Al hilo de una entrevista que estaba teniendo Jordi Évole este domingo por la tarde en el programa de Cristina Pardo, “Liarla Pardo”, en la Sexta, y en relación a las declaraciones que un “negacionista”, de la pandemia, el virus, los hospitales saturados y los fallecidos en el mundo, había vertido en un programa del propio Évole, éste venía a reconocer que muchas de las declaraciones del entrevistado resultaban difíciles de “tragar”. Y no tanto ellas en sí, sino en contraposición a la opinión y conocimiento general que todos tenemos de la situación sanitaria en el mundo.
Dicho de otra manera: ¿cómo “presentar” las declaraciones del “negacionista” a los miles de contagiados, ingresados en hospitales y UCIs, familiares de fallecidos, etc.?
Y llegaban ambos a la conclusión, Cristina y el propio Évole, que en muchas ocasiones el periodista se siente tentado, obligado más bien, a “dulcificar” al público ciertas noticias o declaraciones de terceros.
Y terminaban reconociendo que, en realidad, debían dar las informaciones periodísticas tal y como eran… Y dejar que el público que es, en parte, heterogéneo, múltiple y cambiante, cuando no errático y contradictorio, sacase sus propias conclusiones.
Viene esto a cuento porque en ocasiones también cualquiera de nosotros siente la “necesidad” de censurar-se en sus expresiones, temas por publicar, compartir… Y ello, principalmente por esa heterogeneidad de quienes nos leen.
¡Qué dirán los de “Pérez”, Peribáñez o Alvargonzález si publico esto!
Tengo un texto en reserva para publicar precisamente por esto mismo. El “cuidado” que en ocasiones creemos que les debemos a “nuestros” lectores y comentaristas.
En realidad es una opinión mía. Una exposición de algo… que ha surgido… ¡Un hecho!
Como millones de “hechos” así hay en la vida. Aunque todavía no hayan rozado tu conciencia… No sepas nada de ellos. O sabiendo, los niegues, no los aceptes.
─Para ser una simple opinión, parece bastante determinado en ello…
─Simple apariencia! Ningún interés en difundir nada.
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“¿Y por qué canta el pájaro?», respondió el Maestro. El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un canto que expresar.” (Anthony de Mello).
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