viernes, 28 de noviembre de 2014

El valle animado...

Los elementales de la Naturaleza son, en sí mismos, una realidad.
Cómo los percibas ya es otra historia...
En esto, y en muchas cosas de la vida!
Paseaba por aquel camino verde, que por el valle se pierde y es su dulce soledad, le gustaba subir a la colina y pasar por la puerta de la ermita, en ocasiones, y ante ella, sus labios murmuraban una oración. Y fue entonces que descubrió algo que se movía en una rama del viejo cerezo. En un principio pensó que se trataba de un petirrojo, pequeño pájaro de pecho tintado de rojo que habita estos lares. Pero no, no era éste. Al acercarse vio como un diminuto gnomo con el hacha al hombro se dirigía hacia unas hojas, secas ya, que se resistían a desprenderse.

Al ver que era observado, el pequeño hombrecillo la sonrió y levanto la mano en señal de saludo. Y llegándose hasta el borde de la rama, de un solo tajo las cortó.

-No sabía que habitases en este valle, le dijo la joven.

-¿Habitar?... respondió el gnomo, que se había sentado sobre la rama y la miraba. ¡Somos el alma del mismo! Sin nosotros nada vive, crece o se mueve. ¿No has oído hablar de nosotros?

-Bueno... oír oír, algo sabía, como todos supongo, pero creí que pertenecíais al mundo de los cuentos...

-Sonriendo respondió el gnomo colocándose con una mano el puntiagudo gorro rojo. Lo que llamáis cuentos es, en muchas ocasiones, lo que os queda de un conocimiento antiguo que un día tuvisteis... Interactuamos desde siempre con vosotros y la Naturaleza en muchos aspectos de la vida. Sin nuestro hacer ésta no sería...

Se levantó una pequeña brisa que movió las hojas del vecino nogal. Éste conservaba todavía su mayor parte. Le pareció ver entre ellas unas siluetas risueñas que saludaban al gnomo. Volviéndose hacia éste vio como, sonriendo, saludaba con la mano... El viento amainó lentamente y oyó al diminuto ser decirle:

-Son los silfos y las sílfides..., elementales del aire. ¿Tampoco sabías de su existencia?

-Pues... poco más o menos que como contigo...

-¿Y de las ondinas y salamandras?...

-Pues más de lo mismo... Conozco estos nombres y alguno más, respondió la joven. En principio por los cuentos que mi abuela me contaba de niña, después algo leí sobre todo ese mundo que creía de leyendas y fábulas... ¡Hasta hoy, desde luego! ¿Y sabes qué?, no me siento sorprendida de verte y saber de vuestra existencia... En mi fuero interno creo que siempre he sabido algo así!

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¿No oculta, en parte, toda la información en la que hoy se mueve la sociedad el saber natural de siempre? ¿No es, en parte, esta misma información creada, artificial, la causa de la desorientación, limitación e ignorancia en la que el ser humano se encuentra hoy?
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¡La verdad os hará libres!
Enseñó Aquel... 
Y sigue siendo vigente el mensaje, pero a la vista del momento cabría deducir que esa misma humanidad está lejos de alcanzarla.

Tal vez recorre un camino equivocado...
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jueves, 20 de noviembre de 2014

La ventana aquella...

Era una noche infernal. Doy fe de ello! Conduciendo mi furgoneta y con la sola compañía de mi perra Loba me adentraba en lo que parecía ser la boca del infierno...

Una noche oscura, negra, para no vivirla. Una fuerte tormenta de agua y truenos como no había visto nunca, ni he vuelto a ver. ¿Oscura? En un mar de fuego se fue convirtiendo aquello. Relámpagos a cientos y muy seguidos iluminaban el cielo como tratando de romperlo. El ruido ensordecedor. La carretera se dirigía cuesta abajo. El aguacero era tal que la claridad de los rayos no era suficiente para ver nada alrededor. Ni los bordes del camino...

La furgoneta seguía su curso. Digo la furgoneta pues nunca tuve claro quien la dirigía... Espantado no estaba, en parte porque no cabiendo otra cosa a qué espantarse. Pero convencido de que iba derecho al centro de una tormenta que parecía brotar de las entrañas de la tierra. La carretera seguía descendiendo. Nada veía al margen de lo que los faros iluminaban apenas delante de mí. Si hubiese podido dar la vuelta lo hubiese hecho, pero no había forma. Solo continuar y continuar...

Y continué, en ese convencimiento interno de que lo que tuviese que suceder sucedería, y que en el fondo no pasaría nada.

Y sucedió. Algo que no he olvidado nunca. Algo que ahora mismo vivo con la misma intensidad que entonces. La estoy viendo...

Había dejado de llover hacía mucho rato ya y la tormenta dejada atrás. La noche de madrugada. Loba dormida. La furgoneta atravesando una vieja ciudad del norte y... fue al ir girando una esquina redondeada que la vi... ¡aquella ventana!.

Las contraventanas abiertas de par en par, no había cortinas. No se veía el interior. Todo el conjunto, aquel espacio de calle, estaba iluminado por una bombilla exterior que, cubierta por un plato de aluminio blanco al final de un eje en forma de S, daba cierto aspecto de vida en aquella solitaria noche. Y sentí...

Sentí, en los breves segundos que tardé en girar aquella esquina perdiéndome entre calles sin gentes, que aquella habitación, vacía posiblemente, y amueblada por mí con una sencilla y acogedora cama, y tal vez algo más, era mi hogar. Mi entrañable y acogedor hogar en aquel momento.

Y viví con intensidad aquel lugar que la noche me proporcionó. Fue esa la primera vez que fui consciente de la relevancia que ciertas ventanas han tenido en mi vida...  

domingo, 9 de noviembre de 2014

El invierno... ¡me encanta!

