Recuerdo
de niño, Santa Marta del Tormes, tendría unos 4 años, que escribí
una carta a los reyes magos en la cocina. Al terminarla y junto a mi
padre salimos a la calle y éste, haciendo una bola con ella, la echó
al tejado de nuestra vivienda. Entramos en casa, cerró la puerta y a
los pocos segundos se oyeron unos golpes... Salimos y no había
nadie. ¿La explicación? Que los reyes había venido a recogerla...
Siempre
me he preguntado si esa ilusión de los reyes magos, que los
adultos viven con mayor emoción que los propios niños, entre otras, es realmente
necesaria. No digo que no disfruten con ella, tal vez como
disfrutamos nosotros en su día, me pregunto simplemente si es
necesaria esa primera mentirilla, bienintencionada, ilusoria, que
marca ya esa tendencia de irrealidad que será una constante a lo
largo de sus vida.
¿Por
qué debiera ser menos mentira esa primera ocultación de la
realidad? ¿No se les abre la puerta a, cuando les interese, mentir?
¿No se les regaña, y castiga, después por lo mismo que nosotros
hemos fomentado sin ser conscientes de las consecuencias?
Mentirán,
mentimos, a los padres, maestros, compañeros de juegos. Mañana a la
empresa donde trabajamos, o ésta a nosotros. Miente el gobierno, las
instituciones, civiles o religiosas. Mentirán a sus parejas, amigos,
vecinos... No con mala intención. O por lo menos no con mucha mala
intención. Lo harán por hacer, porque está instituido en la
sociedad. Por que sino eres tonto... Y algunos volverán a mentir a
sus hijos con la historia interminable que nunca sucedió. Pero que
ellos vivieron de niños...
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Los
hábitos inadecuados se acumulan en las raíces y las ramas de tu
personalidad. Si no puedes ver y actuar más allá de ellos, es
inevitable que termines estancado en algún punto del camino.
Maestro
Zen Yuansou
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