No busques la verdad; simplemente, deja de atesorar opiniones... Si quieres conocer la verdad, entonces no sostengas opiniones ni a favor ni en contra de nada. Establecer lo que te gusta frente a lo que no te gusta es la enfermedad de la mente.- (seng-ts'an)

http://www.oshogulaab.com/ZEN/TEXTOS/HSINHSINMING.htm

lunes, 16 de enero de 2017

¡¡TIMO TIMO!!


TIMO TIMO.

Así figuran en mis “Contactos” de móvil los siguientes teléfonos:

668 649 062 / 668 649 063 / 668 649 005 / 807 426 907.

A su vez los he bloqueado/anulado en el móvil. Si llaman no me entero. Y parece que ellos saben esto y dejan de llamar.

Corresponden a llamadas que se reciben en el móvil advirtiendo que te van a cargar en tu cuenta de banco 213€, u otras cantidades similares, y ello de acuerdo con el pedido que usted ha realizado… Y le añaden que para anular el cargo o cualquier otra incidencia llame al: 807 426 907 (es de tarifación especial y te puede costar 1.500€)

Hoy la TV lo ha anunciado en las noticias del mediodía.


Otro TIMO TIMO.

Te llaman al fijo/móvil y te dicen que son del Servicio Técnico de Telecom o Telefónica.
Preguntan si dispones de marcación de tonos.
Te piden que marques el 9 y el 0 seguido de #. (nueve-cero-almohadilla). 9. 0. #.
Te dicen que todo está bien. Te dan las gracias…
Pero tu línea se ha convertido en receptora de llamadas de teléfono desde el cual te han llamado. Con lo cual todas las llamadas que hagan ellos te las cobrarán a ti.

Las compañías de telefonía reconocen que esto es cierto. Que no saben como detener esta trampa y como detener este fraude (ellos siempre cobran).

Ambos TIMOS están comprobados y reconocidos.

¿Qué hice yo con el primero? ¡Sencillo!

Llamé al banco por si había algo. Advertí de esta llamada. Que era un timo. Llamé a la Ertzantza (policía vasca). En otros casos llamad o denunciar en comisarías de Policía Nacional o aquí: fraudeinternet@policia.es o Policía Municipal.

Es importante que dada la magnitud de ambos casos tomen nota de la avalancha de denuncias y actúen.

No soy de andar dando información sobre cosas parecidas que puede que “vuelen” por la red. Tampoco las recibo. Ni quiero. Gracias.

sábado, 14 de enero de 2017

tac tac tac tac...


Templos.
tac tac tac tac... Así suenan las teclas del ordenador esta noche. Así me distraigo. Así transcurre la vida en estos momentos. ¡Simple!

Dos de la madrugada. Me acosté temprano y me he levantado a comer algo de fruta. He estado leyendo algunas páginas del libro “Quién puede hacer que amanezca”, de Anthony de Mello, S. J., y, una vez más, compruebo que es tan obvia la realidad que señalan que me asombro de que hasta yo mismo me distraigo escribiendo sobre ello…

Compartir podría llamarse, pero os aseguro que intención intención no tengo ninguna de compartir nada. De la misma manera que tampoco vosotros necesitáis que nadie comparta nada. Y soy consciente de que estar haciéndolo lo que se consigue es dispersarse uno mismo en vez de centrarse en lo real. Práctica habitual de muchos, e aquí la prueba, de que nos gusta más hablar de cualquier cosa que interiorizarla en el silencio de uno mismo.

Sensibilidad:
«¿Cómo puedo yo experimentar mi unidad con la creación?»
«Escuchando», respondió el Maestro.
«¿Y cómo he de escuchar?»
«Siendo un oído que presta atención a las más mínimas cosas que el universo no deja nunca de decir. En el momento en que oigas algo que tú mismo estás diciendo, detente».

Creación:
«Siéntate tranquilamente
y no hagas nada.
La primavera llega
Y la hierba crece.

Idolatría:
El maestro no se cansaba jamás de prevenir a sus discípulos contra los peligros de la religión, y le gustaba contar la historia del aquel profeta que iba por las calles, con una antorcha encendida en la mano, diciendo que iba a prender fuego al templo para que la gente se ocupara más del Señor que del propio templo.
Y luego añadiría el Maestro: «Algún día, yo mismo habré de portar una antorcha para prender fuego tanto al templo como al Señor».


