La tarde, gris y lluviosa, lo mantenía tras los cristales mirando el vuelo de las golondrinas que anidaban bajo el alero. Los interminables van y vienen, las rápidas piruetas que ejecutaban volando unas tras otras, llevaron su mente a otras épocas. De cuando era niño. Y su madre estaba en su vida...
Hoy
recuerda la primera noche que durmieron todos en Santa Marta del
Tormes. Sus padres, su hermana pequeña y él, todos en el colchón
que se habilitó en el suelo pues no hubo tiempo de montar las camas.
La casa tenía un largo y curvado pasillo que desembocaba en la
habitación grande.
Por
ese pasillo corrió esa misma noche hacia ellos un toro bravo en el
sueño que hoy vislumbra con la misma nitidez que aquel día. Otro
sueño de aquella época, que quedó arraigado entre los pliegues de
la memoria, es en el que le perseguían unas brujas por la era de la
trilla y se dejó deslizar por el pequeño terraplén en el que solía
jugar. No tiene constancia hoy de haber sentido miedo en ambas
situaciones. Quiere más bien recordar que las vivió tal cual!.
Miedo
sí paso otro día, que también está ahí pero que no suele
aflorar... en el que la vida se descubrió a sí misma mostrándole,
como a Jesús en el huerto de los olivos, cual sería su devenir...
Hoy
todo está perdonado, y olvidado. Hay incluso un respeto y un cariño
que, incomprensiblemente, surgió, ya en el clarear
de sus sienes, de alguna parte profunda de su corazón. Y como el río
de la vida que hoy baña sus pies en el valle, dejó fluir en
armonía.
Las
golondrinas de aquel ayer, tras reunirse posadas sobre unos cables en
un frío día de invierno, todas juntas emprendían el vuelo a
tierras más cálidas. En casa, el brasero que su madre siempre
preparaba, acogía con calor a quienes se sentaban alrededor de la
mesa camilla


