Veía caer la nieve arrastrada por el fuerte viento, que adivinaba frío, sentado en el compartimento del tren que me llevaba hacia Buera, pequeño pueblo de la provincia de Huesca.

Si bien dentro la temperatura era agradable, seguía llevando la bufanda puesta. Esta entrañable prenda suelo ponérmela con el primer atisbo de frío y me acompaña hasta que la primavera se hace notar.

El traqueteo del tren, recuerdo de aquellos viajes de antaño, de cuando niño, de las empanadas que mi madre preparaba para la ocasión. Ya no hay quien las haga igual. Ni el sabor, ni la textura, ni nada... Es como la fruta de hoy. ¿En qué fábricas la producen?

Absorto en el paisaje no me di cuenta que la pareja que se sentaba a mi lado, un matrimonio mayor que había subido poco antes al tren, empezaban a sacar algo de un cesto. Ella, sonriendo amable y hasta con dulzura, me tendía un pequeño paquete envuelto en papel. ¿Te apetece comer algo?...

La siguiente parada era, Calatayud...

¡Calatayud! ¡Qué recuerdos de la niñez... Mi madre de nuevo..., el ayer!

Mi madre, como tantas mujeres entonces, solía cantar en casa mientras hacía las labores o cocinaba. Y he de decir que tenía una gran voz. Me llamaba la atención ya en aquel tiempo... El repertorio de canciones que se oía por todas partes era el de la época. ¡Entrañable!

Y entre ellas, La Dolores. Tarareando mentalmente la melodía de aquella canción misteriosa que, oída mil veces, nunca entendí del todo...

“Si vas a Calatayud
pregunta por la Dolores
que una copla la mató
de vergüenza y sin sabores.”...

… inqué el diente en aquel sabroso bocadillo que la nobleza de Aragón compartía conmigo.

lunes, 3 de noviembre de 2014

El pueblo de los fantasmas...

Sucedía en el verano de 1974, en un pequeño pueblo de montaña de la provincia de León lindando con Asturias.

El alcalde había convocado un pleno para tratar el tema que, desde hacía unas semanas, tenía alborotados a algunos vecinos que aseguraban haber visto fantasmas por los alrededores del pueblo.

El del clarín (pregonero) anduvo la mañana del domingo tocando y voceando la prevista reunión vecinal.

“Por orden del sr. alcalde se hace saber... que el próximo viernes habrá... pleno municipal... Y se invita a todos los vecinos a aportar lo que consideren... para la aclaración de...”

Ni que decir que dicho día estaba la sala que no cabía un alfiler. Y en la plaza del pueblo una ingente cantidad de personas, muchas venidas de pueblos aledaños y aún de la ciudad, formaban pequeños corros comentando el tema... Dos cámaras de tv y algunos periodistas completaban el cuadro de aquel memorable día.

Entre los asistentes ya sentados dentro del ayuntamiento se encontraba el panadero del pueblo, quien junto a su mujer habían estado ausentes al tomarse dos semanas de vacaciones. Llegados la noche antes, no se habían enterado de lo sucedido.

Cuando en un total silencio el secretario empezó a leer los datos aportados por unos y otros...

“Que en dos o tres noches de luna y calor sofocante, se habían visto unas figuras humanas de color blanco, de los pies a la cabeza y se cree que desnudas, corriendo y danzando por las eras del grano...”

Una sonora carcajada interrumpió el relato, encogiendo aún más si cabe el corazón de algunos, provocada por el panadero... Quien cogiendo de la mano a su esposa, sonriendo también aunque algo sonrojada, y haciéndose sitio entre el gentío asistente, abandonaron precipitadamente la sala...

Unos días después todo el mundo sabía lo sucedido. Las sonrisas de los vecinos saliendo de la panadería y el aumento de la venta de pan indicaban que allí se estaba cociendo algo...

Para celebrar su décimo aniversario de bodas, la pareja lo había estado celebrando en privado, y puesto que la juventud y la pasión seguían vigentes, después de cenar, descorchar el champan e irse a la ducha juntos, se les ocurrió pasar por el almacén de las harinas y, húmedos todavía, embadurnarse bien de ella y salir por la puerta trasera a correr al que te pillo...  

jueves, 30 de octubre de 2014


En El Evangelio de María Magdalena, de Daniel Meurois-Givaudan, no sólo se recrean las vivencias de Jesús con un grupo de apóstoles, Pedro entre ellos, sino que se desmenuza el alma de todos ellos. Miriam de Magdala incluida. Y por todos ellos hay que entender cada uno de nosotros. Pues esto es lo que representan sus figuras. ¡Cada uno de nosotros! Os aseguro que os identificaréis con más de uno.

El Maestro, los discípulos, hombres, y desconcertados, y la discípula, la mujer que ha despertado, la que sabe. La bienamada.

Resulta sorprendente el papel desempeñado por cada uno a diferencia de lo establecido oficialmente. Pedro, la piedra de la iglesia, encabeza la gran diferencia. Si bien es María Magdalena, la prostituta, quien sobresale por mucho en este relato.

Hay en el libro unas frases entre Jesús y los discípulos sobre qué hacer para saber si la línea de actuación que llevan es la adecuada.

-Maestro, ¿cómo saber si lo que hacemos es lo que se espera de nosotros? A lo que el Maestro responde: ¡Preguntad, si vuestra intención es conocer!

He aquí cuatro palabras que, de llevarlas a buen término, transformarían nuestras vidas y el mundo entero. “Si vuestra intención es...” Jesús no da por sentado que en la mera pregunta haya la intención de conocer.

Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y se os abrirá. Tres enseñanzas que no por conocidas y repetidas dan frutos. ¿La razón? Que falta la esencia real de la frase. La que remarca Jesús: “si vuestra intención es...”

Cuándo se pide, cuándo se busca, cuándo se llama, ¿hay realmente intención de recibir?

Cada uno en su fuero interno deberemos responder a esto. Si bien y en vista de la cosecha que recogemos sabremos si plantamos con la intención adecuada.

TÚ.

Asirse al sentido de existencia -Yo Soy- que siempre está allí acompañándonos, ni siquiera hay que entender algo tan simple, tanto que hasta parece una broma pesada que se hayan levantado filosofías y tradiciones en torno suyo.

No hay nada sagrado en este acto, todo es demasiado natural para concederle una gota de devoción, pero, es la misma naturaleza humana la que crea la ilusión y la confusión de las diferentes metodologías y senderos. Lo único terrible es que nos olvidamos de esta simplicidad y sobre este olvido construimos nuestras vidas buscando sin cesar el bienestar que hemos perdido fuera de nosotros mismos.

Nada hay que buscar y nada hay para encontrar, vosotros sabéis que sois y no dudáis cuando se os habla de vuestra existencia, lo único que debéis hacer es mantener la sensación de ser... Así pues seguid el hilo de esta certeza de existencia y estaréis recorriendo el camino del Ser definitivamente.

Toda enseñanza señala a esto, cuando os re-encontréis ya podéis dejarla, al igual que un ciego deja su bastón cuando recobra la vista.

Sri Parameshwar Maharaj.
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Lo sencillo no necesariamente es fácil.
Llamar a la puerta es un acto sencillo. Pero llamar a ciertas puertas no siempre nos resulta fácil.
Y sin embargo la dificultad no está en la puerta...
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lunes, 20 de octubre de 2014

Descubrimiento.

Descubrimiento.

Ayúdanos a descubrir a Dios...
Nadie puede ayudaros a hacerlo.
¿Por qué no?
Por la misma razón que nadie puede ayudar al pez a descubrir el océano.

Proyección.

¿Por qué es aquí tan feliz todo el mundo, excepto yo?
Porque han aprendido a ver la bondad y la belleza en todas partes, respondió el Maestro.
¿Y por qué no veo yo en todas partes la bondad y la belleza?
Porque no puedes ver fuera de ti lo que no ves en tu interior.

Llegada.

¿Es difícil o fácil el camino hacia la Iluminación?
Ni difícil ni fácil.
¿Cómo es eso?
No existe tal camino.
Entonces, ¿cómo se va hacia la meta?
No se va. Se trata de un viaje sin distancia, Deja de viajar y habrás llegado.

Milagros.

Un hombre recorrió medio mundo para comprobar por sí mismo la extraordinaria fama de que gozaba el Maestro.
¿Qué milagros ha realizado tu Maestro.?
Bueno, verás..., hay milagros y milagros. En tu país se considera un milagro el que Dios haga la voluntad de alguien. Entre nosotros se considera un milagro el que alguien haga la voluntad de Dios.

Autenticidad.

Al Maestro nunca le impresionaron los diplomas y los títulos. Él se fijaba en las personas, no en los certificados.
En cierta ocasión le oyeron decir: Si tienes oídos para escuchar el trino de un pájaro, no necesitas fijarte en sus credenciales.


viernes, 17 de octubre de 2014

Olí de nuevo el pan aquel...

Sentado en el coche entre las viejas calles de la ciudad vi pasar a una joven con la cesta de la compra en una mano y dos barras de pan metidas en una bolsa de papel en la otra. La conozco, fui amigo de su padre y lo soy de ella.

Una imagen sencilla, anodina. ¡Simple! Y sin embargo fue capaz de transportarme a tiempos antiguos, mi niñez, la vieja y entrañable ciudad a orillas de la ría de Noia. Donde jugué, en la plaza de la Lágrima. Corrí cuesta abajo tras un aro de metal guiado por una horquilla. Estudié en la vieja escuela con don Venancio, he hice cuentas en la pequeña pizarra con el pizarrín que llevaba en mi cartera. Preludio de las calculadoras portátiles... Y tuve novia! Ella diez años, ocho yo.

Aquellas barras de pan no sólo guiaron mis recuerdos al ayer, no, fue algo más. Algo que no había experimentado nunca. Olí de nuevo el pan aquel, reciente y de espesa miga que solía ir a buscar al horno al otro lado de la alameda. 

Alameda que está... pero que ya no es mi alameda de entonces. Pues de aquel entonces va quedando poco...

¡Olí de nuevo! Sentí realmente el olor... Y por unos instantes todo se difuminó a mi alrededor. Y viví  en aquellas calles donde nació y jugó mi abuelo. Y conoció a Pepita. Y hoy reposan en la tierra sin edad...

sábado, 11 de octubre de 2014

El bendito día cualquiera...

Gris, aunque no llueve. Algo fresco, otoño ya! Ayer aún hacía calor.

Sentado frente al ordenador y junto a la ventana que me permite ver la huerta del caserío de enfrente, los pájaros revolotear entre los magnolios, castaños, nogales, la frondosa palmera cargada de dátiles, lleva así todo el año. La gente que pasa por debajo de mi terraza. La música de fondo que ameniza esta mañana tranquila de un día cualquiera...

Sin estridencias, abalorios, relevancias, abundancias o carencias. Sencillamente, un día cualquiera. ¿Y el vuestro, también lo es?

He leído con interés algunos textos de blogs amigos, he dejado comentarios, he respondido a algunos que me han escrito. ¡Todo ello un placer!

Nadie llama por teléfono. Un día tranquilo...