Este último es uno de los textos que en un principio no entendía. Años leyéndolo sabiendo que algo encerraba pero incapaz de dar con ello. Hoy esta claro al haber desaparecido tanto el templo como el Señor.

viernes, 6 de enero de 2017

...con su sombrero vuelto.

Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara. 

Desde la ventana de la cafetería en la que había quedado con sus amigas les vio pasar… Andaban con precaución para no resbalar sobre el piso nevado. Sus mochilas a la espalda y algunas bolsas en la mano les identificaban como vagabundos. Viejas pellizas raídas les cubrían y sendos sombreros evitaban que la nieve que caía copiosa blanqueara sus cabezas. Se dirigieron hacia los soportales de la plaza y les perdió de vista.

Hora y media después y tras recogerla su marido eran ellos quienes, al amparo de los soportales, se dirigían a su casa. Y volvió a verles. Esta vez con las mochilas en el suelo, él sentado en uno de los bancos de madera mientras ella, con su sombrero vuelto, lo extendía a las pocas personas que a esa hora transitaban por allí. Le comentó algo a su marido y ambos cruzaron la plaza en su dirección. Según se acercaban pudieron comprobar que ella parecía algo mayor que él. Dos billetes de 50€ fueron depositados en el sombreo. Mientras el marido dirigiéndose al hombre que se había levantado le dijo.

Aquí detrás, dos calles más abajo, encontraréis el Montañés, restaurante, dirigiros a él y cenad lo que queráis. Ahora mismo les aviso que vais. Y en frente, en el hostal del mismo nombre, tendréis reservada habitación. Está todo pagado. No tenéis de qué preocuparos.

Al día siguiente y mientras desayunaban, la pareja fue advertida de que el matrimonio que les había ayudado les invitaban a comer. Una sencilla sala adornada con motivos navideños y una chimenea encendida con gruesos leños de encina roja les acogía en el convento de Santa Clara. Unas 40 personas, entre sentadas y en corrillos charlando, conformaban ese grupo en el que tantos quisiésemos estar en muchos momentos de nuestras vidas. Momentos de soledad, aparente desamparo, silencios, impuestos a nuestro pesar, desencuentros familiares… Hasta con uno mismo en ocasiones. Y sin embargo es la vida!

Al entrar fueron recibidos en primer lugar por algunas monjas que, sonriéndoles y con los brazos abiertos, se dirigieron a ellos abrazándoles cálidamente… Lo que provocó que la pareja estallase en sollozos… Motivando que otras personas se sumasen a la bienvenida estrechándoles en abrazos o tendiendo sus manos. Poco después y sentados con el matrimonio que les había acogido relataban brevemente su historia.

Ella, circunstancias de la vida, !impensables!, hasta que se hicieron presentes…, llevaba unos meses viviendo en la calle. Él, algún tiempo más. Un fuerte desencuentro familiar la había, o se había ella misma, arrojado a la calle. Él, inmerso también en alejamientos familiares, orgullos, incomprensión, intolerancias mutuas, sumado a la pérdida de su empleo, ocasionó el desarraigo actual. Ella, 62 años, viuda desde hacía tiempo, sola, empezaba a acusar cierta pérdida de memoria. Y esto era lo que le había motivado a él a acompañarla en el viaje emprendido hacía el norte… Donde esperaba encontrar sus raíces, su hogar de infancia, sus gentes, en la aldea que la vio nacer.

Dos días más tarde emprendían viaje junto al matrimonio en dirección a ese hipotético lugar de su memoria…, que ya se percibía que podría no estar más que en sus recuerdos. Una conversación del matrimonio con la superiora había acordado que si nada había en las tierras celtas que la retuviese quedaría acogida en el convento. 

Él, trabajando ya en el pueblo que les recibió, la visitaba casi todos los días…

Una historia real de tiempo atrás...
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Si es que el tiempo tuviese principio y final…
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sábado, 31 de diciembre de 2016

Nathan Brutsky.

