Esta mañana al abrir las ventanas al fresco y al azul del cielo he observado la estela blanca que dos aviones que lo cruzaban iban dejando tras ellos. Bueno, aviones se les supone, pues era tal la altura que solo la estela parecía salir de la nada.
Y un pensamiento llegó hasta mí. ¡La tecnología!
No puede negarse que hoy la tecnología, impensable otra cosa, está tan íntimamente arraigada en el ser humano, casi, como el ADN.
La tecnología y sus inconmensurables alcances, derivaciones, logros, efectos, etc., etc., etc. ¡Todo parabienes! O casi…
Pues he recordado la efectividad del cuchillo en los usos del ser humano. Herramienta imprescindible desde siempre donde las haya. Y sin embargo…
“Efectividad” que no siempre es adecuada. Pues si bien el cuchillo facilita las cosas en la vida de la gente, también sirve para “quitarla”.
¿Es el cuchillo una herramienta maldita? ¡Es claro que no! Solo su uso inadecuado ostenta esa calificación.
Lo mismo sucede con los avances de la tecnología… Ellos son, se les supone, positivos para la humanidad… Pero, igual que con el cuchillo, todo dependerá de la mano, o intenciones, del que la use.
La “tecnología” permite hoy en Twitter, entre otras opciones, esconderse tras el anoni-mato para insultar, mentir, amenazar, incluso de muerte, a cualquiera que no guste… (¿Qué no guste a quién?)
Entre otros, al equipo de médicos, virólogos, expertos, científicos, etc., que cada sábado por la noche en el programa de la “Sexta Noche” hablan, informan, sugieren y advierten de los riesgos de la irresponsabilidad en la pandemia.
Quien más quien menos todos conocemos el término “la condición humana” para referirnos a ciertas actitudes inaceptables de ésta…
Y no cabría negar que la tecnología ha sacado a flote la enfermedad de una buena parte de dicha humanidad.



















