya veo que te es difícil recordar.
En cambio yo nunca he podido olvidarte.
Viejo amigo de mi madre.

Soy aquella niña a la que de pequeña en tus rodillas sentabas.
Soy aquella niña a la que de pequeña tantos cuentos contaste.
Soy aquella niña que cuando mi padre se iba a su trabajo,
contenta sabía que estabas a su lado.

Hoy ya he crecido, ésta es mi hija y de ti le he hablado...
Viejo amigo de mi madre...

Te veo cansado, las sienes de plata, el cuerpo encorvado.
Ven... cógenos la mano, vamos a su encuentro, ella esta esperando...
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Avatares de la vida... Hoy, es su hija querida. Y las de ésta, sus encantadoras nietas. Protagonistas todos, sin saberlo antaño, de una realidad acaecida.

El Puente Colgante de Bizkaia. (País Vasco)

sábado, 28 de febrero de 2015

Abanico...

Abanico es lo que formamos todos los que nos movemos en el mundo de los blogs. Un amplio abanico de personas, ideas, trabajos, gustos, tendencias, deseos, formas de ver el mundo, entenderlo y vivirlo.

Fue todo un descubrimiento cuando mi amiga Maite me habló de estos espacios hará unos 6 años. ¡Un espacio público, y privado, en el que poder expresarse! Fue toda una revelación. Y aquí estoy desde entonces.

Desde el principio entendí las tres premisas básicas de un blog: Expresar, respeto y privacidad. A partir de esto puedes hacer en tu blog lo que gustes. Si lo que haces no gusta, te visitarán poco. Tú eres, pues, el artífice de ti mismo.

Expresa. Textos, poesía, pintura, fotografía, manualidades, cocina, literatura, mantillas de Semana Santa de principios de siglo, y mil y mil temas más. Todos bienvenidos. La aceptación de tu espacio por los que te visiten la diseñas tú.

Respeto. ¡Qué decir sobre ello! No he encontrado a casi nadie que no lleve esto por estandarte. Que entre mil salga alguno que no lo tiene, estaría dentro de la diversidad que como humanos somos. Y hay que reconocer que estos frecuentan poco estos espacios.

Privacidad. He aquí un punto delicado... Pues si bien es cierto que la red permite la mayor privacidad, puedes publicar sin tu imagen, tu nombre, tu sexo, edad, condición, color de pelo o si vistes a la última, hay una cosa que la red no puede evitar.

¡¡Qué te localicen!!.

Esto de los localizadores que algunos instalan en sus blogs, las razones son múltiples, “lo puse al principio de abrir el blog, por poner, por rellenar espacio, por hacer bonito, me lo puso mi amiga, me hacía ilusión, quiero ver cuando entra mi novio, etc., etc., etc. ¡Pero la verdad es que no lo miro nunca!”.

Estas opciones, respetables, rozan en ocasiones la privacidad de quienes entramos a leer, curiosear, escuchar música, en blogs sin por ello dejar comentario, huella.

Y sin embargo ahí estamos, ¡señalados!. País, capital, pueblo, hora de acceso, minuto, permanencia, etc. Puede que no tal vez para el titular del blog, que no lo mira, y me consta que así es la inmensa mayoría, algunos lo tienen al final de la página, pero estamos!

Puede argumentarse que puesto que no pone el nombre de la persona ésta no es identificada. No es del todo cierto. Pues si vives en localidades pequeñas éstas quedan reflejadas. Y si yo sé que Margari vive en Jadraque, provincia de Guadalajara, (Castilla-La Mancha). Manuel en Medina del Campo, provincia de Valladolid, (Castilla y León). Manuela en Tafalla, (Navarra) o Rosa en Basauri, provincia de Vizvaya, (País Vasco), y veo estos datos señalados en el localizador del blog donde acabo de acceder sabré que están conectados. Sean las 4 de la tarde o las 4 de la madrugada.

He de reconocer que, si bien respeto todas las opciones, no me siento cómodo cuando veo mi ubicación en un globo terráqueo girando o en una lista rectangular con banderas.

Como dijo mi amiga Velvetina hace ya más de 4 años: “Tienes razón, Ernesto. Escribo para que me lean libremente, no para saber quién y cuándo”.

A mis amig@s, a quienes por una u otra causa tenéis hoy instalada una de estas opciones, quiero deciros que respeto vuestra decisión.