Ellas...
...dos más.
Ellos...
Conjunción.
Sobremesa...
Domingo por la tarde...

Artista israelí que reside en Tel-Aviv.



Que viváis una bonita noche y se cumplan todos vuestros deseos. Aunque no sea sino por esta sola noche...

Un fuerte abrazo.

Santa inocencia!

En un punto infinitesimal de esta galaxia se encuentra la Tierra.
Respecto al "arte" de vivir, aprendiendo/viviendo, lo has descrito muy bien, Gloria, con palabras naturales. Vivir, amar, envejecer... Tal cual el maestro del prado. Así es la vida realmente. Lo demás..., cada quien su historia, cada quien su mundo.

Se cree que no hay más que uno... ¡Santa inocencia!”

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martes, 27 de diciembre de 2016

¡Maestro!


Navidad Navidad dulce Navidad…

Así dice la canción de los hombres, así cantan a coro la mayoría, así se construye la burbuja, individual y colectiva, de realidad. De ayer, hoy y mañana. Del primero, los recuerdos, de lo que fue o fueron, ellos, pero que ya no son. Del tercero, anhelos… De algo que no es y cabe que nunca sea… Pero ahí están, marcando nuestras vidas el pasado y el futuro. Cuando la realidad es que el ayer fue “hoy” y el mañana, cuando se viva, cuando llegue, será también “hoy”.

Pero del único “hoy” que hay, que vivimos, nada más es real, pocos quieren/queremos saber

Cuando soy consciente, y capaz, de hacerme a un lado y permitir que la vida fluya a su ritmo me sorprendo al comprobar cómo encajan la mayor parte de la cosas, pequeñas o grandes, relevantes o no, propias y de terceros... Y las que no, que no dejarán de ser apreciaciones y deseos personales míos, acaban marcando con el tiempo su razón de no ser.
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Camino de la ciudad y al pasar por un prado de fina hierba punteada por miles de gotas de rocío he visto a un “maestro” que, junto a un rebaño de ovejas, una bandada de cuervos que con su peculiar bamboleo al andar buscaban su alimento, dos urracas al borde de la valla, una sobre el alambre de espino y la otra en el suelo, tres mirlos repartidos entre los árboles sin hojas que bordeaban ésta, y todo ello envuelto en el murmullo del río que baja crecido por las últimas lluvias y el sol de la mañana, me he detenido a preguntarle.

Maestro ¿qué es la vida?

Mirándome a los ojos con aparente indiferencia pero muy consciente de la realidad que vivía, del "hoy", del instante, que él es, que todo es, volvió a bajar su cabeza y siguió mordisqueando la hierba.

Y comprendí que todo es “ahora”. Y que fuera de este instante no hay nada. Y que el sonido de zambombas y panderetas unido al de los villancicos que se oía a lo lejos no es más que el ruido que producimos con tal de no encontrarnos a nosotros mismos…

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La figura del asno como "maestro" no es peyorativa. 
Quiere señalar lo natural de la vida a través del comportamiento natural.
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jueves, 15 de diciembre de 2016

Días de fiesta.




Os los deseo en paz y armonía junto a vuestros familiares y amigos.

Un gran abrazo a todos.

viernes, 9 de diciembre de 2016

El viento roló hacia el norte...


... he hizo retroceder el tiempo.

El fuerte viento que le acompañaba aquella fría tarde en su viaje de vuelta a casa le hacía agradecer lo acogedor del interior de su coche. Eran las siete y media y se había propuesto no parar hasta Madrid. De pronto el vehículo empezó a perder potencia y a aminorar su velocidad. Poco después detenía su marcha en el arcén. Varios intentos de arrancarlo resultaron infructuosos.

¿Qué hacer? El último pueblo por el que pasó había quedado muy atrás. Anochecía con rapidez. Se dio cuenta entonces de que ya hacía tiempo que no se cruzaba con ningún coche. ¿Quién iba a estar de viaje la tarde del 24 de Diciembre? Pensó en su hermana que le esperaba para la cena familiar y la inquietud que les embargaría su retraso. Intentó una vez más ponerlo en marcha pero nada se movía. Se bajó dirigiéndose al capó delantero y levantó la tapa. Con una pequeña linterna estuvo observando el motor.