La única nota destacable la puso una niña de unos 12 años que, cual centella imparable, cruzó por delante de mi coche esta mañana el paso de cebra que yo estaba pasando... Apareció de pronto tras una tapia y a velocidad de vértigo, al provenir de una calle de pronunciada pendiente. Frené de golpe, pero no pude impedir tocar su rueda trasera. Trastabilló ligeramente pero no llegó a caer... Si bien volvió la cabeza a mis sonidos de claxon, se perdió rápidamente entre calles.

La lección para ella, si cabe, es descubrir que en los pasos de cebra los peatones tienen preferencia, como le habrán enseñado en casa, pero que las “centellas sobre ruedas” deben tener cuidado.

Sigue gris, aunque algo más de luz si hay...

Ahora un rayo de sol...

¡Un día magnífico! Casi todos lo son...

domingo, 5 de octubre de 2014

Machado en el Valle de Atxondo.

La niebla acude a la cita con las cumbres de los montes. El anochecer avanza... El silencio se hace presencia. La vieja campana de Arrazola anuncia su diálogo con las horas. Los últimos pájaros cantores, cual luciérnagas sonoras, se dejan entrever entre la arboleda oscura... Veo las vacas pastar las últimas hierbas del día y... cuento los terneros. No me salen las cuentas. Seis vacas, seis terneros... ¡Pero entonces, aquella que parece preñada!...

Parado sobre el viejo puente de piedras observo el fluir del agua serena... Busco la presencia de algún cangrejo en su cauce pero no descubro ninguno. Tal vez la última riada limpió el río... ¡Volverán!, sin duda. Como las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar... Bello poema de Bécquer. De cuando se escribían bellos poemas... ¿Dónde estás Antonio Machado? Hoy mi alma clama por ti...

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano,
cercado de colinas y crestas militares
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!
En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.
Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

Sin saber lo que realmente significan estas palabras, bellas y profundas en sí mismas, y a mi entender, no puede leerse el alma del poeta en ellas. Mil veces he visto y sentido a este grande, y sencillo, hombre, viajar en el abril de 1912 en ese tren que le aleja de la Soria toda... Siete días después de dejar a Leonor, muerta, en el alto Espino castellano.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La baldosa...

El ser humano, en su mayoría, suele moverse en su vida en lo que se podrían considerar cuadrados. Como las baldosas del suelo de una habitación inmensa, iguales pero distintas unas de otras. Espacios más o menos definidos. Mental, emocional y hasta físicamente... Limitados las más de las veces, cercados... y en ocasiones con espino!. No se sabe muy bien si para que no entre nada/nadie de fuera o para que no se salga nadie del recinto.

Sea como fuere, ya el hecho de saberse, sentirse, diferente a algo que, conocido o desconocido, está al otro lado... supone una limitación. Sería algo así como vivir en una ciudad amurallada. Un corral. Resguardados, protegidos, apartados. Limitados al fin y al cabo. Felices en la separatividad. Y por ello incapaces de ir más allá...

Esta metáfora de la baldosa surgió cuando hace poco unos amigos, miembros de una comunidad religiosa, una de las tantas iglesias que existen hoy en cualquier parte, me regalaron, como prueba de amistad y confianza... una biblia. Un tanto especial, eso sí!. En formato y contenido. Y también con el propósito inconsciente de hacerme llegar verdades que, así lo creen, desconozco. Y que conociéndolas me liberarán...

¡No sé de qué tendrían que liberarme precisamente a mí!

No voy a negar que me haya movido, como la mayoría, en tales o cuales cuadrados a lo largo de una vida. ¡Claro que no!. Ha sido precisamente mi presencia en esto, aquello y lo otro, lo que me ha hecho comprender, entre otros despertares, su inutilidad!. Etapa trascendida.

Utilidad en su día. ¡Sin duda!. Y respetable. Como respeto toda idea, tendencia, deseo o lo que quiera que cada uno abrace o sostenga, hoy.

¡Mañana Dios dirá!

Y no cabría pensar que quien se aferra a algo, hoy, con fuerza y determinación..., ayer se daba la vida por ello, no estará libre mañana para acceder a ESO. Todo Lo Que Es. 

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Lo que ya eres sin tener que hacer, buscar o hallar nada.

Conoced la verdad y ella os hará libres.
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domingo, 21 de septiembre de 2014

...el búho cantó dos veces.


Sentado en el viejo murete de piedra que da entrada al recinto de la centenaria iglesia del valle, sentía en su espalda el cálido atardecer. Ya el sol abandonaba en silencio, dando paso a las incipientes sombras, las huertas, los árboles frutales, el manantial que da vida al abrevadero donde a esa hora sacia su sed el ganado.

A sus pies el valle sombreado daba paso a los sonidos de las horas vísperas... El tranquilo murmullo del río de la vida que lo cruza de parte a parte y el canto otoñal de los petirrojos. Este último sólo se escucha en esta época del año.

Y la oyó cantar!

El sonido provenía de la parte alta de la vivienda que lindaba con los muros de la iglesia. Le gustó esa voz. Denotaba soltura y desenfado, alegría, juventud... Y se volvió hacia la casa. Y justo en el momento en que trataba de adivinar desde qué ventana salía la voz, vio como unos ojos risueños debajo de una cabeza de cabello ensortijado y húmedo le miraba... Y oyó la carcajada al tiempo que se cerraba la pequeña ventana.

Sonrió!

Y se propuso conocer todo aquello. Y decidió que esa noche cenaría en la antigua posada del valle. Era fin de semana y nadie le esperaba en ninguna parte.

Sentado a la mesa, había cogido incluso habitación para esa noche. Miraba a las otras personas que, en torno a la barra o sentadas como él, alegraban el recinto con su alegre algarabía.

