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| AMANECE |
Le
veía pasar casi todos los días por la acera de enfrente en lo que
parecía ser su paseo habitual hasta el puente de las garzas.
Apoyarse en la barandilla y mirar hacia el río que lo cruza. Patos,
garzas y gallinetas de agua pueblan sus orillas desde hace años.
Cruzar la calle y por la otra acera regresar hacia el centro. Lo
seguía con la mirada hasta donde le permitían los cristales de la
ventana… Más de una vez pensó en hablar con él.
Aquel
atardecer cuando le vio acercarse le pidió a su padre que bajase y
le dijese que subiese a verla… Si bien nunca habían hablado en los
años que le conocía, no olvidaba la conversación que le oyó
mantener en la mesa de al lado de aquel restaurante.
-Es
cierto que lo que crees ser hoy tal vez mañana ya no esté aquí…
Pero te aseguro que no hay muerte en ello. Simplemente te fundes en
el Océano del que surgiste ayer.
Sus
grandes ojos azules le miraban desde una profundidad que, más allá
de cualquier explicación racional, comprendía.
-...¿Y
ella? preguntó dirigiendo su mirada a la pequeña que sobre la
alfombra jugaba con un rompecabezas.
-Permanecerá
en la superficie por mucho tiempo. Tanto que cabe la posibilidad de
que tú misma vuelvas.
Sentada
en el sofá y cubierta con una bata que dejaba ver ribetes del
camisón azul que vestía, ladeaba ligeramente la cabeza cubierta por
un gorro de lana fina. Delgada, muy delgada, consecuencia de la
dolencia que iba mermando aquel cuerpo que un día fue bello… Y que
hoy traslucía la belleza de alma.
-¡Gracias!
Lo he entendido. No sabría explicarlo pero lo he comprendido todo.
Ya no tengo miedo. ¡Ni tan siquiera por ella! Sé en mi fuero
interno que todo está bien. Que no debo apegarme a nada que me
suponga resistencia...
-¿Puedo
pedirte algo más?
-Lo
que quieras.
-Que
estés presente cuando llegue el momento… Sé que estaré bien,
pero quisiera sentir tu contacto… Lo comprendes, ¿verdad?
-Claro.
Cuenta con ello.
Le
tendió ambas manos que él se apresuró a recoger. Hizo ademan de
levantarse y la ayudó… Se abrazó a él. Un sollozo estremeció su
cuerpo… No había tristeza en ello. Sí liberación y desahogo.




