Miró a su alrededor y le pareció descubrir una luz a lo lejos. Aparecía y desaparecía. Cayó en la cuenta de que podrían ser los árboles quienes la ocultasen por el viento. Entrando de nuevo en su vehículo se dispuso a esperar que algún coche pudiese pasar… Tras más de hora y media se bajó y buscó de nuevo la pequeña luz intermitente de antes. Encendiendo las luces largas vio hacia la derecha un camino de tierra que parecía dirigirse hacia donde titilaba la luz. Recogió su maleta y emprendió el camino.

Tras más de veinte minutos de caminar de cara al viento accedió a lo que parecía un grupo de casas viejas. Dejando atrás las primeras llegó a una especie de parque ajardinado con la estatua de alguien insigne en lo que pudiera ser el centro de aquel pequeño pueblo. Varias bombillas cubiertas por blancos platos adosadas a las paredes de algunas casas iluminaban con luz mortecina las calles empedradas. Nadie se veía. Varias chimeneas dejaban escapar grises humaredas que el viento arrastraba en largas volutas jugando con ellas.

Vio que algunas ventanas entreabiertas dejaban pasar la luz de su interior. Imaginó mesas puestas y cazuelas al fuego. Niños en alegre algarabía alrededor de la chimenea. Turrones, peladillas, pasas, higos secos, barquillos, todo ello colocado sobre una mesa en un lado de la cocina. Las mujeres preparando la sopa y las patatas al horno junto a la carne guisada. Y los hombres saboreando anís y coñac en aquellos diminutos vasos de cristal con líneas de colores azules, amarillas y rojas rodeándoles y que, recordaba, no faltaban en las casas de su niñez.

Se dirigió a la puerta más próxima. Una mujer con una niña en brazos le abrió…

Sentado a la mesa frente a ella y con sus dos hijos a cada lado cenaron aquella noche en que, según cuentan las leyendas, nació un maestro de la humanidad. Los regalos comprados para sus sobrinos sirvieron para alegrar las caras de aquellos niños. Zambombas y panderetas se oían tocar en las casas vecinas. Los pequeños hicieron sonar sus carracas. El viento seguía barriendo el páramo y al pasar por lo alto de la chimenea ululaba con fuerza. Cuando la madre acostó a sus hijos volvió a la cocina, y sirviendo sendos vasitos de licor se sentó a la mesa.

Creo reconocerte, ─le dijo el hombre─. Tu pelo es inconfundible. Veo que lo llevas más corto, pero eres tú, seguro…
Sonriendo la mujer le respondió: También yo creí reconocerte…, pero cómo iba a pensar que después de tantos años te vería de nuevo, y en una noche como ésta… La verdad es que he dudado, más por la sorpresa que por no reconocerte… Veinticinco años por lo menos…
¡Puede ser! No voy a negar que te he tenido en el pensamiento muchas veces… Aquella trenza rubia larga y enmarañada, aquella sonrisa, aquel desenfado tuyo y de tus compañeras en el trato con un desconocido. Aquel momento tan natural en el que te vi aquella fría mañana de invierno del cincuenta y siete lavando la ropa a mano en pleno campo junto a la fuente… Aquel botón de tu blusa que intentaste abrochar mirándome, y que tal vez por tener las manos heladas no pudiste. Ese gesto tuyo sonriéndome y no dándole mayor importancia, ¡no he podido olvidarlo!
Hablaron largo rato. Cuando se levantaron de la mesa el viento había amainado…
¡Ven! ─le dijo ella cogiéndole de la mano─, por esta noche retrocederemos en el tiempo…

Después de que el coche fue reparado continuó su viaje. Tarareando antiguos villancicos entraba en Madrid a eso de las cinco de la tarde.

Lo vivido aquella Nochebuena fue/es algo que jamás se repitió. Pero que perduró en el pensamiento de ambos hasta el día de su muerte.
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¡Llegó y lo crucificaron. Y sí volviese a nacer lo crucificarían de nuevo!
¡No hay mayor violencia que la necedad y la ignorancia!
Bueno, puede que haya una mayor…: 
¡La renuencia a saber!
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