Y la vio!

La vio salir de la cocina y dirigirse a su mesa con paso desenvuelto... y cierta sonrisa. Y ya no pudo despegar la vista de aquellos labios..., aquellos ojos, el pelo aquel... Y algo se movió en su interior.

¿Vas a cenar?...

Lleva varios meses acudiendo los fines de semana al valle. Las gentes comentan que se ha enamorado de él, y por ello lo encuentran pintando amaneceres en diferentes lugares. Y no van desencaminados...

A última hora de la noche dos siluetas se encuentran frente a la puerta de la iglesia, y  abrazándose, emprenden el camino del valle. Les encanta escuchar el canto de los búhos...

miércoles, 17 de septiembre de 2014

...y la vi!

No vivimos mejor que nuestros abuelos, quienes ya peinamos canas desde hace años, quienes vivimos en este otoño inacabable del hoy. Aquí y ahora.

No vivirán mejor nuestros hijos y nietos. ¡No!.

Sencillamente vivirán el tiempo, lugar y circunstancias que el suceder natural conlleve...

Ayer tarde salía de la cooperativa en la que realizamos las compras y en la que había coincidido con mi hija y nietas. El cielo estaba plomizo, algunas gruesas gotas empezaban a caer. Un fuerte y cálido viento soplaba revolviendo los cabellos y haciendo correr las hojas que ya el otoño había depositado bajo los árboles.

Acompañado por la más pequeña de ellas. Tres años y medio, inteligente y resuelta. Razonadora, en ocasiones nos sorprende... Amazona por primera vez de un pequeño poni, le hubiese gustado uno mayor... “yo quiero el grande, yo quiero el grande”, corría delante de mí mientras nos dirigíamos al coche a dejar las bolsas. Y la vi!!...

Vi al ser que ha surgido no hace mucho en este mundo. Y que tuve el privilegio de ver aparecer al estar presente en la llegada sosteniendo una de las manos de mi hija. Vi a alguien que empieza, más bien continúa, su andadura...

¡Y no vi más!. Pues nada más hay que ver que lo que sucede en el instante. ¡Aquí y ahora!. El ayer y el mañana, tuyo o ajeno, no existen. Nunca existieron y nunca existirán. Lo que viviste ayer era hoy, y lo que vivirás mañana también será hoy...

He incluso hay más... O menos, según se mire. Pero eso ya es de vértigo!. Y no es necesario reflejarlo aquí con demasiada claridad.

Quien lo sabe, lo sabe. Y quien no, todavía, ya lo conocerá...

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No sostengas opiniones acerca de nada... Y todo sucederá como debe suceder. ¡De forma natural!
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Establecer lo que te gusta frente a lo que no te gusta es la enfermedad de la mente.
SENG-TS'AN
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domingo, 7 de septiembre de 2014

El círculo...





























Había oído hablar de la Vía, el camino, la búsqueda... Entendió que el sentido último de la vida podía estar ahí, al final de la misma. ¿No había tenido siempre la sensación de que debía haber algo más que lo conocido, lo experimentado a lo largo de los años?. Y se propuso recorrerla, avanzar, encontrar...

Y cual hijo pródigo abandonó un día la casa del padre en busca de Eso. Dejó atrás la seguridad de lo conocido, la comodidad, un cierto bienestar, los suyos...

Pasaron los años. Aprendió mucho, experimentó cosas nuevas. Conoció nuevas gentes, compartió vivencias. Momentos duros y sonrisas. Lágrimas y amaneceres. Se veía distinto...

Con lo aprendido se sentía capaz de cambiar el día a día de sí mismo... Y lo hizo. Y también el de otros. Y les ayudó a realizarlo... O eso creía!

Tras el largo peregrinar empezó a sentir que la meta no estaría lejos... Aunque también experimentaba la intrascendencia de la misma... Era algo curioso, y a la vez lo sentía todo como muy sencillo.

Y sucedió!. Se despertó un día soleado oyendo la algarabía de los pájaros en los árboles próximos. Sintió la arruga de las sábanas y cambió de posición... Oyó las risas de los niños dirigiéndose a la escuela en su primer día de clase... El ruido de la puerta de sus vecinos al cerrarse. Las campanas de la iglesia. El camión de reparto. Recordó!. Se recordó a si mismo en ese mismo día muchos años atrás... ¡Tantos!... Y sucedió!.

Comprendió que había llegado al final de la búsqueda. La meta. Echó la vista atrás y vio el círculo trazado desde que partió a la llegada... No se sorprendió al comprobar que había llegado al mismo punto de partida. ¿Cómo era posible?

Y supo, sin ninguna duda, que todo estaba ya en él desde siempre. Que no hay vía, búsqueda, meta ni nada que encontrar. ¡Qué todo es Todo Lo Que Es!

...Y que el círculo debe realizarse!

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La mejor ayuda que puede prestarle a alguien es llevarle más allá de la necesidad de ayuda.

Sri Nisargadatta Maharaj

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viernes, 22 de agosto de 2014

¿Olas?...

*Mediación.

¿Para qué necesitáis un Maestro?, le preguntó un visitante a uno de los discípulos.

Para calentar el agua hace falta un recipiente que sirva de intermediario entre el agua y el fuego, fue la respuesta.

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*Ceguera.

¿Puedo ser tu discípulo?

Tan sólo eres discípulo porque tus ojos están cerrados. El día que los abras verás que no hay nada que puedas aprender de mí ni de ningún otro.

Entonces, ¿para qué necesito un Maestro?

Para hacerte ver la inutilidad de tenerlo.

(*) Anthony de Mello. Sacerdote Jesuíta. Sal Terrae.

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Anteayer creyó, con la mejor intención, que podría indicar algo a alguien... Y hasta diseñó la forma de hacerlo. Lo llamó seminarios, talleres, cursos... ¡Y hasta les puso precio!

Ayer, paseando por el malecón del pequeño puerto pesquero, observó como el Océano se manifestaba a sí mismo de múltiples formas. ¡Olas!

¡Olas! Miles de olas. Millones de olas apareciendo y desapareciendo... Vio  como entre ellas se diferenciaban en cinco grandes grupos. Y como éstos se dividían en naciones, pueblos, religiones, familias, rellanos de escalera...

¡Y dejó de sostener opiniones acerca de nada!

sábado, 16 de agosto de 2014

Las Biblias...

*Mitos.

El Maestro impartía su doctrina en forma de parábolas y de cuentos que sus discípulos escuchaban con verdadero deleite, aunque a veces también con frustración, porque sentían necesidad de algo más profundo.

Esto le traía sin cuidado al Maestro, que a todas las objeciones respondía: “Todavía tenéis que comprender, queridos, que la distancia más corta entre el hombre y la Verdad es un cuento”.

En otra ocasión dijo: “No despreciéis los cuentos. Cuando se ha perdido una moneda de oro, se encuentra con ayuda de una minúscula vela; y la verdad más profunda se encuentra con ayuda de un breve y sencillo cuento”.

(*) Quién puede hacer que amanezca. Anthony de Mello, S.J. Sal Terrae.

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La ayuda en sí, si bien necesaria y fundamental, no es la Verdad en sí misma.

Con mayor frecuencia de lo que se cree, y se quisiera, se tiende a divinizar el envoltorio, la ayuda, el libro, el soporte, y diluir la esencia. La Verdad.
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sábado, 9 de agosto de 2014

El árbol seco... ¡una bendición!

Tribulación.*

“Las calamidades pueden ser causa de crecimiento y de iluminación”, dijo el Maestro.

Y lo explicó del siguiente modo:

“Había un pájaro que se refugiaba a diario en las ramas secas de un árbol que se alzaba en medio de una inmensa llanura desértica. Un día, una ráfaga de viento arrancó de raíz el árbol, obligando al pobre pájaro a volar cien millas en busca de un nuevo refugio... hasta que, al fin, llegó a un bosque de árboles cargados de frutas”.

Y concluyó el Maestro: “Si el árbol seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a renunciar a su seguridad y echarse a volar”.

(*) Quién puede hacer que amanezca. Anthony de Mello. Edt: Sal Terrae.

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“Pueden ser causa...”. No que necesariamente lo sean! Esto siempre estará sujeto a la persona en sí. Si algo sucede en tu vida, el árbol se cae, tiene su razón de ser. Y sólo a ti atañe. ¡Individualmente! No en conjunto. No en familia, pueblos o naciones.

Y si se quisiese extrapolar esta situación, individual, a grupos, piénsese que éstos son sencillamente suma de individuos. Suma de individualidades.

La enseñanza de este otro Maestro, Jesús, cobra aquí toda su relevancia, aunque aparentemente en sentido inverso, no hay calamidad en ti.

“Caerán mil a tu lado y diez mil a tu diestra pero a ti no han de tocarte”.

Ese a ti, que eres tú, también es los mil y los diez mil...

domingo, 3 de agosto de 2014

¿qué decir de ella?...


El texto de Marinel sobre “Y esa lluvia de estío tras tórrida luz..., ¿qué decir de ella?”, me ha recordado la mañana de un ayer, 1958, en la que, y desde la puerta de nuestra casa en la costa ibicenca, contemplaba como la tormenta de verano, breve e intensa, descargaba el aguacero sobre los campos sedientos.

A resguardo de la lluvia contemplaba la cortina de agua con que el cielo humedecía aquella tierra, tierra de alma, toda, hacia la tierra mía...

El intenso aroma a tierra mojada lo impregnaba todo. El silencio se cobijó bajo las higueras cargadas de frutos. Los pájaros, en un intento de guarecerse, elevaron su vuelo tan alto que sobrepasaron las nubes. No había nadie en casa, nadie a mi alrededor... Nada. A penas un pensamiento surgió, o llegó desde fuera...

Asomando la cabeza a la calle miré hacia la derecha, tres casas más acompañaban la nuestra... Seguía lloviendo...

¿Y si detrás de la última casa, dónde no veo, dónde no estoy, no llueve? Y tuve la certeza de aquella lluvia que caía ante mí era porque yo estaba allí.
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Y de que no hay una sola realidad para todos. 
De ahí las palabras de Aquel: 
"Caerán mil a tu lado y diez mil a tu diestra pero a ti no han de tocarte".
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lunes, 28 de julio de 2014

Una puerta se cierra...

Arrazola.

Ayer en la playa.

Hoy en el valle las nubes cubren los picos de las montañas que lo circundan. Llueve a ratos. El color plomizo que lo envuelve todo contrasta con el verde exuberante de árboles, plantas y la hierba que alfombra la tierra.

La noche se hace presente y el silencio se adueña... Apenas algún cencerro en la lejanía. Apenas los últimos cantos del petirrojo. Todo lo demás adormece.

La vieja iglesia de Arrazola anuncia, a través de su campana rota, las nueve. Su campanario se vislumbra en la última claridad del día.

Una puerta se cierra...

viernes, 18 de julio de 2014

...lo natural.

Un pequeño murciélago colgado a baja altura en una de las paredes de la casa donde vivo, en la calle principal del pueblo y frente al único bar abierto en estas fechas, marca una de las notas de la vida expresándose a sí misma. Otra serían mis dos nietas en la piscina pública, a las que hemos ido a ver, a punto de sentarse a comer... Otra la decisión de quedarnos en casa, tumbados en el sofá, sentado yo mientras escribo este pequeño texto... y observando cómo a pesar del tremendo calor que hace y el sol que luce, ¡está lloviendo!. Gotas gruesas de verano.

¿Hay algo más natural que un murciélago, unas niñas en la piscina, un sofá, unas gotas de lluvia en una calurosa tarde de verano? ¡Claro que sí! Hay infinidad de cosas naturales en la vida de cada uno. Alrededor de ella. Y en todas partes.

Apreciarlas o no, vivirlas o no, es cuestión enteramente de uno. Aunque he de reconocer que llegar a este punto de comprensión, realismo práctico, me ha llevado la mayor parte de mi vida.

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¡No sostengas opiniones acerca de nada!

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domingo, 4 de mayo de 2014

La Voz...

Desperté temprano esta mañana y, una vez más, pensamientos en relación a compartir en el blog llegaron hasta mí...

Es un momento en que la imaginación se vuelve fértil, o simplemente receptiva, en este aspecto del escribir, compartir, o sencillamente que ese es su estado natural de ser. Y es después con los avatares del día o las contaminaciones in/des-informativas que se ofusca. ¡A saber!

El caso es que vivo estas sensaciones encontradas de recibir, y limitarme a vivirlas, sabiendo que cuando quisiera plasmarlas en palabras se habrá diluido la mayor parte de su esencia. Así suele ser. Y así soy consciente de que en ello hay una razón...

Enfrascado en estos dimes y diretes oí su voz... ¿No te das cuenta que siempre estás hablando de ti mismo o tus asuntos?...

¡Cierto Padre!... ¡Está hecho!

Y centré mi vida en su comunicación y la mía.

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YO SOY la Magna y Todopoderosa Presencia de Dios que YO SOY.

YO SOY en ti y tú eres en Mí.

El secreto más grande del universo es que tú y YO somos Uno.

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martes, 29 de abril de 2014

Vive la realidad.


A medida que elevas tu conciencia por encima de las individualidades, te elevas a una nueva dimensión donde todo es Uno Conmigo y donde sólo puedes ver lo perfecto. Inténtalo la próxima vez cuando estés en desacuerdo con alguien. Eleva tu conciencia y ve Mi creación perfecta en ese alguien. Si haces esto, un gran sentido de paz y armonía descenderá sobre ti.

Esto es todo muy práctico. Vívelo. Practícalo. Date cuenta de que en verdad funciona.

Cuando veas qué maravillosamente funciona, te darás cuenta de que proviene de Mí.

Mis senderos son perfectos. Camina en ellos. Vive la realidad. 

(Dios me Habló. de Eileen Caddy)

viernes, 25 de abril de 2014

Del vino a la esencia de la vida...

Hace ya muchos años presencié en la tv un corto reportaje que le hacían a un hombre que poseía una bodega de cierto renombre, en la que todo el proceso del vino se hacía artesanalmente. Todo, desde la viña a la botella. Decía que así le había enseñado su padre y a éste su abuelo. La bodega se hallaba entonces en una de las islas Canarias. Isla de la que este hombre no había salido nunca.

La periodista inquiría sobre el hecho de que no se contase con los adelantos del momento para la elaboración. Y estamos hablando de 1984...

Era un hombre ya mayor, serio, pero afable en el trato con la periodista. Rezumaba esa dignidad de las personas sencillas, nobles, enraizadas en la tierra antigua. La esencia del hacer en su bodega y él eran la misma cosa. Naturalidad, ausencia de artificio, calidad interior, saber... Conocía el mundo, sin duda. Pero el mundo no le conocía a él...

Podía haber cambiado de canal en cualquier momento, el reportaje en sí nada me decía, pero tuve la suerte de permanecer el tiempo suficiente para su finalización. Cuando la periodista cerraba su bloc de notas y le agradecía la amabilidad prestada, el hombre le comentó con toda la inocencia que poseía: “...lo que no acabo de comprender es como se puede meter a tanta gente en un espacio tan pequeño...”, señalando el aparato de tv encendido que había en la sala y en el que podía verse un grupo de gente bailando ...
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Recuerdo una mañana de los primeros días de Abril de hace tres años, me encontraba en Soria y decidí visitar la fuente del río Duero, tomé el autobús que había de llevarme hasta Cidones. Tomamos la ancha carretera de Burgos dejando a nuestra izquierda el camino de Osma, bordeado de chopos que la primavera comenzaba a verdear. Soria quedaba a nuestra espalda entre grises colinas y cerros pelados.

Machado componía, sentado en el viejo parque, este poema:
Antonio Machado 1875-1939

Yo escucho los cantos
de viejas cadencias
que los niños cantan
cuando en corro juegan,
y vierten en coro
sus almas que sueñan,
cual vierten sus aguas
las fuentes de piedra:
con monotonías
de risas eternas...
(…)
Jugando, a la sombra
de una plaza vieja,
los niños cantaban...
la fuente de piedra
vertía su eterno
cristal de leyenda.

Me acomodé en la delantera entre dos viajeros: un indiano que tornaba de Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares, y un viejo campesino que venía de Barcelona. El indiano me hablaba de Veracruz, mas yo permanecía atento al campesino que, mientras leía el periódico que sacó de su bolsillo, no hacía más que mover la cabeza...

-¿Va usted muy lejos? -pregunté a éste cuando el primero se distrajo mirando por la ventana.
-A Covaleda, señor -me respondió-. ¿Y usted?
-El mismo camino llevo, porque pienso subir a Urbión y tomaré el valle del Duero.

Inicié una conversación con éste:

-Le he visto preocupado por algo que leía en el periódico...
-Y no es para menos -contestó-. ¿Se habrá enterado de la desgracia de ese incendio?
-Pues la verdad es que no sé de que me habla...
-Si hombre el de ayer en Zaragoza, en el que perdieron la vida aquellos... ¡No comprendo como Dios puede permitir estas cosas!

¿De dónde surgen estos no comprendo? ¡Evidentemente del no sé!

El primer caso es producto de una inocente ingenuidad sin mayores consecuencias para la persona. El segundo, conlleva cierto grado de disgusto, cuando no rechazo, sobre algo que se desconoce. Y es este desconocimiento, el que genera mucha de la limitación que hoy embarga al ser humano...


Dios, ESO, Ello, el Padre o como quieras llamarlo o verlo, no es la causa de esas situaciones que vemos ante nosotros sin comprender el por qué. Es más bien la fuente, cierta y real, de todo lo que pudiésemos estar necesitando... o desear cambiar. A día de hoy sobre todo obtener trabajo, medios económicos, conservar nuestra casa o habitar otra, recobrar la salud, disponer de una vida cómoda y natural. Adquirir conocimiento y sabiduría. Dejar atrás el no saber y la limitación... Y más mucho más... “¡Que se os dará por añadidura!”.

domingo, 20 de abril de 2014

"Entovía"...

 Villamesías (Cáceres)
Conocí hace años a una mujer, ya mayor, de un pequeño pueblo de Extremadura. Nacida alrededor de 1920..., ayer. De la que guardo un entrañable recuerdo por su gran humanidad, calidez y buen hacer. La conocí cuando junto a su marido conviví un tiempo con ellos. Gente del campo, sencilla, digna. Con esa dignidad del que no sabe ser de otra manera. Ambos iguales...

Empleaba una curiosa palabra para decir “todavía”. “Entovía”. Y en ocasiones la oí pronunciar tres o cuatro más en la misma línea. Me encantaba oírla hablar... Siempre discreta, afable, dispuesta a realizar cualquiera que fuese el favor pedido. Engarzada en su ambiente, pueblo, calle, vecindad, como las piedras de su vieja y entrañable casa.

La puerta del zaguán, la que daba a la calle, siempre abierta. Una mesa camilla, una fuente de cristal sobre ella en la que se guardaban algunas monedas, el décimo de la ONCE de cada día, algunas llaves, un bolígrafo, algún botón y varios tornillos pequeños.

¡Buenos días señor Paco!... ¡Vaya usted con Dios Manuel!...

Saludos como éste eran habituales de la gente que pasaba por la calle y de mirada obligada al interior. En éste, unas nueve o diez sillas de madera y mimbre, bajas, y que eran ocupadas por las distintas vecinas de alrededor que allí se reunían. Sentado en un rincón y con algún periódico o revista en las manos, medio leyendo y medio atento a las conversaciones, me pasaba las mañanas...

Me impresionaron las palabras que la oí pronunciar, por su naturalidad, firmeza y cariño, cuando sacando el féretro con su marido pasaron por su lado. Se levantó del sillón en el que permanecía sentada y dijo al paso de éste: ¡Adiós para siempre, Paco!. Todavía la veo de pie, menuda, digna una vez más. Sabiendo...

Es cierto que esta mujer no tendría sillón en la Real Academia de la Lengua, pero sin duda no le faltó nunca en la real academia de la vida del buen hacer y el saber decir...

Mi recuerdo hoy, un día cualquiera, para esta mujer a la que tuve el privilegio de conocer.

¡Adiós para siempre, Encarna!

sábado, 12 de abril de 2014

59 años...

Cuando la despidieron, de forma improcedente, de su anterior trabajo, una frutería en la que la Vida la mantuvo 16 meses, siguió comprando la fruta en dicha tienda. Y manteniendo la misma relación personal y de amistad con los dueños. Cobró la indemnización correspondiente a dicho proceso y dio las gracias por ello. Bendijo a Cristo en todas las personas involucradas en el tema. Aceptó la situación creada. Sabiendo en su fuero interno que todo estaba bien.

Todavía ayer oyó como una amiga suya le echaba en cara que siguiese comprando y relacionándose con sus antiguos jefes... Sonriendo cambió de tema. Ella no vive las cosas de esa manera. Cuando surgió el desenlace laboral no se pre-ocupó de ver en las noticias y medios de comunicación cómo iba el país. No miró si el número de personas en paro descendía o aumentaba. Si la economía avanzaba, en macro o en micro. Se limitó a trabajar el aspecto espiritual de la situación.

Ha permanecido en el paro dos meses. Ha estado cobrando la prestación por desempleo que le corresponde. Ha entregado currículums en varios comercios. Ha vivido en completa tranquilidad y armonía con el momento. Ha pedido un trabajo de nuevo. Y mejor si cabía.

Y la llamaron a casa ofreciéndole ese nuevo puesto de trabajo, y mejor que el anterior. Pues consiste en la venta de ropa y complementos. Algo a lo que ha dedicado la mayor parte de su vida. La tienda se halla en una situación comercial inmejorable. El ambiente de trabajo es cómodo y grato. La dueña, conociendo sus referencias, le ofreció lo mejor.

Trabaja media jornada, siendo los ingresos mensuales superiores al sueldo anterior de jornada completa. Está tranquila, en paz, en equilibrio. María del Carmen sabe que este último punto, el del equilibrio, es fundamental...

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Bendigo todo el dinero que recibo y todo el dinero que pago.
Bendigo todo el dinero que tengo en mi cartera, en mi casa y en el banco.
Doy gracias de todo corazón y Bendigo.
Gracias Padre. ¡Está hecho!
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